sábado 12/6/21
SERIE CANTABRISMO [BLOQUE 5 | ARTÍCULO 24]

El largo camino de la reivindicación del cántabru

A lo largo de este artículo haré un recorrido por los orígenes y desarrollo del movimiento por la reivindicación lingüística en Cantabria. El cántabru es una lengua romance perteneciente al tronco astur-leonés y que actualmente se encuentra en grave peligro de desaparición, tal y como ha señalado la UNESCO en su mapa de lenguas en peligro. En el pasado fue la lengua de uso habitual de la mayoría de la población, pero por una serie de circunstancias políticas, fue siendo sustituída progresivamente por el castellano.

La primera reivindicación que conocemos del cántabru –o montañés, como se conocía habitualmente por aquel entonces–, fue artística y literaria. La literatura cántabra de finales del XIX y comienzos del XX tiene muchos ejemplos en los que esta lengua está presente, especialmente en la literatura costumbrista de José María de Pereda, Hermilio Alcalde del Río, Delfín Fernandez, etc., en cuyas obras muchos personajes se expresan en montañés. De entre todos estos referentes, habría que destacar la prosa de Manuel Llano y la poesía de Jesús Cancio, autores que ponen por escrito una lengua con una tradición literaria fundamentalmente oral y lo hacen con gran precisión y conocimiento de la misma, además de una gran belleza y calidad literaria.

Jose María de Pereda

                  José María de Pereda

Por otra parte, durante la primera mitad del siglo XX, existió un interés puramente lingüístico por su estudio. Entre estos trabajos hay que destacar “El Lenguaje Popular de la Cantabria montañesa” de Adriano García-Lomas o “Formas dialectales y toponímicas de Cantabria” de Vicente Renero Díaz. Ambos son estudios eruditos publicados ya en pleno franquismo y que no rompen con una visión del cántabru como “habla” “dialecto” o “lengua vulgar”. No obstante, sí contribuyen a darle mayor prestigio y dignidad frente a quienes simplemente lo desprecian o ignoran. En este sentido, Vicente Renero señalaba en su trabajo, aludiendo al rasgo tan característico del cierre en -u al final de algunas palabras, cómo “los motivos de esta pronunciación de la u no están arbitrariedades o descuidos aldeanos, sino que se hallan enraizados en la lengua latina”. Un argumento que, por otra parte, aún a día de hoy nos vemos obligados a repetir a menudo, cuando desde el desconocimiento y la ignorancia se afirma que el cántabru es “castellano mal hablado”.

En los años 70, con el fin del régimen franquista, comienza la reivindicación autonómica en Cantabria. Son los años del surgimiento de ADIC y de todas las movilizaciones a favor de la autonomía para Cantabria. Aunque aquel será un momento de redescubrimiento de la identidad de nuestra tierra, la cuestión de la lengua apenas será tratada. Así como en Asturias existió Conceyu Bable a mediados de los años 70, con su sonada reivindicación “Bable nes escueles”, en Cantabria no existió en aquellos años un movimiento similar el relación con la lengua, por parte de asociaciones culturales o partidos políticos. Desgraciadamente, al ser más tardía la reivindicación, no se pudo avanzar en la adopción de medidas para mejorar la situación del cántabru, que ha continuado en un proceso paulatino de pérdida de número de hablantes y ruptura de la transmisión generacional. Este hecho supone hoy una complicación añadida, ya que el peso demográfico de los hablantes en la actualidad es mucho menor del que había en los años 70 y 80.

Tal y como señalaba J. Carl Holmquist en su trabajo sociolingüístico sobre Ucieda, publicado en los años 80, el cántabru se emplea principalmente en contextos familiares o coloquiales con personas de confianza y se intenta evitar en ámbitos como la iglesia, la administración o la escuela. Esta situación de diglosia en la que el cántabru es visto como algo “mal hablado” o “inculto”, contribuye al desprecio y estigmatización tanto de la lengua como de sus hablantes. Esto lleva a que se interrumpa la transmisión generacional y, en muchas ocasiones, las personas más jóvenes ya no lo hablen o pierdan rasgos característicos, mezclándose la lengua, cada vez más, con el castellano.

Hay que esperar a finales de los años 80 para el surgimiento de la primera organización cultural, Montañés Abora, que haga bandera de la reivindicación lingüística. En paralelo, a finales de los 80, se desarrolla todo un movimiento cultural asociado a la música folk. Dentro de toda esta amalgama de grupos, destaca especialmente uno, Luétiga, que tendrá un papel fundamental en la revitalización y promoción del cántabru al cantar en esta lengua, con canciones célebres como Nel el vieju o Soi de Cantabria soi o Los salcis, entre otras muchas. Posteriormente serán muchos más los grupos que sigan por esa senda: Atlántica, Gatu Malu, Cambalúa y una larga lista. Y, más allá del folk, en otros géneros musicales como el rap, como es el caso de Jarcia Suciu con letras reivindicativas cantadas en cántabru.

A mediados de los 90 surge Aición pol cántabru, que utilizará el término “cántabru”, que empleamos hoy de manera más habitual para esta lengua, sustituyendo a la denominación de “montañés”. Esta organización puso en marcha los primeros cursos para aprender cántabru y las primeras acciones reivindicativas. En esa misma década, en 1995, surge el Conceju Nacionaliegu Cántabru. Éste va a ser el primer partido político que reivindique de manera abierta la lengua cántabra. Esta postura, pionera en la política de Cantabria, supondrá para Conceju tener que soportar innumerables ataques e intentos de estigmatización, con afirmaciones contradictorias y llenas de prejuicios que solían oscilar entre calificarlo de “invento” y considerarlo algo “propio de aldeanos”. Esta postura valiente de defensa del cántabru, que el tiempo se ha encargado de engrandecer frente a quienes se dedicaron a estigmatizarlo y atacarlo desde la ignorancia, merece sin duda un reconocimiento. En la actualidad otras fuerzas políticas, como Cantabristas, han cogido el testigo de la reivindicación y promueven abiertamente la protección legal de esta lengua.

Ya en el siglo XXI surge las Asociación Rede, que impulsará entre 2003 y 2007 la revista Alcuentros, con artículos sobre el cántabru y otras lenguas minorizadas. En esta primera década surge también L’Argayu, organización cultural que puso en marcha varios cursos de cántabru y elaboró materiales para el aprendizaje online, como el Proyeutu Depriendi. En 2007 el traductor Daniel Estrada publicará el primer diccionario castellano-cántabro, que será en adelante una herramienta muy útil para todas aquellas personas con interés en aprender esta lengua.

Ese mismo año 2007, las asociaciones culturales Rede, Aición pol Cántabru, Asubiu y L’Argayu formaron la plataforma Esclave, que buscaba el reconocimiento del cántabru como BIC (Bien de Interés Cultural); una figura de protección mínima que recoge también los bienes culturales inmateriales. Para ello, se promovió un manifiesto y una campaña en prensa acompañada de recogida de firmas. Aunque la propuesta será bien acogida, se encontrará con la oposición de la Consejería de Cultura que rechazará esta posible declaración de BIC argumentando que el patrimonio lingüístico cántabro no tenía “suficiente entidad cultural como para considerarla una manifestación de la identidad de Cantabria”.

Esta frase lapidaria parece haber sido el denominador común de los principales partidos que han tenido representación parlamentaria, que no se han manifestado nunca de manera favorable a la protección y preservación del cántabru. En este sentido, llama especialmente la atención, por paradójica, la posición del Partido Regionalista de Cantabria. Mientras partidos similares como UPL en León, apuestan por el llionés (que además es del mismo tronco lingüístico que el cántabru), el PRC no ha mostrado ningún interés por reivindicar o defender el cántabru, hasta el punto de que han existido posicionamientos incluso a la contra. Destaca la afirmación por parte del líder del partido y presidente de Cantabria Miguel Ángel Revilla en 2007, cuando se refirió al cántabru como “castellano mal utilizado” en unas declaraciones ante la prensa.

En 2015 surge la asociación Alcuentru, con el objetivo de unir fuerzas de todas aquellas personas y colectivos con interés por la defensa y promoción del cántabru. A partir de este momento hay un salto cualitativo importante, con nuevas publicaciones, presencia del cántabru en medios de comunicación, en la calle y en las redes sociales y un interés cada vez mayor por aprenderlo.

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El cántabru actualmente se encuentra en una situación paradójica. Asistimos a una pérdida constante de hablantes patrimoniales, de personas que lo aprendieron de sus mayores. Sin embargo, encontramos un creciente interés de la sociedad por nuestra lengua. Lo refleja el hecho de que al cursu de cántabru 2020-2021 se inscribieran más de 400 personas, algo nunca visto y que, sin duda, nos dice mucho acerca de cómo ha aumentado el interés y el prestigio de esta lengua romance tan maltratada. Podemos concluir que, como en tantos otros temas, la sociedad cántabra está muy por delante de las instituciones que la gobiernan. A estas instituciones les toca, por eso, ponerse las pilas y tomar medidas que garanticen la conservación y recuperación de este valioso patrimonio y vehículo de comunicación que es el cántabru.

 

Viene de: [BLOQUE 4 | ARTÍCULO 23] Momentos clave de la historia de la ganadería en Cantabria

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