viernes 25/6/21

Trump y "la nueva máquina del fango"

Ver la falta de respeto, el insulto como la principal arma por parte de tantos personajes que inundan la vida pública, que tapa los debates de fondo, los hay que son unos verdaderos expertos en embarrar el terreno.

Cada día valoro más las formas, aquello de un poco respeto por favor, el intercambio de visiones sin necesidad de imponer un criterio, que no te martillen los oídos con voces atronadoras, que no te salpiquen con su ira, que el insulto no sea el comodín de la impotencia del argumento,  y sobre todo, a los seguidores del "si no tienes nada más importante que decir que el silencio, no me castigues con tus palabras encadenadas". 

Ahora que vemos como ha triunfado Donald Trump, con un modelo y unas formas que a muchos desde la distancia nos repelen, y que el sueño americano es posible, "cualquier americano rico y alto millonario puede ser Presidente", al que algunos expertos le daban menos posibilidades que al Granada de ganar la Liga, el cual ha dado muchas horas a los programas de humor, pero no se puede despreciar al personal, que ya se sabe, no hay enemigo pequeño, ni partido que no se pueda perder, y eso que lo intentó con ganas. Desde amenazar con deportar a 11 millones de inmigrantes, construir un muro en la frontera con México que fuera pagado por los mejicanos, prohibir la entrada de musulmanes a EE.UU., hasta negar el cambio climático. Desde despreciar a las mujeres a amenazar con encarcelar a su contrincante, llegando a poner la guinda al dudar de los resultados si él no ganaba. Cualquiera de esas afirmaciones por si sola es capaz de hundir al mejor candidato a la Casa Blanca.

Cualquiera de esas afirmaciones por si sola es capaz de hundir al mejor candidato a la Casa Blanca​

Pues si, pese a sus afirmaciones, descalificaciones e insultos ha ganado y además ha conquistado Estados tradicionalmente demócratas, Michigan, Pensilvania, Wisconsin..., así mismo ha conseguido importantes porcentajes en el voto de las mujeres, e hispanos, lo cual después del desprecio mostrado es como para un estudio profundo en las más importantes universidades sobre el comportamiento humano y capacidad para autodestruirse. Pero si por algo se ha caracterizado Donald Trump, ha sido por poner en marcha "la nueva máquina del fango", inyectando y llenando internet de mensajes de los cuales el 70% eran falsos,  ha usado las redes sociales para difundir la mentira como arma de destrucción del adversario, no importándole tampoco insultar a sus contrincantes en vivo y en  directo, ni menos despreciar a amplias capas de la sociedad. Es más, ese comportamiento es marca de la casa, sello de una forma de hacer las cosas, pero a él se le perdonaba todo, era como si tuviera bula papal, mientras que Hillary participaba en otra categoría, con reglas mucho más estrictas, para ella había otra forma de juzgarla, por representar la burocracia, el poder establecido o establishment y sobre todo, por su condición de mujer. Desde luego, es para el análisis, la mujer quizás más preparada, ante el oponente más indecente y el resultado es una decepción. Es cierto, que no todo es blanco o negro, que en cerca de 60 millones de votos, seguro que hay diferentes motivaciones, desde la crisis, la decepción con la administración y la posible corrupción, la falta de empatía de la candidata, los salarios precarios, la América profunda, y sobre todo, aunque no se quiera decir abiertamente, que muchos no querían a una mujer como Presidenta, no querían romper ese techo de cristal, pero con todo, sigue siendo bastante difícil de explicar.

Decía el periodista y tertuliano Miguel Ángel Aguilar de algún partido, que estaba a un escándalo de conseguir la mayoría absoluta, pues bien, cada vez que Trump  sacaba su "máquina de fango" e insultaba sin disimulo a los demás, a través de TV y las redes sociales, se puede decir que por cada insulto o desprecio subía un punto en las encuestas. Eso de recurrir a los instintos más primitivos y peores de la condición humana siempre ha funcionado, basta recordar recientemente el Brexit o el referéndum en Colombia...

Las elecciones en el imperio nos han enseñado que se puede ganar usando malas artes, usando "la nueva máquina del fango"

Cuando uno escucha y lee..., lo que va apareciendo en los medios de comunicación, en las redes sociales cada vez se ve más la sal gorda, el insulto y la descalificación como protagonistas, malos imitadores de Trump, con esos comportamientos tratan de tapar un gran vacío intelectual.  Aquello tan viejo de "conmigo o contra mí", o "calumnia que algo queda", se va extendiendo como una mancha de aceite que penetra en los tejidos de nuestra sociedad.  Ya nos decía Umberto Eco, "El solo hecho de decir algo de alguien crea la sospecha".  Al que no piensa como nosotros palo y desprecio.

Ver la falta de respeto, el insulto como la principal arma por parte de tantos personajes que inundan la vida pública, que tapa los debates de fondo, los hay que son unos verdaderos expertos en embarrar el terreno, donde entre ese fango sacan sus puñales dialécticos, para matar cualquier posible debate, a esos que les ponen de portavoces, son los duros, los que se afeitan con segadora,  aquellos que nos distraen disparando al vuelo de la mariposa, mientras que los suyos meten la mano en nuestra hucha común. 

Las elecciones en el imperio nos han enseñado que se puede ganar usando malas artes, usando "la nueva máquina del fango". Herramientas como twitter y Facebook...  han sido decisivas para defender esa filosofía y los medios justificaban sus fines, que Nicolás Maquiavelo está muy vigente"yo no digo nunca lo que creo, ni creo nunca lo que digo, y si se me escapa alguna verdad de vez en cuando, la escondo entre tantas mentiras, que es difícil reconocerla". Hay tantas afirmaciones que ha realizado que le descalifican, no ya como Presidente de un Estado, sino como persona honorable, uno siente verdadera pena que esos sean los valores que hayan sido votados por cerca de 60 millones de personas, y sea esta la forma de hacerse con el poder. El ejemplo ya corre por los caminos de nuestra vetusta Europa. Hay que tener cuidado, hay un mundo que está cambiando y quizás seamos los últimos en enterarnos.

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