miércoles 27/10/21

La nueva vaca sagrada

Hubo una época no tan lejana en la que los turistas también venían a La Montaña a ver vacas. Pero los tiempos empezaron a pintar mal para la vaca pinta. De ahí que Cantabria festeje con efusividad a su nueva vaca sagrada: la que aparece caprichosamente cada otoño frente a la playa santanderina de El Bocal.

Hubo una época no tan lejana en la que los turistas también venían a La Montaña (Cantabria desde el 11 de enero de 1982) a ver vacas. Eran tantísimas esas vacas que apenas se distinguían los prados. Decenas de miles de ellas, con sus novillas, novillos, terneras y terneros, pacían en paz. Quizás para dar la razón a quienes aseguran que se es de donde se pace y no de donde se nace. 

Pero los tiempos empezaron a pintar mal para la vaca pinta. El “prao” se convirtió a partir de la década de los 80 en verde esperanza solo para edificar adosados y pareados. Una especulación muy poco edificante. La vaca sagrada de Cantabria empezó una reconversión brutal que aún no ha terminado. La versión oficial de esa reconversión nos confirma que apenas subsiste un millar de estabulaciones ganaderas.

La vaca no es el animal más inteligente del que se tiene noticia. La más inteligente de todas era la asturiana del “prao Somonte” magistralmente descrita por Clarín en su cuento “Adiós Cordera”. Pero la cántabra merece un respeto histórico porque ha entregado voluntariamente su leche, e involuntariamente su carne, para hacer de este pequeño balcón con vistas al Cantábrico una economía pujante.

Una vaca que no pace, sino que es delicioso pasto de surferos y fotógrafos. No tiene la grandeza sentimental de la vaca frisona, pero es gigante

Por si su mirada melancólica y su espíritu  trémulo no fuesen suficiente penalización para su imagen, hace lustros que ya no tienen cuernos porque el ganadero las prefiere “mochas” por razones que no vienen a cuento. Ni siquiera al cuento de Clarín, pues aquella “Cordera” fue llevada cual cordero lechal al matadero. Carne de vaca, carne de cañón. 

De ahí que Cantabria festeje con efusividad a su nueva vaca sagrada: la que aparece caprichosamente cada otoño frente a la playa santanderina de El Bocal. Una vaca que no pace, sino que es delicioso pasto de surferos y fotógrafos. No tiene la grandeza sentimental de la vaca frisona, pero es gigante.
 
Respiren tranquilos. Expira lentamente la vaca pinta. Suspiran los turistas de diciembre por una vaca de agua que no da leche ni carne. Llegó en traje de neopreno hace cinco años y ya se escribe con mayúsculas: Vaca XXL. Así la tallan esos tipos de talle atlético que la cabalgan.

Será gigante, pero a mí la que me sigue pareciendo inmensa es nuestra vaca pinta. De siempre.

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