miércoles 26/1/22

Riadas, perderlo todo y no caer en el olvido

El resto que no lo sufrimos, sabemos en cambio que los afectados por catástrofes naturales, como han sido las últimas inundaciones en Cantabria, requieren de más atención y, sobre todo, que se cumplan las promesas de rápidas ayudas. En esto último, los medios de comunicación, con un seguimiento adecuado de los compromisos, deberían jugar un papel primordial, algo que también reclaman quienes lo han perdido todo o buena parte de sus enseres. Mejor que los shows televisivos que se emiten a veces con volcanes y demás, lo que realmente debería convertirse pronto en noticia es que los damnificados van recuperando su vida y buena parte de lo que un día tuvieron.

Como han insistido en repetir los habitantes de la Isla de La Palma desde el mismo instante en que se activó el volcán de Cumbre Vieja, está bien que los medios de comunicación informen a diario de su tragedia, incluso las televisiones monten sus acostumbrados y lamentables espectáculos, “pero lo más importante es que no nos olviden después”. Suele ocurrir. Sucede también con las graves inundaciones habidas en Cantabria a finales de noviembre de 2021, con muchas familias de Piélagos y Ampuero aún en shock,  porque sus casas, negocios, granjas y polígonos industriales fueron literalmente cubiertas por las aguas desbordadas, y sus vidas han dado un giro inesperado en el que han visto truncada su forma habitual de vivir. Siendo esto lo peor, ven cómo las cámaras de televisión y los reporteros han desaparecido ya de las zonas anegadas, como si no existieran historias personales que dar a conocer, y sus temores ante el futuro que les espera.

En realidad, la forma de actuar de los medios no es muy diferente a la manera de hacer en este país frente a cualquier catástrofe. La cascada de declaraciones y promesas en los primeros instantes, los días iniciales, no caben en un periódico entero. Pero, después, si te he visto, no me acuerdo. En los medios españoles, los periodistas y las empresas de información en las que trabajamos, siempre hemos pecado de lo mismo: no hacemos seguimiento de las promesas y, claro, luego, no se cumplen y no pasa nada de nada. Nadie asume responsabilidades, porque la sociedad, precisamente esa sociedad a la que informan los periodistas, no lo exige.

Volviendo a los desastres naturales, pasa como con el Covid-19 y tomárselo con la máxima seriedad como esta pandemia reclama. Las inundaciones hay que vivirlas en propias carnes para sentir la espera, el abandono y que ya no suena el teléfono que nada más caer los litros y litros de agua, imposibles de canalizar, preguntaba por lo ocurrido, ¿hasta dónde llega el agua en la habitación donde dormías?, ¿cuánto has perdido y las ayudas que esperas? Si fallaron las previsiones y con ellas prepararse para lo que estaba por venir, esa es ya otra cuestión, pero que tiene que ver con lo que antes decía sobre las responsabilidades especialmente de carácter público.

La forma de actuar de los medios no es diferente a la del país. La cascada de promesas no caben en un periódico, después, si te he visto, no me acuerdo

Ni que decir que los damnificados (persona que ha sufrido un daño, en especial cuando es consecuencia de una desgracia colectiva) pretenden atención, ser escuchados, que siga el interés por cómo pasaron esas horas de pánico, sin comida, incluso habiendo bebés de por medio, que son palabras mayores. ¿Cómo viven ahora?, ¿qué han perdido de sus casas que tardaron toda una vida en levantar?, ¿han recibido ya alguna ayuda?, ¿alguien les ha vuelto a visitar para explicarles soluciones...?

No deja de ser absolutamente lamentable que cuando se produce una nueva riada, los medios, pocos, sacan a colación que las ayudas de las penúltimas inundaciones, incluso alguna anterior, no se han percibido aún. Por eso digo que esto, mediáticamente hablando, y es lo que quieren las personas que han sufrido tantos daños materiales, no debiera perder nunca actualidad, y seguir informando de la rapidez y en qué medida se van gestionando las ayudas públicas, las que vengan de Madrid, de Europa o de la propia comunidad autónoma donde ha tenido lugar la catástrofe.

Por lo que ha sucedido en las graves inundaciones, es buen momento para replantearse que la ayuda sea todo lo ágil que se precisa

Coincidiendo con la erupción del volcán de La Palma, me encontraba precisamente en Canarias. Las promesas de los primeros días, realizadas especialmente a través de la televisión pública, hablaban del gran músculo financiero del Gobierno de aquella comunidad autónoma para afrontar semejante hecatombe. Poco tardarían en darse cuenta de que eso no era así, de no contar con la decidida ayuda del resto del país e incluso del resto de Europa. Por lo que ha sucedido no hace mucho en las graves inundaciones de Alemania, con numerosos fallecidos, los volcanes en España o Italia, o las inundaciones en el norte de nuestro país, creo que es un buen momento para replantearse si se puede hacer más en estos casos, y, especialmente, que la ayuda sea todo lo ágil que se precisa, porque si tras que te cubra el agua hasta el cuello, después sucederá lo mismo con el papeleo, esto solo hace que sumar más pesimismo al ya existente por la pandemia y consiguiente crisis económica. De paso, hay deberes pendientes respecto a la información absolutamente precisa que se debe dar desde el principio a los que han perdido sus empresas, sus bienes, para que luego no se encuentren con la sorpresa de que aquello oído por televisión no se ajusta a la realidad. Más imperioso es si cabe que no caigan en el olvido. Así no tendremos que contar, ¡qué penoso!, que aún se deben ayudas de hace diez años, por tal o cual suceso que afectó a habitantes de este o aquel pueblo. Los medios de comunicación, los periodistas en concreto, estamos obligados a hacer un seguimiento exhaustivo para hacer realidad que escribimos o contamos informaciones que son de ayuda para los ciudadanos en general. Nos jugamos en ello nuestra reputación.

 

 

 

Comentarios