sábado 28/5/22

Curcieros (alcorques), adoquines y empedrados

Demos valor y hueco, por lo tanto (de esta humilde y sencilla manera), a esta y a esas otras muchas palabras antiguas cántabras que aún no forman parte del corpus vivo de la lengua

Hay una forma antigua (y ya perdida, como ocurre con muchas palabras cántabras) de decir “alcorque” en cántabru, y esta es “curcieru”. Creemos, y sinceramente pensamos, que por el simple hecho de que esta palabra ya no se use y emplee por estar desaparecida, no por ello esta circunstancia invalida su uso, y al final su revitalización y puesta en valor como palabra antigua y singular que es de nuestro país.

¿Qué sentido tiene decir en cántabru “alcorque” o “acorqui” o “alcorqui”, cuando tenemos “curcieru”? ¿No será mejor y más adecuado conservar y mantener, respetar y considerar (aunque ya no se use esta palabra), que copiar o imitar una palabra de otra lengua; a veces porque no sabemos o desconocemos acerca de su existencia?

Demos valor y hueco, por lo tanto (de esta humilde y sencilla manera), a esta y a esas otras muchas palabras antiguas cántabras que aún no forman parte del corpus vivo de la lengua (o que aún no han sido convenientemente incorporadas), a fin de que así y de esta forma puedan de nuevo volver a revivir, resurgir y rebrotar; igual que lo hace un árbol que ha sido liberado de su prisión al habérsele colocado sobre su base unos solados o ensolados que impiden su evolución o adecuado crecimiento.

La palabra “alcorque” es un hoyo cavado al pie de un árbol para almacenar agua de riego o de lluvia, o fertilizante para facilitar su aprovechamiento por el árbol. A veces, un montículo circular sirve para el mismo propósito, sin embargo, muchas veces esos alcorques se colocan de tal manera que estos terminan por “estrangular” (literalmente) el árbol debido a la inconsciencia de la persona o las personas que sobre el árbol colocaron unos solados o enlosados inadecuados; sin dejar por lo tanto el suficiente espacio para que árbol pueda “respirar”.

Es ese “dejar el suficiente espacio” alrededor del tronco para que el árbol pueda vivir, lo que propicia el que brigadas voluntarias y espontáneas de ciudadanos (otras veces no) deciden actuar por su cuenta y riesgo, a fin de así poder liberar al árbol de su prisión o encarcelamiento. Y es que las personas que inconsciente o improcedentemente actúan sobre el árbol colocando esos alcorques, alegan (en no pocas ocasiones) que es de esta manera como el alcorque “hace mejor la función de prevenir que el árbol quebrante el pavimento o el suelo al crecer”. Por increíble que esto pueda parecer, estas cosas aún se escuchan y se oyen, sin quien el que las afirma se percate, tan siquiera un momento, a reflexionar sobre lo que dice y está exponiendo.

Pues bien, eso es lo que precisamente estas brigadas combaten, y esto es lo que lógica y evidentemente hay que hacer: dejar el suficiente espacio como para que el árbol pueda no sentirse aprisionado por esos enlosados o solados, que finalmente hacen que el árbol enferme, e irremediablemente muera.

Y es a partir de aquí cuando hacen su aparición los grupos de acción en favor de los árboles aprisionados, encarcelados o encerrados. Unos grupos que habitualmente actúan sobre una vía pública o colectiva (dependiente, generalmente de Ayuntamientos, por ejemplo), aunque también lo hacen sobre jardines privados y o abandonados, o bien sobre lugares que previamente han sido descuidados.

Nombres diversos y dispares existen (y han existido) a lo largo del mundo por doquier, algunos de ellos con llamativos, evocadores, representativos, sugerentes e imaginativos nombres. Aquí un simple ejemplo: https://nervionaldia.es/un-grupo-ciudadano-comienza-a-liberar-los-alcorques-de-la-ciudad/

Una manera original, y también reivindicativa a la hora de dar a conocer la lengua cántabra, podría ser crear una o muchas brigadas de ciudadanos (igual que existen las de las personas que cuidan y protegen a los gatos) que velen porque los árboles de la ciudad o de los pueblos estén libres de actuaciones improcedentes sobre ellos.

Animémonos, por lo tanto, a poner nombres cántabros, y en cántabru, a grupos que a través de una acción decidida y entusiasta actúan en favor de unos árboles que no tienen, ni tampoco poseen la facultad de defenderse. Utilicemos en consecuencia las redes sociales (hoy herramientas tan poderosas y útiles para poder expandir nuestra lengua) de una manera adecuada (y también estratégica), a fin de poder de esta manera devolverle al cántabru el lugar de prevalencia que le corresponde, y que nunca debió de dejar de tener.

Estos, y a modo de simple ejemplo, podrían ser algunos nombres de grupos en cántabru que deciden liberar a los árboles de sus prisiones: alendar (respirar), ensin curcieros mijor (sin alcorques mejor), sinfinitu (infinito), curcieros ensin soterrar (alcorques sin enterrar), siguir y nu aparar (seguir y no parar), curcieros que un arreguñan (alcorques que no estrujan), a rejuntía (al contrario), nu más arrequejar (no más arrinconar), etc.

De un tiempo a esta parte el gusto por mantener la originalidad de muchos de nuestros pueblos está haciendo que la ciudadanía demande con cada vez más insistencia,

Por otro lado, de un tiempo a esta parte el gusto por mantener la originalidad de muchos de nuestros pueblos está haciendo que la ciudadanía demande con cada vez más insistencia, el que se pueda guardar y acometer “una cierta estética” a la hora de realizar labores de restauración en la vía pública de calles y edificios, plazas y entornos de uso común y esparcimiento público.

Si sabemos que en cada vez más lugares los adoquines y el empedrado ganan al asfalto en el arreglo, de sobre todo en plazas y calles, ¿por qué no aprovechar esta circunstancia para poner sobre el suelo o las paredes frases en cántabru, guardando para ello y con ello una cierta estética con el entorno y el lugar?

Cultura ha de ser, o debería, quien diera el visto bueno a este tipo de actuaciones en las vías tras el pertinente acuerdo con el Ayuntamiento para que prevalezca, por ejemplo, la solería más tradicional. Y aquí deberían de ser quizá los técnicos de las delegaciones de Cultura y el Ayuntamiento quienes se podrían poner de acuerdo a la hora de poder realizar y acometer este tipo de actuaciones sobre la vía a la hora de poder favorecer al cántabru.

Y como ocurre con tantas cosas en la vida, todo es empezar y actuar, por ejemplo, en un ayuntamiento concreto que decida dar el paso por querer hacer público su firme compromiso por defender la lengua y la cultura del país.

Curcieros (alcorques), adoquines y empedrados
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