jueves. 11.08.2022

Hay varios deportes representativos de Cantabria, pero, sin lugar a dudas, hay uno que es autóctono y que debemos cuidar para que las futuras generaciones no olviden algo que es nuestro, que nos pertenece, y que, en mayor o menor medida, ha formado parte de todas las familias de Cantabria. Todos tenemos un familiar que ha estado relacionado directamente y por el que hemos conocido el arte de los bolos. Bien sea porque jugaba, formaba parte de una peña o, simplemente, lo veía en televisión.

También han sido las escuelas las responsables de no dejar morir a los bolos y, anualmente, organizan visitas y charlas para que los niños y las niñas sepan de la existencia de una de las tradiciones cántabras más representativas. Hay diferentes modalidades en el deporte de los bolos, pero solamente una de ellas ha logrado sobrevivir de tal forma que es conocida en toda Cantabria y que permite a sus jugadores tener un sueldo y tomarlo de forma “profesional”: el bolo palma

Los primeros datos de los Campeonatos de España de bolo palma se remontan a los años 20 en Torrelavega con victoria del mítico Federico Mallavia, un nombre que seguramente a todos los cántabros nos suene como una referencia en la modalidad. Si bien es cierto que hubo un parón de 20 años y hasta los años 40 no se volvió a realizar, desde entonces tiene lugar de forma ininterrumpida. Y aunque el Campeonato de España sea el torneo referencia, por supuesto, el bolo palma cuenta con una federación, una estructura en ligas y un registro estadístico que nos invitan a pensar que no va a desaparecer nunca. 

Y en todo deporte hay leyendas, jugadores que han hecho historias y que han significado un referente para las futuras generaciones. En ocasiones es complicado quedarnos solamente con uno, pero en el bolo palma es una decisión sencilla: Emilio Antonio Rodríguez, más conocido como Tete Rodríguez. Con el paso de los años se ha convertido en el jugador más laureado y premiado en la historia del deporte con un total de 7 campeonatos del mundo (dos en individuales y cinco en parejas), 26 títulos de campeón de España (11 en individuales y 15 en parejas) y 27 títulos regionales de Cantabria (10 en individuales y 16 en parejas). 

Ha sido jugador de varias peñas a lo largo de su trayectoria: San Vicente del Monte, Corral de Treceño, Peña Bolística Treceño, la Rabia de Comillas, Textil Santanderina, Santa María del Sel, Construcciones Rotella (que desapareció a finales de la década de los 90) y, desde entonces y hasta su retirada en 2011, en la peña Puertas Róper. También fue director de la Escuela de Bolos de Torrelavega. Ha sido galardonado con diferentes premios como el Moisés de Oro, la Alerta de Plata, el Emboque de Oro, la Insignia de oro de la Peña Casatino y el Premio "Pico Peñamellera". 

Tuvo dos hijos que continuaron su legado: Emilio Antonio Rodríguez y Rubén Rodríguez. 

Rubén Rodríguez ha sido uno de los cinco jugadores que ha sido campeón de España antes de los veinte años y completa su palmarés siendo dos veces Campeón de España individual, una vez Campeón de Cantabria individual y un total de 104 concursos ganados. Por equipos ha celebrado un total de13 ligas, 21 copas (7 copas Cantabria, 8 copas F.E.B. 4 copas APEBOL y 2 Supercopas), 6 campeonatos nacionales por parejas de primera categoría y 2 circuitos de Peñas por parejas de primera categoría. Ha jugado en las peñas de Calixto García de Roiz, Nueva Ciudad de Torrelavega, Casa San Pedro de Torres, Hermanos Borbolla de Noja, Puertas Róper de Maliaño y la Peña Bolística Peñacastillo. 

Emilio Rodríguez ha logrado menos títulos que su padre y su hermano, pero, igualmente, ha hecho honor al talento innato para los bolos en su familia y ha sido dos veces Campeón de España individual y dos veces Campeón de Cantabria individual, junto con algún título más que ha sumado en categorías juveniles. Ha jugado en las peñas de Peña de Roiz, Casa San Pedro, Hermanos Borbolla de Noja y Quijano de Piélagos y tiene el honor de ser uno de los jugadores de bolos preferidos por la afición ya que con muy poca bola hace un gran juego y por su juego limpio. 

Hay otros nombres inolvidables para los aficionados y aficionadas del bolo palma que también se pueden considerar leyendas como Jesús Salmón, Rubén Haya, Óscar González o el mítico Zurdo de Bielva y las jóvenes promesas que están por llegar como Víctor González o Mario Pellón, pero difícilmente volveremos a ver una familia que represente y haga tanto por los bolos como han hecho los Rodríguez. 

En pleno 2022 el bolo palma, y por ende todas las disciplinas de los bolos, en general, están pasando por uno de sus momentos más difíciles de su historia. La irrupción de la tecnología y el amplio abanico de opciones que tienen los niños y las niñas para practicar deporte y realizar actividades extraescolares provocan que los más jóvenes no se interesen por los bolos. A lo que hay que sumarle la despoblación rural y el interés de los ayuntamientos en construir viviendas sacrificando, para ello, lo que sea, incluso, las boleras. Si la gente mayor que ha practicado y apoyado los bolos toda su vida, desgraciadamente, nos dejan y no han podido inculcarle la cultura bolística a sus descendientes, las entidades no apuestan por invertir en un deporte cada día más minoritario y las escuelas no trabajan con los niños y niñas en los bolos; la consecuencia es que, tarde o temprano, desaparecerán. Y el legado de los Rodríguez, algún día, será olvidado. 

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