viernes 7/5/21
BIOGRAFÍA

Elisabeth Eidenbernz

Elisabeth Eidenbernz | Foto: Pingüinos en París de Jordi Siracusa
Elisabeth Eidenbernz | Foto: Pingüinos en París de Jordi Siracusa

Nace esta mujer en Suiza, su padre es pastor calvinista y ella es educada en esa fe, que estructura su personalidad con normas claras y disciplina vital. Desde muy joven mostró inquietudes sociales, buscaba dar acomodo a sus ideales. Solía decir que era militante de sus ideas. Estudia Magisterio con la idea de dedicar su vida a la enseñanza. Ama profundamente a los niños, siente que la cultura es el arma más potente de liberación humana y de beneficio social. Nació en 1914. Aunque Suiza siempre fue un país neutral, ha recibido el influjo de lo que supuso la I Guerra Mundial para la humanidad, Elisabeth, como consecuencia de la experiencia en esa guerra, se hace pacifista manteniendo su profunda espiritualidad cristiana. Viaja a Dinamarca sin mayor motivo, a quien le pregunta, responde que necesita respirar.

Cuando es derrotada la República ella, en vez de volver a su casa, decide realizar el éxodo con los refugiados

La guerra de España ha estallado y Elisabeth Eidenbernz decide venir, en principio, impulsada por la decisión de enseñar a los niños, de practicar su profesión de maestra. Llega a nuestro país el 24 de abril de 1937 como voluntaria de la Asociación de Ayuda a los Niños de la Guerra. Se encuentra un país desmembrado y sufriendo los estertores de una derrota. Forma parte de la Fundación Humanitaria, el Servicio Civil Internacional. Cuando es derrotada la República ella, en vez de volver a su casa, decide realizar el éxodo con los refugiados que huyen por la frontera francesa. No la mueve ideología política, ni religiosa, tan solo el afán solidario de una mujer que sigue siendo militante de sus ideales. Con ellos se ocupa de gestionar los permisos ante las autoridades francesas, de ayudar con la burocracia a los inexpertos refugiados.

Los españoles/as huidos entran en el Departamento de Pirineos Orientales que en esos momentos cuentan con 230.000 habitantes. De España salen más de 353.107 refugiados, el 19 de marzo de 1939 se contabilizan 440.000 personas que huyen desesperadas. Para entrar en situación desglosaremos un poco la cifra. 170. 000 son mujeres, niños y ancianos. 220.000 soldados y milicianos, más de 40.000 inválidos y 10.000 heridos.

Las autoridades francesas se ven desbordadas, el gobierno de Daladier considera a estos refugiados poco menos que indeseables, así como la población de los pueblos fronterizos se espantan ante el cúmulo de harapientos españoles con hambre y mal vestidos que llegan a sus ordenadas vidas. Daladier da la orden de que  sean concentrados en las inhóspitas playas de Argelés-sur- Mer que está a 35 kilómetros de la frontera española. La playa de Argelés no tiene nada, es un inmenso arenal al que las autoridades francesas no han provisto de barracones, ni letrinas, ni tiendas. Los recién llegados están a la intemperie, por techo el cielo y por suelo la arena. El mar es la letrina donde hacen sus necesidades. No hay nada para el aseo, ni dispensarios de salud. Absolutamente desprovistos de todo, siendo rodeados de alambradas de espino y vigilados por policías argelinos, marroquíes y unos pocos, muy pocos franceses. Es de imaginar el terror de los refugiados al ver a sus guardianes africanos, no olvidemos que las tropas moras han luchado con Franco… Los guardas del campo de Argelés son el último eslabón social en Francia, se ven con poder sobre blancos desprotegidos en la intemperie. Podemos pensar en el trato recibido.

La mortalidad en bebés supera el 90% en los campos

Pronto el hambre, las enfermedades contagiosas, las plagas hacen mella de los refugiados que no tienen nada donde guarecerse. En esas condiciones los niños y los bebés no tienen esperanza de supervivencia. Baste el dato de que la mortalidad en bebés supera el 90% en los campos, incluso los partos que se producen en la arena de la playa, cuestan la vida a la mayoría de las parturientas.

Elisabeth comprueba por sí misma el horror de Argelés y decide buscar algún sitio donde puedan estar las mujeres que dan a luz e intenta salvar a los pequeños que llegan al mundo y a sus madres. Aunque su formación es de maestra se da cuenta que lo urgente en esos momentos es dedicarse a salvar la vida con los primeros auxilios que necesitan los pequeños que llegan a un mundo hostil. Tiempo habrá de formarlos, lo primero es salvar sus vidas, piensa Elisabeth.

Consigue un edificio en Brullá, pero pronto se queda pequeño. Un día, caminando con Fiorella Colonna, colaborador y amiga, ven un viejo caserón, el castillo de Bardon, en ruinas pero de un aspecto hermoso. Consiguen fondos de su organización para restaurarlo, cosa que realizan con 30.000 francos y conforman la clínica de Maternidad de Elna, puesto que está cerca del pueblo del mismo nombre.

En la clínica reciben a las mujeres que paren en condiciones inmejorables, atendidas por la comadrona Fiorella Colonna. Hay habitaciones de cuatro y hasta ocho camas, cada habitación recibe el nombre de Bilbao, Barcelona, Santander, Madrid, París, Suiza, Polonia, Marruecos… El siete de diciembre de 1939 nació el primer bebé en el paritorio de la Maternidad de Elna.

La Cruz Roja suministra leche en polvo y condensada, queso, chocolate, conservas, harina, azúcar, arroz y los biberones y medicamentos necesarios para sacar adelante a las criaturas que llegan al mundo y a sus madres. Llegan a atender más de veinte partos mensuales y cuidan de los pequeños que se han quedado huérfanos con dedicación y amor infinito.

Con el estallido de la II Guerra Mundial y la invasión de Francia, llegan a la Maternidad de Elna, nuevas inquilinas. Al principio de una en una, pronto en desbandada van llegando mujeres de ascendencia judía con sus pequeños, buscando amparo. La Gestapo les sigue las huellas con el fin de enviarlos a los campos de exterminio, y las dos mujeres al cargo de la clínica intentan eludir a los SS que cada poco visitan la clínica con intención de sacar a los/as judías. Pronto la situación se hace insostenible, no sirven las tretas y el valor que demuestran, sobre manera la serena Fiorella Colonna que mira de frente a los de la Gestapo mostrando su valor y recurriendo al embajador suizo que amenaza a los nazis con represalias si invaden la clínica que se encuentra bajo el amparo de Cruz Roja y es gestionada por una asociación de la neutral suiza.

Son un grupo de madres judías con sus pequeños huyendo del horror de la Gestapo

Una madrugada, un policía local francés, las avisa de que serán visitadas por la Gestapo con órdenes tajantes de invadir la clínica y llevarse a las madres con sus hijos de ascendencia judía, así que se disponen a huir para intentar salvarlos. Salen de inmediato, hacia distintos puntos guiadas por alguna de las enfermeras que trabajan con ellas, son un grupo de madres judías con sus pequeños huyendo del horror de la Gestapo.

Quedan en la clínica solamente los no judíos. La Gestapo, llega poco después y decide revisar todas las dependencias de la clínica donde solo quedan españolas y francesas. Burlados, clausuran la clínica milagro de Elna, justo el día de la Pascua Militar de 1944, donde han nacido más de 500 niños que han sido arrebatados de la muerte junto con sus madres.

Acabada la guerra, Elisabeth Eidenbenz, marcha a Viena donde continúa sus servicios de ayuda. Europa está destrozada, hay que recuperar una infancia maltratada. Muchas mujeres no tienen más opción que dedicarse a la prostitución para dar de comer a sus hijos, ella busca reinsertar a la vida laboral a las mujeres que encuentra a su paso.

Se da cuenta que el camino de la dignidad y de la recuperación pasa por el trabajo, dedicándose a formar a las víctimas de la guerra, como forma liberadora, dedicando su empeño a los niños y a las mujeres a las que forma para que tornen a la vida activa.

Vive su vida de servicio. Nunca tuvo hijos propios.

En los años 90 un artesano de vitrales adquirió el viejo caserón que fuera la Maternidad de Elna. Nada atestigua el milagro que sus desconchadas paredes esconden hasta que en 2002, Guy Ekstein, de procedencia judía y que había nacido allí, visitó el castillo y refiere al artesano el origen del edificio. Deciden, ambos, buscar a Elisabeth Eidenbenz y dar a conocer la historia que había sido olvidada.

La encuentran al poco tiempo, dando paso a diversos honores que reciba Elisabeth por su pasado de servicio. Fue distinguida con los honores de la Medalla de los Justos entre las Naciones (2002), otorgada por el Estado de Israel, la Cruz de la Orden de la Solidaridad Social (2006), entregada por la reina Sofía de España, el premio Cruz de Sant Jordi (2006), de la Generalidad de Cataluña, y la Legión de Honor (2007), del Gobierno de Francia.

Elisabeth Eindenberth muere a los 94 años el 23 de mayo del 2011 en su casa de Zurich.

Mi agradecimiento a Violeta Valdor, por descubrirme a este personaje. Y por tanto que es incontable.
 

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