lunes 10/5/21

Tan desagradecidos con cuidar nuestra vida y la de los demás

Entre vacunas y lentas vacunaciones, la tercera ola del Covid ya está aquí. Lamentablemente, cada vez está más claro que los ciudadanos no queremos responsabilizarnos, y evitar así más contagios y muertes. Tendrían que bastar los 80.000 fallecidos para cumplir escrupulosamente con las prevenciones y recomendaciones sanitarias. Sin esperar a una gran reacción colectiva, es necesario denunciar los malos y desagradecidos  comportamientos las veces que sea necesario.

Mentalmente, nos hemos establecido en que este año va a ser diferente, a mejor, respecto a todo lo ocurrido, malo, en el anterior, y que con la vacuna que se pongan los mayores y los de riesgo, ya todo va a ir miel sobre hojuelas. El argentino genial que fue Borges lo explicaba en el sentido de que no hay consuelo más hábil que el pensamiento de que hemos elegido nuestras desdichas. 

Por eso el Covid está descontrolado. Por lo que llevábamos acumulado en negativo. Porque no sabemos ni queremos comportarnos en sociedad con la debida prevención. Y porque lo fácil es echarle la culpa a los Gobiernos y éstos a su vez a los ciudadanos. Es un círculo vicioso para que el coronavirus campe a sus anchas y se cebe poniendo en jaque a los sistemas sanitarios y a los hombres y mujeres que trabajan en los hospitales, cuya labor y recomendaciones hemos venido menospreciando, una vez tras otra. De nuestro irregular y desagradecido comportamiento (no solo el de los españoles frente a la pandemia, porque en los demás lugares del mundo pasa lo mismo), se deduce que no tenemos remedio, y que con respecto a la raza humana es verdad otra cosa que dijo Jorge Luis Borges acerca de que en la próxima vida intentaremos cometer más errores. 

“El Covid está descontrolado porque no queremos comportarnos, lo fácil es echarle la culpa a los Gobiernos y éstos a su vez a los ciudadanos”

Haríamos bien en tomarnos mucho más en serio a este virus mortal, ahora con sus nuevas cepas, y las consecuencias que acarrea, porque el Covid es la antesala de un futuro que pinta incierto, y que ya poco o nada podemos asegurar a ciencia cierta sobre venideros años, o planes de desarrollo que tanto nos gustaba diseñar en el pasado. Nada nos será ya regalado, sino proviene de la verdadera intención de recuperar a pulso el bienestar perdido, para lo que de primeras hace falta una voluntad que ahora no existe. A esa voluntad hay que añadirle dejar de lado todas esas fiestas, comidas de multitud, botellones, quedadas, reuniones y encuentros sociales variados, tan insolidarios como innecesarios, que llevan a cabo los que no pueden ser tachados sino como descerebrados.  

Este artículo lleva por título cuidar de nuestra vida y la de los demás. Vemos lo ocurrido con nuestros mayores, los que pasaron una guerra civil, una  postguerra llena de hambre, pero estando todo en su contra levantaron el gran país que disfrutamos hoy. Solo ante el recuerdo de los miles de compatriotas que han perdido la vida, el resto deberíamos comprometernos de lleno con el respeto reverencial a las normas impuestas: mascarilla y distancia social. ¿Por qué tanto empeño en incumplirlas y hacerlo mal?, ¿se debe quizás a una falta de información?, ¿falla el mensaje oficial, las actuaciones de los Gobiernos y sus representantes?, ¿fallan por contra las familias y sus integrantes?, ¿quiénes son peores, los mayores o los jóvenes? 

Seguro que habrá un poco de todo. Así, es entendible que se tomen medidas impopulares con base sanitaria. Demasiados sectores económicos están ya seriamente dañados por cierres, falta de público, ventas o toques de queda. De ahí que insista en que la sociedad en su conjunto debería ser más consciente de todo lo que nos jugamos, empezando por la vida. Lo veo todos los días con mis propios ojos. Falta concienciación. Los hay que pasan de la mascarilla o la llevan puesta en la barbilla. Lo del incumplimiento de la distancia social es alarmante. En Madrid nieva y el metro se abarrota. Depende del deporte que se trate, se permite público o no. Se hacen diferencias en todo y, claro, surge la discriminación, cuando el Covid requiere de una sola forma de actuar, y que todo el mundo cumpla con lo que se establece, para prevenir más brotes y contagios. No podemos quererlo todo, como las Navidades pasadas, y esperar que baje la incidencia del virus en la calle y en los hospitales. 

“Lo veo todos los días. Los hay que pasan de la mascarilla o la llevan en la barbilla. Lo del incumplimiento de la distancia social es alarmante”

Se han cometido muchos errores con esta pandemia, culpa de todos, pero ya es hora de poner coto a los despropósitos. Debe cundir el ejemplo, algo difícil con tantos millones de ciudadanos como somos, pero no queda otra. Ya no se puede hablar ni de culturas ni de sus costumbres, porque las medias tintas no han dado resultado en casi ninguna parte de mundo. En la medida en que bajan los contagios, nos vamos arriba, pensando que el coronavirus fue una pesadilla ya superada, cuando no es así en absoluto. Debemos dar tiempo a que las vacunaciones sean efectivas, y eso requiere que todos velemos por todos. Para conseguir esa sociedad concienciada, hay que machacar con el mensaje. Aquí entran los medios de comunicación, con sus luces y sombras desde el mismo inicio de este gran drama colectivo. Tienen ahora, en este 2021, una nueva oportunidad para hacerlo mucho mejor a la hora de informar de los datos del Covid, pero, sobre todo, de cómo mentalizar hasta llegar a contar algún día, en prensa, radio, televisión e Internet, que hemos superado la primera gran pandemia del siglo XXI.


 

Tan desagradecidos con cuidar nuestra vida y la de los demás
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