sábado 19/6/21

Sanidad y sanitarios después del coronavirus

Reflexiones desde casa. Día 21.

La sanidad pública española está poniendo a prueba en esta pandemia su auténtica capacidad, de lo que es capaz y de lo que no, sus instalaciones y dotaciones, con lo que cuenta y le falta. Todo su personal que, raro en mí, me deja sin palabras, merece una mención individual, mas que digan ellos y ellas que cumplen con su obligación, aunque todos sabemos que lo que hacen supera ampliamente la barrera de lo normal para convertirse en extraordinario. A esta crisis sanitaria llegaron repletos de problemas en sus respectivas especialidades y dedicaciones, piensen en todas, tanto en hospitales, consultas, centros de salud, laboratorios, ambulancias y demás. La sociedad española está ahora en el elogio a nuestros médicos, enfermería y celadores, pero antes del coronavirus, como pacientes, deberíamos reflexionar sobre nuestro comportamiento hacia con ellos, en tantas ocasiones que se pueden dar a lo largo de un año. A veces, ni las gracias. Muchos entendemos la asistencia médica de carácter público como tener todos los derechos y ningún deber hacia ella. Somos muy dados a empuñar esa estúpida frase del “porque yo pago tu sueldo”, para entrar y salir en tiempo record de una consulta y con las recetas correspondientes. Quienes no han sabido comportarse antes, no lo van a hacer después del Covid. Una vez más, pienso en las agresiones a médicos y enfermeras, que por ejemplo en Cantabria se dan mucho, y que la administración en salud no ha podido o querido resolver, siendo el pedazo de problema que resulta trabajar con inseguridad. Llegaría el bicho y se ha visto el valor que tiene para nuestros sanitarios trabajar sin la protección de una mascarilla, guantes, visores, bata desechable, gorro o unas simples calzas. No las había. Pero ningún poderoso inconveniente como la falta de medios les ha impedido hacer frente, de cara, al virus, hasta llegar a su propio contagio (más de 16.000 casos). Insisto en que no sé qué palabras usar para semejante actuar, tan peligroso, en ayuda a los enfermos. Cada día, a las ocho de la tarde, les aplaudimos. Bien hecho. Aunque tras esta guerra sanitaria habrá que volver a empezar, dotarles de hospitales, mejores consultas, más plantillas en todos los campos, mejores remuneraciones o merecidos descansos. Como no, me olvidaré de cosas, pero el ministerio y las consejerías de sanidad conocen toda la lista de demandas. Que se pongan a ello. Ese será el mejor homenaje a nuestros sanitarios. Esa será la auténtica manera de ensalzar que verdaderamente tenemos un sistema asistencial universal. Esta última palabra, universo, suena a sobrehumano. Ni más ni menos que lo que hacen en estos momentos nuestros sanitarios. 
 

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