miércoles 8/12/21

Libertad, ¿para qué?

Somos una sociedad plural en lo ideológico, diversa en la forma de entender las identidades y estos días lo han reducido a la nada, y los ciudadanos lo han premiado.

Es evidente que todos tenemos a los representantes que nos merecemos porque les votamos, eso está claro. Pero de lo que no estamos siendo conscientes es de que nuestro apoyo a unos u otros lo damos por la cantidad de insultos, descalificaciones o mentiras que dicen sobre el adversario. El nivel en este país se ha rebajado hasta cotas inimaginables, llegando a parecer la lucha política una especie de ajuste de cuentas entre bandas rivales.

Somos una sociedad libre, eso es incuestionable. Pero somos una sociedad plural en lo ideológico, diversa en la forma de entender las identidades y estos días lo han reducido a la nada, y los ciudadanos lo han premiado.

La contrapropaganda que algunos actores políticos están vertiendo en la sociedad de un enemigo común es sencillamente inmoral, repito, inmoral

Es preocupante que mensajes tan nocivos como la ayuda de la administración que recibe un menor no acompañado se compare con la pensión no contributiva que percibe una abuela, utilizando un modelo de propaganda que se utilizaba en la Alemania de los años treinta y cuarenta, cale tanto.

Es evidente que en este debate no parto desde una neutralidad pública, desde que soy libre he escogido socialismo con el sincero anhelo de alcanzar más cotas libertad. No me digan ahora que tengo que decantarme entre socialismo y libertad porque, sencillamente, me quedo con las dos. La contrapropaganda que algunos actores políticos están vertiendo en la sociedad, que va calando como lluvia fina, de un enemigo común es sencillamente inmoral, repito, inmoral.

No se puede enarbolar la idea de libertad y al mismo tiempo, con maldad y mala fe, contraponerla con esa idea política, social y económica que algunos defendemos. No es moral que para obtener un rendimiento político te degrades tanto porque quienes seguimos el mundo de lo público desde algunos vértices os observamos con pena y rabia.

Estoy seguro de que muchos de quienes siguen a todas estas opciones políticas que han reducido el debate ideológico a una mera selección de opciones en la que solo una es válida, como si de un examen tipo test se tratara, no son conscientes de que la libertad ideológica y la pluralidad de reflexiones nos enriquecen. Se sienten más cómodos en el uniformismo, en reducir todo a la mínima expresión donde exista su opción y las demás, que evidentemente trataran de deslegitimar por autoritarias, sectarias y falsas.

En su modelo idílico de sociedad completamente uniforme y cuadriculada no tienen sitio para gente rara es decir, quienes criticamos

Yo lo tengo claro, ni voy a actuar como ellos ni voy a tratarlos como ellos a los demás, a nosotros, a mí. Ellos, en su modelo idílico de sociedad completamente uniforme y cuadriculada no tienen sitio para gente rara es decir, quienes criticamos, hacemos reflexiones en alto sienten bien o sienten mal, o quienes mostramos nuestro rechazo a cosas que se puedan hacer o que no se hagan; ahora bien, en el modelo que anhelo y por el sentido de libertad que lucho ellos sí caben porque de todo se pueden aprender cosas, buenas o malas, que hacer o que no hacer, pero todo nos ayuda a construir un modelo de vida libre más real y justo.

No olvidemos que la mayor de las libertades es la de conciencia, aquella, que bajo mi humilde punto de vista se consigue poniendo lo público al servicio de los demás. Es necesario empezar a reforzando un sistema educativo diezmado por años de maltrato gubernamental, es necesario fortalecer y reconstruir los pilares de un sistema de sanidad público, universal y gratuito, no podemos olvidarnos de poner en el segundo punto de nuestra agenda unos servicios sociales que favorezcan la inclusión en todos los sentidos. Pero, sobre todo, y para terminar, tenemos que dar un portazo a los sectarios, a los racistas, a los homófobos, a los machistas en definitiva, a quienes piensas que una sociedad no se puede formar “con alguien” que ellos no acepten.

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