lunes 27/9/21

La unión europea como excusa

Este desprestigio de la Unión Europea viene por los propios dirigentes de los países miembros, que la usan con escudo y excusa para su actuación o para la falta de ella.

Pocas huellas tan profundas como las provocadas por los desastres de la Primera y sobre todo de La Segunda Guerra Mundial que llegan a nuestros días. Fue allá por aquel lejano 1951 cuando siguiendo la declaración Schuman, los seis miembros fundadores establecen la comunidad europea del carbón y del acero (CECA), verdadera cuna de la Unión Europea. 

Los Schuman, Adenauer, Churchill, Monnet, de Gasperi, Bech,... considerados padres de la nueva Europa, que se reconstruía sobre sus cenizas y dolor, estas personas compartían el ideal de una Europa pacífica, próspera, y unida. Ahora más de 70 años después se sigue intentando hacerlo posible, aunque da la impresión que los actuales responsables políticos no tienen ni su altura de miras, ni su capacidad de convicción. Así uno de los mayores fracasos ocurrido recientemente ha sido el Brexit, por primera vez un estado abandona la Unión Europea, donde además de hablar de lo mal que lo han hecho los británicos pocas autocríticas se oyen desde Bruselas.

El tiempo funciona de somnífero, se olvida con facilidad aquello que produce dolor, y pocas cosas en la historia han producido más que estas guerras mundiales. Lamentablemente nuestros sistemas educativos, esos que cambian cada vez que toman el poder el PP o PSOE, y donde no se les da importancia necesaria para mostrar cómo ideologías totalitarias pueden hacer las mayores barbaridades a la población. El crecimiento de una extrema derecha por toda Europa, que coquetea con estos postulados y que, por ahora, no va más allá por las limitaciones jurídicas que le ponen las constituciones de los países democráticos, aunque este auge debe ser un toque de atención para no repetir graves errores pasados. Mirar para otro lado nunca ha sido una solución.

El horror visto en su propia piel está en el nacimiento de organizaciones supranacionales como la propia ONU, o la Unión Europea, a veces esto tan básico también se olvida, mirando el ombligo de la actualidad y sin dar la importancia necesaria para la que fueron creados estos organismos. 

Por los años 50 quedaron claras dos cosas para el futuro de Europa: la necesidad de superar las guerras, así como progresar juntos

Allí por los años 50 ya quedaron muy claras dos cosas para el futuro de Europa: la necesidad de superar las guerras y enfrentamientos que tanto daño causaron, así como progresar y avanzar juntos; eso sí, primero por el camino de la economía. El tratado de Roma de 1957 puso los fundamentos jurídicos y el tratado de Maastricht, firmado en febrero de 1992 instauró la Unión Europea, una nueva etapa con una unión cada vez más estrecha entre los pueblos de Europa.

Aquel europeísmo de los años 70 al 90, aquel sueño para tantos españoles de ser europeos, que no nos dijeran que Europa empezaba en los Pirineos, se hizo realidad en junio de 1985, después vinieron aquellos fondos estructurales financiando cerca del 50% de las grandes obras públicas, principales autovías, modernización de pueblos y ciudades.

España, el país más europeísta, está dejando paso a un escepticismo, a veces incluso a la resignación, se va apagando aquel proyecto ilusionante. Allí donde una economía de escala que puede ayudar a un mayor bienestar social, también ser garante de nuestros derechos fundamentales y un espacio de libertad que es difícil encontrar en otras zonas del Planeta. Ahora parece que fuera una rémora para los ciudadanos que vemos muchos problemas, demasiada burocracia, salarios desorbitados, y pocos resultados.

Desde hace unas décadas entre los errores cometidos, quizás también por un crecimiento desmesurado; donde, como casi siempre, primaba más el peso económico que la homogeneización de los estados miembros, se ha producido un parón, en la propia construcción de este marco social, económico, y jurídico.

Lo más grave es que este desprestigio de la Unión Europea viene por los propios dirigentes de los países miembros, que la usan con escudo y excusa para su actuación o para la falta de ella. Todo lo inconveniente, desagradable, parece venir o nacer en el seno de la Unión Europea, son imposiciones comunitarias. Por otra parte, lo positivo viene de la "gran gestión" de esos dirigentes en sus estados. Todo ello ha ido creando una visión que poco a poco va calando en la población, que no acaba de ver las ventajas de pertenecer a un club donde sus instituciones no funcionan o lo hacen lentamente.

Basta recordar la situación tan lamentable que tenemos con el precio de luz en nuestro país, y cómo se usa la UE para manifestar que no se puede reducir esa factura desproporcionada e injusta. Rápidamente te encuentras a la ministra del ramo exponiendo que esto o aquello no se puede hacer porque lo impiden las normas de la Unión, ya sea desde el precio de las mascarillas, hasta las tasas de las autovías, bajar el IVA de ciertos productos, o incluso la renovación del propio Consejo General del Poder Judicial.  Es aquello de "una mentira contada mil veces... "

Un gobierno que culpa a los demás de lo que son sus competencias y responsabilidades, es un gobierno que intenta engañar a los ciudadanos

Esta Europa, de rostro amplio, supervive por los intereses económicos, por ser un gran mercado. Ahora bien, los nuevos fondos de recuperación de la pandemia demuestran la importancia de tener esa red de seguridad. Sin duda, tiene grandes problemas y limitaciones, pero menos de las que nos quieren hacer creer algunos, que por salvar su pellejo y cargos, los hay que no les importa dilapidar el prestigio de las instituciones más importantes. Un gobierno que culpa a los demás de lo que son sus competencias y responsabilidades, es un gobierno que intenta engañar a los ciudadanos.

Si estaría Gabriel García Márquez podría manifestar "la Unión no tienen quien le escriba, ni quien la defienda", empezando por la falta de un ejército propio, sin el cual, se acaba de ver en Afganistán que es imposible tener una política exterior, que no sea el seguidismo de los EE.UU. 

La Unión de los Estados de Europa se ha quedado a medio camino, entre un Estado federal, confederal y un club selecto, y ya se sabe que las obras sin acabar corren riesgo de derrumbarse.
 

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