lunes 27/9/21

De mi memoria ya evanescente: VII.-Una llamada del pasado que también es el presente

Una llamada telefónica me pone sobreaviso de que aún quedan desperdigadas algunas piezas de nuestra gran Historia, cúmulo de pequeñas historias capaces de hacernos más comprensible el pasado y sus efectos retardados.

Sucede invariablemente: cada vez que se presenta un nuevo libro aparecen señales de que la temática tratada, por más que remita al pasado, se encuentra aún viva y vigente entre los mortales, y se remueven apagadas cenizas cuyos rescoldos parecen revivir al conjuro de las palabras escritas.

Así ha sido en esta ocasión, y el anuncio de la presentación de nuestro trabajo (de Patricia Gómez Camus y mío) ha servido, en principio, para facilitar la salida del armario amnésico de algunas informaciones que se hallaban sumidas en el letargo de la desmemoria o en el sueño de los justos que consideran que su labor ha finiquitado ya.

Una llamada telefónica me pone sobreaviso de que aún quedan desperdigadas algunas piezas de nuestra gran Historia, cúmulo de pequeñas historias capaces de hacernos más comprensible el pasado y sus efectos retardados.

-Buenas tardes. Me llamo Manuel Terán Silió y creo que hace mucho tiempo nos conocimos. He visto la entrevista que le han hecho en el periódico y considero que sobre el pasado yo tengo algo que aportar. Me gustaría mucho hablar con usted.

Es una persona de 94 años y, como tal, sus vivencias siempre tienen algo que aportarnos. Quien crea que a esa edad ya no queda nada por decir se está equivocando: solamente se necesita conservar los reflejos mentales para poder transmitir lo que se ha visto y conocido, y encontrar a la persona adecuada que se dedique a  trasladar a los demás tales vivencias.

Nos citamos en su domicilio, para cuando pasen unos días y el panorama sanitario ya se encuentre algo más despejado, sin peligro para una persona de su avanzada edad, y con más seguridades para quien esto escribe, que le sigue de cerca en el largo camino de la vida.

En los días transcurridos ya he tenido tiempo para ordenar en mi memoria un nombre como el suyo, bastante repetido en Cantabria, y visualizar una imagen que poco a poco me remite a unos cuarenta años atrás. Creo que ya he logrado encuadrarle en nuestra historia común y, cuando me encuentro cara a cara con él, corroboro tal impresión.

Manuel Terán y Saiz ViaderoManuel Terán y Saiz Viadero

Está perdido entre el bagaje de mis recuerdos, un tanto confusos ya, de aquella etapa en la cual la transición no acababa de conformarse (¿se ha conformado ya?, pregunto, porque a veces por las cosas que uno escucha y lee parecería que no; al menos, no del todo). Me manifiesto bien dispuesto a escuchar informaciones que sirvan para prolongar el libro sobre Mujeres de Cantabria en el exilio republicano (2020), con tantas voces anónimas que quedaron y aún quedan por añadirse al relato publicado, sin duda incompleto, muy incompleto.

Pero, curiosamente, ese no es el aspecto que a mi contertulio le interesa. Mi contertulio ha leído en la prensa la palabra República y republicanos y se ha movido como un resorte ante las resonancias de un tema que para los demás él creía muerto, o al menos aletargado, mas en su fuero interno permanece vivo, bien vivo, voto a bríos, como me confirma de palabra y, por si esto fuera poco, con la letra escrita en forma de una autobiografía -él dice-, que en realidad son unas memorias narradas verbalmente a una persona que las transcribirá tal cual a las páginas de un libro: La buhardilla con claraboya y un gato en el tejado (2012).

Portada la buhardilla con claraboyaPortada La buhardilla con claraboya y un gato en el tejado

Resumamos su contenido, que desafortunadamente no encontró en el momento de darlo a la imprenta la responsabilidad de una editorial que se hubiera encargado de mejorar un poco tanto la forma como su composición. Son las memorias de lo que hoy llamaríamos un emprendedor, un emprendedor desde su nacimiento, contra el viento y marea desplegados en forma de desgracias y otros inconvenientes propios de una época y de un entorno, avatares que sirven para forjar el carácter de todo un personaje. Inconvenientes que, seguramente, a muchos otros les hubiera hecho desistir y hasta les hubiera frustrado la existencia, pero en este caso, tal como se narran, aparecen simplemente como obstáculos a superar.

No se piense que estamos ante un gran político, ni siquiera ante un político. Si alguna vez (lejana) y en alguna ocasión (pocas) ha actuado en política, ha sido en contra de su voluntad, y más guiado por fidelidades personales y, sobre todo, impulsado por el recuerdo de un hermano fusilado por las tropas franquistas ante las tapias del cementerio santanderino de Ciriego.

Estamos en la Reinosa de 1936-1937, un auténtico polvorín por el clima social y político heredado de la Revolución de Octubre de 1934

Manuel Terán nació en Reinosa en el año 1926 y fue en la comarca campurriana donde vio desfilar las imágenes de una infancia y adolescencia repletas de penurias, puesto que pronto quedó huérfano en una familia de varios hermanos. Uno de ellos, quien sería para siempre su faro espiritual, se encargó de ejercer la función de padre, hasta que la Guerra Civil le encaminó hacia derroteros mucho más complicados aún que conseguir el sustento de cada día para un hogar desvalido. Estamos en la Reinosa de 1936-1937, un auténtico polvorín por el clima social y político heredado de la Revolución de Octubre de 1934, y por hallarse muy próximo a las líneas bélicas limítrofes con la provincia de Palencia. Sobre estos acontecimientos se han ocupado en sus libros los historiadores cántabros Jesús Gutiérrez Flores y Miguel Ángel Solla, aunque no siempre las versiones coincidan en todos los detalles, como difieren las que han quedado en el imaginario popular.

Manuel Terán en la LegiónManuel Terán en la Legión

Gabriel Terán Silió (1909-1939) es el hermano protector cuya sombra acompañará durante toda su existencia a este hombre del pasado que ahora tengo frente a mí. En realidad, quiere hablar de él y también del papel desempeñado en su formación autodidacta y en su devenir por la vida. El libro es bastante hermético en cuanto a datos se refiere; recoge más bien sucesos y, a veces, están narrados de una forma un tanto críptica, como corresponde a la transmisión oral preñada de sobreentendidos e interrupciones.

Gabriel Terán es uno de los varios que el 20 de noviembre de 1939 se enfrentaron a esa situación final y sus restos yacen en la enorme fosa común

Pero una vez pronunciado el nombre de su hermano, no tenemos otra cosa que hacer que introducirnos en las páginas del libro Rescatados del olvido (2003), editado por Antonio Ontañón Toca, donde se recoge la información inscrita en el archivo de la Prisión Provincial de Santander con los nombres de las personas que de allí salieron para cumplirse la pena capital en Ciriego. Gabriel Terán es uno de los varios que el 20 de noviembre de 1939 se enfrentaron a esa situación final y sus restos yacen en la enorme fosa común que guarda el recuerdo de tantos centenares de personas que allí fallecieron, sin dejar otra huella que la que durante muchos años permaneció en los corazones de sus seres queridos.

Ese día no fue solo al paredón de la muerte sino que, como también relaciona Antonio Ontañón, le acompañaron en el trágico trance final 19 desconocidos y otras 17 personas de diversas procedencias, cuyos nombres son: Claudio Barrio González y Gonzalo Barrios Larrucea (ambos de Santander), Pedro Espinosa Probedo (Arenillas Pisuerga), Fernando Gómez-Otero Lama (Potes), Cipriano González García (Irún), Benito Gutiérrez Varela (Cieza), Antonio Leviere Arranz (Valladolid), Pedro Membrilla Ruiz (Terrinches), Francisco Moreno Ruiz (Bárcena), Jesús Oviano Gutiérrez (Asturias), Jesús Paz López (Lugo), Manuel Pérez Fernández (Puente Viesgo), Cándido Rotaeche Landaburu (Sodupe), Ángel Tabares Cesteros (Reinosa), Ibrahim Teixeira da Silva (Portugal) y Antonio Toca San Miguel (Miengo). Tres días más tarde, en el mismo lugar, caían abatidas otras tantas víctimas, entre las cuales figuraba el joven socialista santanderino Magencio Recalde Viadero (1916-1939), primo de mi madre. Y así sucedió durante varios años.

La persistencia en la fidelidad al grupo le condujo al paredón, al negarse a dar el nombre del autor del disparo que causó la primera muerte registrada

Gabriel Terán se había visto envuelto en los sucesos desatados en Reinosa a partir de la sublevación militar, entre los cuales se encontraba el asesinato del alcalde y diputado provincial socialista Isaías Fernández Bueras (1891-1936), junto al del cenetista Benito Mesones, a cargo de los guardias civiles destacados al puesto campurriano, y a renglón seguido la represión popular en el transcurso de la cual murieron 19 de ellos; todos menos el más joven, si no recuerdo mal. Nunca se ha aclarado completamente el inicio de unos enfrentamientos de los que solamente fueron testigos los muertos; tampoco nos proporciona en su libro una versión fidedigna Manuel Terán, adolescente de 10 años en aquellos días. Sobre la participación de su hermano menciona con trazos un tanto confusos la muerte accidental de uno de los sublevados, obviando el posterior asesinato del falangista torrelaveguense Luis Martín Alonso, a cargo de un grupo en el cual se encontraba su hermano Gabriel, a quien la persistencia en la fidelidad al grupo le condujo al paredón, al negarse a dar el nombre del autor del disparo que causó la primera muerte registrada.

En cambio, incluye una carta escrita en los últimos momentos y que fue trasladada por sus compañeros de prisión después de la ejecución. Carta que, sin duda, desconocía Ontañón Toca y por ello no pudo reproducirla en su documentado libro de ejecutados en Ciriego, aunque Manuel Terán figura entre los informantes del mismo. 

La carta, recibida de manos femeninas muchos años más tarde, dice así:

Santoña, a 18 de 11 de 1939

Queridos hermanos, en estos momentos pasaré a mejor vida, así que todos recibir el último abrazo de mi parte, pues el fascismo quiere mi sangre, así que no apurarse y vosotros a seguir pensando quién es vuestro hermano y quiénes sus verdugos. Como veis muero tranquilo por ser la causa de los obreros y la vuestra. Bueno, dar recuerdos y un abrazo a todas mis novias, si las veis alguna vez. A la de Villasuso, que la quise y siento en desgracia, pues siempre sabrá al menos que me acuerdo de ella, igual a la pobre Berta, y, en fin, a todos vosotros, no lloréis, decirle a Miguel por qué lucho, pues nunca creí que se uniera a esos criminales. Recuerdos a los de Bárcena y les dices que conmigo va Moreno sin pena ni gloria. Bueno, no apurarse y recordad a vuestro hermano Gabriel Terán. Viva la República. Salud para todos.

La familia Terán Silió tuvo hermanos en diversos frentes ideológicos

La familia Terán Silió tuvo hermanos en diversos frentes ideológicos: uno monárquico, lo que le llevó al barco-prisión Alfonso Pérez; otro falangista, voluntario después en la División Azul; el ya citado socialista fusilado en Ciriego… Pero sería éste quien dejaría huella en el pensamiento y conducta de su hermano pequeño: aunque no afiliado a ningún partido, siempre fue republicano y agnóstico; así lo dice en su libro y lo corroboró en el transcurso de nuestra entrevista personal.

En calidad de tales premisas participó en la comisión pro erección del monumento a las víctimas republicanas de la Guerra Civil, obra del escultor de Santillana del Mar Jesús Otero Oreña (1908-1994), quien también había sido sometido a consejos de guerra con la petición de dos penas capitales después conmutadas.

Y ahí rebobino mi memoria, porque fue cuando tuve noticia de Manuel Terán Silió en el transcurso de la celebración de algunas reuniones en un local de la calle Madrid con miembros de los partidos políticos de izquierdas (menos el PSOE) para preparar ese homenaje simbólico que no pudo materializarse con la inauguración de un Mausoleo hasta el año 1980, después de que finalmente recibiera el apoyo del alcalde entonces por UCD Juan Hormaechea Cazón, quien tenía fusilado en la fosa común a su abuelo, maestro del Colegio Público astillerense “Fernando de los Rios”, Daniel Cazón Robles (1888-1937), y además muerto en el frente republicano su tío Enrique Cazón Coterillo (1915-1936). Para guardar mayor similitud con la trayectoria familiar de Manuel Terán, también hubo un hijo llamado José Daniel Cazón Coterillo, desaparecido en el frente ruso de la División Azul en febrero de 1943. Según ha contado Ontañón, Juan Hormaechea entregó a título personal 100.000 pesetas para el monumento.

Mausoleo a la memoria de los muertos por la libertadMausoleo a la memoria de los muertos por la libertad

Es en esa etapa en torno a la transición política cuando Manuel Terán da señales de vida, manteniendo relación con Régulo Martínez Sánchez (1895-1986), el vínculo con el partido azañista de Izquierda Republicana, encarcelado y condenado a muerte durante el franquismo, pasando en la posguerra por diversas cárceles, y autor del librito Republicanos en las catacumbas (1977). Este período de su vida también queda reflejado en su libro y apareció en nuestra conversación pero dibujado con trazos confusos en cuanto a fechas, situaciones y nombres. Sin duda, la personalidad de Régulo Martínez, candidato al Senado por ARDE en el año 1979, le dejó muy marcado y se impresiona cuando habla de él aun transcurridos más de cuarenta años.

Regulo MartínezRegulo Martínez

Portada del libro Republicanos en las catacumbasPortada del libro Republicanos en las catacumbas​

Con la transición le quedarán pendientes muchas cosas que hacer y decir, como su relación con José María Calviño, su salida de ARDE en Cantabria, su elección como candidato a la Liga de Derechos Humanos en Cantabria y, finalmente, ser cabeza de lista de un pequeño municipio en representación del PRC, partido en el cual figura como independiente.

Fue empleado como obrero en la Alemania nazi, legionario después en Marruecos, trabajador en diferentes sectores de la vida

Ahí finaliza la historia de un hombre que a lo largo de su vida ha pasado por multitud de empleos y ocupaciones, fue empleado como obrero en la Alemania nazi, legionario después en Marruecos, trabajador en diferentes sectores de la vida, hombre pobre (muy pobre), hombre rico (bastante rico), empresario de éxito, con una larga vida que le permitió casarse dos veces, y pendiente de contar a trompicones una peripecia que ya se encuentra en las puertas del cierre, pero proclamando su autonomía, su independencia, su libertad, su republicanismo y su agnosticismo en una larga misiva dirigida a un hermano fusilado y enterrado en una fosa común abierta en Ciriego conteniendo más de un millar de cadáveres, símbolo de un España derrotada en sus ilusiones.

¿Por qué decidió llamarme, ya en el crepúsculo de su vida y en medio de una complicada situación sanitaria para comunicarse, debido a la pandemia esparcida? Es una incógnita que pertenece a las más personales interioridades del hombre visitado.
   
                   

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