lunes. 04.07.2022

Haití siempre será Haití

Terremotos y huracanes se ceban siempre en los mismos lugares olvidados del planeta. Tras la última catástrofe natural, Haití espera a un nuevo recuento oficial de muertos, heridos y damnificados que lo han vuelto a perder todo. En el resto de naciones, los ciudadanos nos hacemos eco por unas horas, por unos días, de las crónicas negras que llegan desde el mismo lugar arrasado. Tras el último ciclón asesino, llega la calma y el olvido; ya ha ocurrido antes, mientras los haitianos se resisten a la insolidaria idea de que su país, Haití, siempre será Haití.

A las 16:53:09 hora local del martes 12 de enero de 2010 se produjo un terremoto en Haití de magnitudes dantescas. En el primer aniversario del brutal seísmo, el primer ministro haitiano dio a conocer los datos definitivos de la catástrofe: Fallecieron 316.000 personas, 350.000 más quedaron heridas, y más de 1,5 millones de personas se quedaron sin hogar.

Seis años después, ósea hoy, un huracán bautizado como Matthew vuelve a destrozar literalmente Haití, y es mejor no adelantar cifras sobre muertos, heridos y damnificados, porque habrá que esperar a la lista oficial, que será larga y, nuevamente, muy dolorosa. Como en 2010, esperemos que no sea dentro de un año.

Los países con más recursos pasan de Haití y de los haitianos

Para describir una catástrofe, y si se ceba con Haití mucho más, basta con acudir a las crónicas remitidas por los corresponsales en la zona, bien porque lo han vivido directamente, bien porque han recibido cercanamente información y datos de primera mano. Uno de esos relatos se hacia con frases como estas: “Haití, uno de los países más pobres del mundo, no sale del infierno”; “el reguero de destrucción y muerte que ha dejado el ciclón a su paso es otra muestra de la vulnerabilidad extrema de un país que encadena catástrofes naturales que no hacen sino ahondar las desgracias de la nación más pobre de las Américas”. Parece como si estuviera escrito que Haití siempre será Haití. Los geólogos lo explican en base a que la geografía de este pequeño país caribeño la hace especialmente vulnerable a los caprichos de la naturaleza. Por sus franjas costeras es receptora directo de huracanes y por si fuera poco se encuentra ubicado entre dos placas tectónicas, la del Caribe y la placa norteamericana, de ahí que sea también una región muy propensa a los terremotos. Hablar así de futuro se hace casi imposible, y los países con más recursos tampoco es que hagan un esfuerzo con Haití y más parece que pasan de los haitianos.

Si en Europa hacemos lo que hacemos con los refugiados, dar un salto solidario hacia Haití es una quimera

Como la división entre países ricos y pobres, nos hemos acostumbrado en paralelo a clasificar a determinadas regiones del mundo como “propensas” a las catástrofes naturales. Ya está, ¿nos conformamos? Si en Europa hacemos lo que hacemos con los refugiados, dar un salto solidario hacia Haití es una quimera. Lo peor no son las costas tan abiertas que imantan a los huracanes ni tampoco las placas tectónicas que coquetean con los terremotos. Lo malo es la condición humana que se ha acostumbrado a preservar monumentos históricos (Alepo, en Siria) por encima de hombres, mujeres, ancianos y niños. La vida no vale nada en muchos puntos del planeta, abandonados a su suerte como están. Esta nueva calamidad en Haití queda archivada en los Buscadores de Internet y sanseacabó. Incluso quienes narramos el suceso lo hacemos ahora con gran interés y, también, indignación. Con los días nos olvidaremos para pasar a contar otras historias más de casa, aquello que vivimos a diario en medio de un hastío creciente por hablar siempre de lo mismo. Claro que dile tú a los haitianos que vivan esta vida opulenta de Occidente, donde cada día se tiran a la basura toneladas de comida y el Estado cubre una sanidad de la que ellos adolecen desde el mismo día en que nacen.

Haití es Haití porque el resto del mundo quiere que sea así. Todos somos cómplices de los abandonos interiores y exteriores que sufren nuestros semejantes, sin que movamos un dedo. Los nuevos populismos, los que traen los Donald Trump, Mary Le pen y Theresa May, lo que crean son mayores diferencias y condenan al hambre y al olvido a países enteros que no poseen recursos naturales ni una situación estratégica militar que interese a las grandes potencias. He aquí los hechos de siempre, unos hechos que establecen injustamente que Haití está condenado a lo mismo para la eternidad. Visto lo visto lo que son los Premios Nobel de la Paz, desde ya propongo que el de 2017 se le conceda a Haití. Así, su nombre retumbará más en nuestras conciencias y bolsillos, y el dinero del galardón servirá al menos un poco para paliar algunas jornadas de varias comidas calientes al día para los millones de pobres, con o sin terremotos, con o sin huracanes, que malviven en Haití.

Haití siempre será Haití
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