lunes. 11.12.2023

La visión de la escultora se reflejaba en el espejo del dormitorio agaterado. Miré atónito, no podía ser verdad. Pero su cuerpo traslúcido arrancó el colchón y se abalanzó con violencia animal hacia mí. Eché a correr, me tropecé con una estatua de hierro. Me levanté con torpeza pero conseguí abrir la puerta de la buhardilla mientras su voz gemía. 

Por las escaleras de madera bajaba lo más deprisa posible porque la muerte se aproximaba amenazante. Logré salir de su guarida, su aliento de nevera de una morgue lo notaba en mi nuca. No iba a tener suerte: al cruzar la calle me atropelló un coche. La conductora era su sombra. Me convertí en otra figura espectral.
 

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