domingo 29/5/22
JUSTICIA

Recurren la condena de 18 y 10 años por secuestrar, robar y lesionar a un cliente

Exterior del complejo judicial Salesas, sede del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria
Exterior del complejo judicial Salesas, sede del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria

Los dos hombres condenados a 18 y 10 años de prisión por secuestrar, robar -en ambos casos- y lesionar -solo el primero- a un cliente que les debía 600 euros de hachís han recurrido la sentencia, de la Audiencia Provincial de Cantabria, han informado a Europa Press fuentes personadas.

El tribunal impuso al principal implicado una pena de 18 años y 8 meses de cárcel y una multa de 1.440 euros por secuestrar, robar en su vivienda y causar lesiones a la víctima, a la que había vendido hachís y que le debía 600 euros.

Le consideró autor de los delitos de secuestro, robo con violencia, robo con fuerza, lesiones leves y contra la integridad moral, y le atribuyó otro ilícito contra la salud pública de sustancias que no causan grave daño en concurso con uno más de defraudación de fluido eléctrico, ya que donde residía llevaba a cabo una actividad de cultivo y tráfico de hachís y marihuana.

La sala también condenó al segundo implicado, que actuó junto al anterior en dicho secuestro y robo con fuerza, y al que impuso una pena de diez años de prisión.

Y determinó en concepto de responsabilidad civil que ambos indemnizaran conjuntamente en 7.500 euros a la aseguradora de la vivienda en la que perpetraron el robo, y en 3.600 euros a la víctima por los daños morales causados.

Además, el primero de los enjuiciados debe indemnizar al hombre secuestrado en otros 2.400 euros por su mayor participación en dichos daños morales y también por las lesiones causadas.

A la hora de dictar la sentencia, los jueces tuvieron en cuenta la "plena credibilidad" de la víctima y las "contundentes" corroboraciones periféricas.

PRETENDÍA COBRAR UNA DEUDA

Los hechos tuvieron lugar en Santander en verano de 2020, cuando el principal implicado decidió conseguir los 600 euros que la víctima le adeudaba "por la fuerza". Así, se citó con su cliente en un lugar al que llegó en vehículo acompañado de otras dos personas y le reclamó el pago inmediato del doble de la deuda, es decir 1.200 euros.

Al manifestar que no los tenía y que esperara unos días para que le hiciera el pago, "le dio una bofetada y le introdujo por la fuerza en el vehículo", ayudado por uno de sus acompañantes. En el trayecto, los tres "agredieron repetidamente con diversos golpes" en el rostro de la víctima.

Al llegar a un inmueble abandonado donde el acusado residía, "le introdujeron en una habitación, le sentaron en un taburete, le ataron las manos con una cuerda y le exigieron que se quitara los zapatos, que arrojaron por la ventana. Tras darle bofetadas, le requirieron para que les diera las llaves del domicilio en el que residía y su teléfono, arrebatándoselas".

Luego le instaron a que les dijera dónde vivía y le permitieron hacer tres llamadas "para que consiguiera el dinero reclamado de forma inmediata, lo que el hombre hizo pero no logró". Después, "le amenazaron con cortarle los dedos de las manos con un alicate que esgrimían, así como con un machete y también le azuzaron un perro, todo ello con la intención de obtener de forma inmediata el dinero exigido".

Al no lograr su propósito, le llevaron a otro lugar, "obligándole a caminar con los pies atados y empujándole por una escalera, por lo que sufrió un fuerte golpe al caer por esta, perdiendo momentáneamente el conocimiento". Tras recuperarlo, fue trasladado a una vivienda contigua donde se encontraba el otro acusado. Allí, ambos introdujeron al hombre en un habitáculo, de aproximadamente un metro de altura y otro metro de profundidad.

Mientras se encontraba en ese lugar, el hombre "fue humillado y amenazado de diversas formas" por el primer acusado y sus acompañantes, sin que conste la intervención del segundo en estos hechos.

Según la sentencia, "le arrojaron un cubo de agua fría por encima, le midieron manifestando que iban a cavar su tumba, le echaron gasolina por la ropa y le acercaron un mechero, simularon estrangularle con un palo de hockey, y le pusieron una toalla mojada en la cara mientras estaba atado y tumbado" para causarle miedo por su vida.

Así, consiguieron que les diera el pin de su teléfono móvil y la dirección de su domicilio, donde se desplazó el segundo de los condenados acompañado de otra persona. Allí, se hicieron con varias joyas y dispositivos electrónicos, y causaron numerosos daños, tasados en 8.400 euros. Al regresar, interpelaron al hombre para que les diera sus claves bancarias, pues habían conseguido la libreta del banco en su vivienda.

Finalmente, le dejaron encerrado en el habitáculo colocando delante un sofá, pero al carecer de vigilancia logró de madrugada abrir la puerta y escapar descalzo, huyendo del lugar en busca de auxilio hasta llegar sobre las 6 horas a la Policía, donde presentó una denuncia.

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