lunes 20/9/21

Rata de dos patas

Seguro que "a ese que tú te imaginas", que le llaman "rata de dos patas", que Paquita le ha hecho un traje de mil rayas, y más insultos, también tiene derecho a contar su verdad, porque ya conocemos todos aquello del saber popular "que nada es verdad, ni nada es mentira, todo es según el cristal con que se mira".

Rata inmunda /  Animal rastrero
Escoria de la vida / Adefesio mal hecho
Infrahumano / Espectro del infierno
Culebra ponzoñosa / Deshecho de la vida

Rata de dos patas 

Maldita sanguijuela / Maldita cucaracha 
Alimaña  / Deshecho de la vida 
Hiena del infierno / bicho rastrero

Rata de dos patas

Paquita La del Barrio canta esta canción, compuesta por Manuel Eduardo Toscano, con esa gracia que tantos insultos juntos pasan a ser poesía, y es que la violencia verbal es muy subjetiva, tanto que a veces es un deshago, otras brotan las palabras por la herida, e incluso no pocas veces son un llamamiento de desesperación.

Estos días un rapero, cuyo nombre ha adquirido enorme popularidad, no por sus letras, que no son precisamente poesía, ni por la calidad de sus escritos, se ha convertido en el líder de un movimiento neo-antisistema. 

Se ha puesto en cuestión la libertad de expresión, esa que consagra nuestra constitución en su artículo 20, y que le ha permitido decir auténticas barbaridades, el mal gusto puede ser condenado o castigado con la indiferencia, el olvido... pero no por el código penal, al menos no con penas de privación de libertad. 

Esas letras brotan ira por los cuatro costados, y suelen estar presente en muchas canciones

Esas letras brotan ira por los cuatro costados, y suelen estar presente en muchas canciones. Letras de raperos, donde no pocas veces su lenguaje es muy duro, quizás para eso, para llamar la atención, ya que es como una carrera "a ver quién la dice más grande".

Esa propia dureza, radicalidad, les hace ser atractivos a un colectivo que no suele ser muy mayoritario, que consume este tipo de productos, vestido de mensajes contra el sistema, el gobierno, la monarquía, los bancos, los jueces... desde una perspectiva entre la izquierda más dura, y lo que podrían ser posiciones ya decimonónicas del campo ácrata. Esto es, nada nuevo bajo las estrellas.

Es cierto, que los casos de corrupción en los partidos políticos, en la propia monarquía, el desprestigio de la justicia por resoluciones muy discutibles han abonado un campo donde es muy creíble ese mensaje que transmiten ciertos raperos, artistas de la canción, en sus letras.

Hemos visto cómo casos flagrantes de corrupción se iban de rositas, o con penas mucho menores

Ha sido la propia organización Amnistía Internacional la que ha pegado un buen tirón de orejas a nuestro país, al considerar que la pena impuesta al rapero Pablo Hasél es desproporcionada e injusta, y su entrada en la cárcel un despropósito. Y es que llueve sobre mojado, se recuerda que fue hace apenas unos años cuando se condenó a Valtònic ni más ni menos que a tres años de prisión y sin fianza por este tipo de comportamientos. Dicen que toda comparación es odiosa, y más en el campo penal... pero hemos visto cómo casos flagrantes de corrupción se iban de rositas, o con penas mucho menores. Uno se puede preguntar, ¿qué banco han atracado estos señores?

No entro en la vida de Pablo Hasél, convertir nuestro derecho en "Sálvame penal" no es lo más adecuado, pero no es menos cierto que la acumulación de penas nos puede llevar a situaciones no deseadas, el problema es cuando se mezcla una agresión, que claramente debe estar tipificada en nuestro código penal, con un delito de opinión, y al final este te lleva a la privación de libertad.

Las reformas pendientes de un gobierno, que a veces actúa como si estuviera en la oposición; nos dice a los demás lo que se tenía que haber realizado, como si no fuera con ellos, como si no estuvieran en el gobierno. Ellos conviven con normas que prometieron derogar una vez en el gobierno, y hablamos de la ley de seguridad ciudadana del 2015, más conocida por "la ley mordaza", aquellas reformas del código penal de los ministros Jorge Fernández Díaz, Alberto Ruiz-Gallardón y Rafael Catalá que estrecharon las libertades consagradas en nuestra constitución.

Es ahora cuando el río suena, y las calles se llenan de barricadas, con una violencia que no tiene una clara justificación, pero que indican claramente que el problema existe. Aquí siempre hay dos varas de medir, si se hace eso en una primavera árabe hablamos de la lucha por la libertad, y si se hace por unos sindicatos para salvar puestos de trabajo de una legítima defensa; pero si lo hacen unos jóvenes por la libertad de expresión, todos son, poco menos que unos locos. 

Sin duda, en todos los colectivos y cuando la tensión es grande hay desalmados que comenten delitos, que la justicia se encargue de ellos, y sobre todo que paguen los daños producidos a todos los ciudadanos, que luego pagamos a escote sus destrozos, pero descalificar a tantas personas que se han manifestado pacíficamente es una miopía política demasiado grande, o interesada.

Alemania eliminó el delito de lesa majestad de su código penal, Francia abolió en 2013 el delito especial de ofensa al jefe del Estado, siempre se dice que no se debe legislar en caliente, ya que eso da lugar a una visión condicionada de la realidad, pero una cosa es no legislar en caliente, y otra que todo quede en buenas palabras, y en decir que España es una gran democracia. Vale, pero las cosas se demuestran con hechos, no con eslogan de campaña y tuit de entretenimiento para el personal. Si se hubiera obrado en consecuencia, igual nos podíamos haber ahorrado muchas de las 128 condenas a cárcel por delitos de expresión. 

Otro dato para la reflexión es el del famoso "índice de democracia", donde en 2020 el semanario The Economist ubica a España entre las 23 democracias plenas del mundo por delante de Italia, Francia o Alemania..., aunque llevamos años bajando en este índice. En las primeras posiciones destacan los países nórdicos, casi todos con dos características: una alta renta per cápita y estar gobernados por mujeres.

Es cierto que hay una tendencia a creer que la libertad de expresión es para los que tienen mis ideas, y a los demás les sometemos al tribunal de la inquisición de mis expertos. La libertad de expresión es también dejar que otros puedan decir sus barbaridades, como las nuestras; eso sí, nuestra libertad está en contestarles con mejores argumentos, no con el código penal. 

Seguro que "a ese que tú te imaginas", que le llaman "rata de dos patas", que Paquita le ha hecho un traje de mil rayas, y más insultos, también tiene derecho a contar su verdad, porque ya conocemos todos aquello del saber popular "que nada es verdad, ni nada es mentira, todo es según el cristal con que se mira". Ser objetivo es tan difícil como ser juez, y que no te critique el que ha perdido el juicio, pero ese también es su derecho a la libertad de expresión.

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