jueves 2/12/21

Dame todo el power

Esto es lo que cantaba el grupo Molotov, allá por 1997, reivindicando la corrupción, el ansia de poder y la indiferencia de la clase política mexicana frente al resto de la sociedad, en una de las letras más universalmente aplicables del rock latino. Lamentablemente creo que el mensaje estará vigente por mucho tiempo más. 

  Y es que en este año electoral hemos visto como a todos los partidos se les ha llenado la boca con las palabras “regeneración democrática”. Ayer de nuevo el Partido Popular nos tradujo su particular concepción de la democracia, registrando una propuesta de reforma del sistema electoral municipal en el Congreso de los Diputados. Esta propuesta sólo favorece a que el partido más votado, si obtiene un 30% o 35% de los votos y una distancia de un 10% o 5% respecto al segundo partido más votado, obtenga un bonus de escaños que le permitan tener la mayoría absoluta en los ayuntamientos.
El problema no es la propuesta, que es debatible y muy discutible pero que se aplica de forma parecida en Francia, sino el fondo y la concepción de democracia de la misma. Nada hay que imaginar o interpretar puesto que su portavoz parlamentario, Rafael Hernando, declaró que la intención de esta reforma era evitar “pactos de perdedores” a “espaldas de la voluntad popular”. Una vez más, la lógica de vencedores y vencidos delata los orígenes de este partido y su sincero espíritu democrático. No obstante, quizá el Sr. Hernando quiso decir que estos pactos se hacen “a espaldas de la voluntad del partido popular” y no a espaldas de la voluntad popular entendida como el conjunto de la ciudadanía. En ese caso, por favor, que lo corrija.
El problema real es entender la democracia como el sometimiento de la ciudadanía a  la voluntad del 30%-35%, cuando precisamente, la belleza de esta desquiciada democracia es su capacidad de generar situaciones que provocan el necesario entendimiento entre fuerzas políticas que representan diferentes sensibilidades. Hemos observado como con voluntad política se han llegado a acuerdos en Madrid, Barcelona, Zaragoza o Valencia entre otras capitales de provincia. En estas ciudades se han cometido, según mi libre interpretación de las palabras de Hernando, “aberraciones democráticas” con pactos entre dos, tres y hasta cuatro partidos, logrando que los nuevos ayuntamientos sean apoyados por una suma significativa de votantes, desde el 47% de los votantes en Madrid o Valencia hasta el 54% de Ada Colau en Barcelona. ¿De verdad que lograr esos pactos no es un ejercicio saludable de democracia y de capacidad de diálogo entre partidos que tienen en muchos casos notables diferencias ideológicas?
No hay que ser muy listo para entender que la lógica de la reforma electoral propuesta no es otra que la de “dame todo el poder”, cueste lo que cueste. La misma que les ha llevado a la aprobación de la Ley Mordaza o la que le lleva al Gobierno a ejercer su poder para silenciar a periodistas en la televisión pública. La misma que intenta conseguir a través de la aprobación de la Ley de Seguridad Nacional, con apoyo del PSOE, nuevas competencias para que el Ejecutivo, sin consultar con el Congreso de los Diputados, pueda ejercer una serie de funciones excepcionales, como la suspensión de los estatutos de autonomía, entre otras. Bonita regeneración. 
Si de verdad todavía quieren regenerar algo, que empiecen a pensar en consultar a la población, por ejemplo, la aprobación del TTIP (el tratado de libre comercio que la Unión Europea está negociando con EE.UU.) si el Parlamento Europeo finalmente lo aprueba, que hoy por hoy nuestra legislación no contempla esa posibilidad.

 

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