martes 21/9/21

Oposición a la oposición

Manifestaba un portavoz de Gobierno "llevan más de mil días dando..."  largas, excusas y pocos argumentos. Aunque también se puede decir aquello tan oído de "dos no pelean si uno no quiere", aquí también podemos decir que "dos no llegan a ningún acuerdo si uno no tiene interés".

Una de las situaciones que vienen pasando últimamente es hacer oposición a la oposición, lo cual no tiene mucho sentido, pero incluso algo más kafkiano es que el propio gobierno se haga oposición a sí mismo. Lo hemos visto con la subida de la luz, SMI, "la ley trans", el aeropuerto del Prat, ...

Es un gobierno de coalición y no tienen que estar de acuerdo en todo. Ahora, de eso a pedir manifestaciones contra el propio gobierno al que perteneces va un largo camino, aunque razones no falten para ello. Quizás sería más ético romper una coalición donde parece que une más el poder que los objetivos.

Quizás sería más ético romper una coalición donde parece que une más el poder que los objetivos

Puede que la marcha de Pablo Iglesias, entre otros muchos motivos, tenga que ver con ello. El inmolarse en un Gobierno que hace políticas contrarias a lo que tú defiendes no debe ser muy agradable. Es verdad que si el protagonista no lo explica con claridad lo demás son elucubraciones.

Ahora bien, todo tiene contrapartidas, así en la oposición se puede pedir el cielo, pero si no se tiene BOE para poner la escalera o subir el SMI... Algunos  tienen que hacer malabarismos para conciliar su alma con su espíritu.

Por otra parte ver como un partido que en nombre de la Constitución bloquea los principales órganos de la misma, como el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) o el propio Tribunal Constitucional, es de órdago a la grande.

Manifestaba un portavoz de Gobierno "llevan más de mil días dando..."  largas, excusas y pocos argumentos. Aunque también se puede decir aquello tan oído de "dos no pelean si uno no quiere", aquí también podemos decir que "dos no llegan a ningún acuerdo si uno no tiene interés". Los detectives suelen buscar quién es el beneficiado, para saber su origen y culpabilidad, aquí por ese camino, posiblemente, estemos más cerca de comprenderlo.

Pocas dudas caben sobre los grandes problemas que tiene el Partido Popular con un pasado que le ha dejado una herencia envenenada. Son tantos los problemas judiciales, los causas pendientes y otras en desarrollo, que el olor de la corrupción no se ha podido soportar ni en su sede central de Génova.

Por ello, tener una cúpula en la justicia más amable con sus intereses les puede ser muy necesario. Hay quien con argumentos lúcidos sostiene que los Jueces actuales, elegidos a propuesta del Partido Popular, pueden ser mucho más cercanos y comprensivos a sus intereses. El estar durante años en los medios siendo portadas por casos de corrupción puede hacer incluso que deban refundarse o diluirse.

Ya se sabe que hay mucho mal pensado, y en política se juntan los mejores en esta faceta. Sin duda, poner excusas de todo tipo es más fácil que mirar la realidad a la cara y asumir el coste que tienen las actuaciones realizadas. Dejar que pase el tiempo, que se vaya apagando la llama de la verdad y la realidad, es importante para quien busca encontrar alguna salida de ese pozo de corrupción, donde algunos les han metido y otros han ayudado a hacer el mismo.

Puede ser cierto que una de las mayores injusticias es que paguen los que no tienen culpas por quienes se lo han llevado crudo; pero cuando en lugar de depurar responsabilidades se intenta, tapar, esconder, disolver, olvidar el daño que han producido a la sociedad, se está siendo cómplice de esos hechos deplorables acaecidos hace tiempo. A veces unas encuestas positivas les pueden hacer creer que lo peor ya ha pasado, hasta que otra sentencia o escándalo les devuelva a la realidad.

Por otra parte, pensar que el otro interlocutor es un mirlo blanco, que todo lo hace por el bien común sería ser demasiado ilusos. Es verdad que el ejecutivo ha intentado presionar, con normas que nos acercaban más a la situación de Polonia en la elección de los jueces, que a los países de nuestro entorno. Así, la UE nos ha tenido que pegar un buen tirón de orejas para que algunas iniciativas legislativas pasaran al mundo del olvido. Se elaboraron normas que eran manifiestamente antidemocráticas, e intentaban solventar un problema creando otros mucho más grandes, limitando todavía más la independencia del poder judicial. Una aspiración de casi todos los gobiernos es controlar a los jueces a su capricho.

La lucha de los partidos políticos por meter sus tentáculos en la justicia viene de muy lejos y no tiene fácil solución, aunque la propia Unión Europea nos haya dado unas recomendaciones. Decía el nuevo hombre fuerte del Gobierno, al que algunos dicen que ha pasado de fontanero a arquitecto, "los políticos no pueden elegir a los políticos, ni los jueces a los jueces".

"Los políticos no pueden elegir a los políticos, ni los jueces a los jueces"

Ya se sabe que no hay mayor mentira que una verdad a medias,  con  el sistema electoral de listas cerradas, lo dejaba clarito Alfonso Guerra hace mucho tiempo "si ponemos de primero a una cabra, sale elegida la cabra".

Fue allá por el año 2013 con la mayoría absoluta de Partido Popular cuando se aprueba la ley con la que actualmente se nombra al CGPJ. Ver ahora cómo los que hicieron y aprobaron esa norma dicen que, si no se deroga la misma no se puede renovar el CGPJ, por estar el mismo totalmente politizado también es para enmarcar.

Sin duda, se puede mejorar el método de elección de la cúpula judicial, ahora bien, las excusas de mal pagador solo sirven para engañarse al solitario, por muchos días que lleven bloqueados esos órganos constitucionales. La realidad, normalmente, se acaba llevando por delante a quien juegan con las cartas marcadas.

No parece lo más adecuado hacer oposición a la oposición, pero cuando la misma se comporta como un gobierno en la sombra que bloquea las instituciones, también merece toda la crítica. Menos excusas y más trabajar.

Echar la vista hacia el pasado es recordar que hace veinte años del 11S, después de ese día en el mundo occidental se rompió el cristal de la seguridad, sufrimos atentados donde el terror ha dejado una profunda huella.  Ahora con la huida de Afganistán nuestro mundo tiene encendido el semáforo rojo de peligro. Pasan los años y aquí seguimos sin ningún acuerdo institucional, como si gobierno y oposición vivieran en mundos diferentes.

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