miércoles 23/6/21

Ocho de la tarde y Lucas hace sonar el himno

Reflexiones desde casa. Día 17.

Los mayores planteamos demasiadas veces, pecando de ligereza, que las generaciones jóvenes poco tienen que ver con la constancia demostrada por los padres, y anteponemos como ejemplo lo de trabajar como burros. En todo caso, digo yo que de ser así (que no lo es), tendremos culpa sus progenitores, por haberles educado supuestamente mal. Pero, hete aquí, que llega el coronavirus y muchísimos de los ejemplos de solidaridad, especialmente con los más imposibilitados, están viniendo de estudiantes que se remangan a diario para ayudar, a su manera. En los días que transcurren, acompañados además de frio y lluvia, el ánimo es esencial. Tengo un vecino, Lucas, de 16 años, que desde el primer día de la cuarentena asoma a las ocho de la tarde para aplaudir a nuestros sanitarios. Sin embargo, no se conforma con dar palmadas, y hace sonar a todo meter el Himno de España, algo que congrega a más vecinos si cabe en ventanas y balcones. Lucas ha contagiado al barrio. Son tantos días de espera, flojera, hastío, cabreo, esperanza o crítica a diestro y siniestro, que cuando aparece nuestro joven amigo hace que nos cambie la cara.  A las ocho de la tarde, por unos instantes, este rubio mocetón, nos sube La Bilirrubina como dice el tema de Juan Luis Guerra. Es una canción más de época de sus padres, pero es que encima habla de cosas que vivimos ahora. Miren, miren lo que dice: “Oye, me dio una fiebre el otro día. Por falta de tu amor, cristiana, que fui a parar a la enfermería, sin yo tener seguro de cama…”  ¡Qué bueno! Y mucho mejor el antídoto de Lucas, el himno tan injustamente pitado en muchas ocasiones futboleras, pero que ahora nos recuerda que somos un país que deja de lado las diferencias, cuando es la propia existencia la que está en serio riesgo. Miren también: no sé lo que nos deparará el futuro cuando el bicho esté fulminado y llegue la vacuna. Lo que sí quiero pensar es que los Lucas saldrán adelante, como hicieron nuestros abuelos tras la guerra, la postguerra, o nosotros por las crisis de 2000 o 2008 y, ahora, este coronavirus de 2020. Para muestra, a diario, a las ocho de la tarde, quinceañeros enseñan con sus iniciativas que la clave de reiniciarse está en la pasión que pongamos en ello.

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