jueves. 07.07.2022

El primer coche asesino

El hombre está empeñado en autosustituirse por el robot. Fábricas sin empleados, bancos sin bancarios, automóviles sin conductor. Las poderosas razones de la sinrazón empresarial. Abaratamos costos sin pensar en el coste inasumible de esta primera vida. Algo impagable por muy indemnizable que resulte.

Cuando el diablo no tiene qué hacer, mata moscas con el rabo. El refranero español llegó mucho antes que los coches sin conductor. Más vale diablo ocioso aniquilador de moscas que endiablado automóvil sin conductor que mata pacíficas mujeres. Ocurrió el 20 de marzo en Arizona.

Tan pacífica era la víctima, de 49 años, que caminaba de la mano de su bicicleta cuando el vehículo la arrolló. Cruzó la carretera sin darse cuenta de que el coche anónimo de la compañía Uber tampoco se daba cuenta de su presencia. Trágico atestado el que tuvo que redactar la Policía norteamericana: ni la atropellada ni el conductor inexistente pudieron declarar.

El imperio empresarial que pone en circulación turismos sin conductor, también ha puesto a circular un mensaje entrañable de pésame en Twitter

Uber sí que ha declarado. Acaba de anunciar que no seguirá con este peligroso experimento del automóvil autoconducido. Lo cual revela toda una autoinculpación. Uber es un gigante con pies neumáticos. Tiene 7.000 empleados y ahora ha de emplear sus formidables recursos en explicar lo sucedido sin implicar a terceros. Y sin que ella, la víctima, tercera persona del singular, pueda relatar ya un suceso inexplicable.

El imperio empresarial que pone en circulación turismos sin conductor, también ha puesto a circular un mensaje entrañable de pésame en Twitter. Donald Trump y Uber son así: tuitean, luego existen. La compañía del automóvil asesino asegura en su “tweet” que cooperará con la Policía para aclarar el suceso. Estamos ante una pintoresca cooperación del responsable legal del homicida metálico con los investigadores.

La investigación no será nada fácil. Porque la culpa es siempre una famélica huérfana de padre y madre. No sabemos si la pobre mujer de Arizona deja huérfanos, pero sí deja el sumario del caso en la más absoluta orfandad. Sin testigos y con un cuerpo del delito mudo, abrazado a su bicicleta, segunda víctima metálica.

El hombre está empeñado en autosustituirse por el robot. Fábricas sin empleados, bancos sin bancarios, automóviles sin conductor. El humano suplantado por el humanoide. Las poderosas razones de la sinrazón empresarial. Abaratamos costos sin pensar en el coste inasumible de esta primera vida. Algo impagable por muy indemnizable que resulte.

Y no olvidemos que en mayo de 2016 un hombre de 40 años murió en Florida cuando el coche que no conducía le condujo inopinadamente contra un camión. La víctima veía en ese fatal instante una película en su Tesla último modelo. Pero el supercoche debía ir tan distraído que no vio ese camión que le precedía.

Tan cruel como lo del coche asesino de Arizona. ¿O no?.

El primer coche asesino
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