martes. 28.06.2022
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No se oyen tambores en Sacré Coeur

En unos de esos lugares algunos días una “brass band” ensaya, interpreta, juega y versiona. Se apartan para soplar con fuerza el metal, pero su sonido llega lejos y se funde con los últimos calores de la tarde. El Sol, que se batía en retirada, se demora y aguanta hasta derrumbarse detrás de los oteros.

La idea e invención de Europa

Si nos fijamos bien, siempre hemos intentando unificar Europa, con sus vaivenes, en una sociedad-Estado-Cultura-Civilización. Intentos, que quizás, siempre hayan fallado, porque lo han hecho, esencialmente con las armas. Pero desde Roma, se intentó, Grecia intentó un imperio hacia el Este, con Alejandro, pero posiblemente, de haber vivido habría vuelto después hacia el Oeste, en Cartago existe también una sueño de un imperio cartaginés, que abarcase al principio todo el Oeste de Europa, en parte lo consiguió. Después el Imperio bizantino, quiso volver a unificar todo lo que era Europa. Carlomagno, Carlos V, Napoleón, las dos guerras mundiales, etc.

La lengua como arma política del nacionalismo excluyente

Cuando los Borbones pasaron por las guillotinas revolucionarias a finales del siglo XVIII, solo la mitad de sus súbditos hablaban en francés. Setenta años más tarde (en el momento de la unificación italiana), se estima que solo un 2 o 3% de los habitantes de la Península Apenina hablaba italiano. Y es que tuvieron que pasar décadas entre la aparición del nacionalismo (comienzos del siglo XIX), y la asociación inseparable a una lengua como condición de nacionalidad, para que el concepto se fijara. Pues antaño lo más “natural” era (y también lo más frecuente en las sociedades pasadas), la coexistencia de distintas lenguas dentro de un mismo país, región, o una propia persona.

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