domingo 20/6/21

Político espadachín, periodista ‘touché’

Determinados sectores de los ‘Mass-Media’ se echan estos días las manos a la cabeza por la intromisión de señalados políticos del Gobierno central y la oposición en medios privados que tratan de hacer su trabajo como entienden que deben realizarlo.

Perseguir periodistas es deleznable. Desde la oposición, impresentable. Desde el Gobierno, indecente. El periodismo debe responder ante los receptores y en última instancia, los jueces. La política de zarpa afilada –ya sean los que mandan o quienes aspiran a hacerlo- siempre tratará de influir en la Prensa; ello no es ilícito, porque el informador debe tener un detector de gatos y liebres. Y, si no, malo para él. Otra cosa es que identificados políticos, y en cada partido hay un ramillete que no parece tener otra misión, traten de meter las garras hasta el tuétano de quien aspira a contar noticias.

Perseguir periodistas es deleznable. Desde la oposición, impresentable. Desde el Gobierno, indecente.

Determinados sectores de los ‘Mass-Media’ se echan estos días las manos a la cabeza por la intromisión de señalados políticos del Gobierno central y la oposición en medios privados que tratan de hacer su trabajo como entienden que deben realizarlo. Bienvenidos al club, aunque sea tarde, porque esto ni es nuevo ni nadie ha movido un dedo en la ‘Prensa Grande’ cuando tales comportamientos han tenido lugar en provincias. Quien más, quien menos ha cubierto su riñón y ha preferido mirar a otro lado o colocarse un antifaz cuando los vilipendiados eran otros. Más pequeños, eso sí, pero igual de periodistas y con el mismo corazón. Y en este punto miremos hacia nosotros mismos y veamos si las asociaciones de defensa de la profesión la han efectuado, con qué insistencia y cuál ha sido su éxito. 

Cierta vez un político reconocible, aunque apenas reconocido, se situó  en modo trágico y lapidario: “Los periodistas no sois intocables”, me dijo (sustituyan el verbo decir  por presionar o amenazar, si lo desean). Obviamente ni se refería al poder de la Ley ni al de los ciudadanos (al que deben someterse todos los profesionales), sino al cuchillo jamonero que tras de sí llevan algunos individuos de la cosa pública para blandirlo no sin antes limpiarse los recovecos de las uñas y hacer ver que corta de maravilla (tómenlo a título de metáfora, como es lógico).  Ello, quede claro, no define al conjunto de la política. Pero la minoría puede emporcar a la mayoría decente.

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