jueves. 11.08.2022

Como ya fue mencionado en el artículo de los castillos esparcidos por la región, Cantabria nunca se ha caracterizado por ser un lugar donde primen las grandes fortificaciones. No obstante, entre los siglos XII y XV se levantaron numerosas construcciones defensivas que, en algunas ocasiones, llegaron a cumplir la función de vivienda, aunque sin poder ser catalogadas como castillos. Fueron las conocidas torres almenadas, tan comunes en el paisaje del centro y sur de la comunidad, erigidas por las familias hidalgas de la zona y semilla de las futuras casonas montañesas. La importancia de estas edificaciones es más que remarcable para la comunidad, puesto que muchas dieron lugar a poblaciones tan relevantes como, por ejemplo, Torrelavega, segunda ciudad más habitada de Cantabria. En la actualidad, la gran mayoría de estos torreones se mantienen en pie y, o bien han sido excesivamente restauradas, o han sido dejadas en el abandono.

Una de las localidades que puede presumir de contar con un gran número de torres defensivas es Santillana del Mar. La cuna de las cuevas de Altamira es uno de los lugares más turísticos de la región y pertenece desde 2013 a la lista de los pueblos más bonitos de España. La villa de las tres mentiras se caracteriza por su gran patrimonio histórico-cultural, del que las edificaciones defensivas son piezas clave.

Casa-torre de los Calderón de la Barca
Casa-torre de los Calderón de la Barca

Es imposible hablar de torres defensivas santillanas y no mencionar la Casa-torre de los Calderón de la Barca. Compuesta por un torreón del siglo XII y una ampliación-palacio del siglo XV, el conjunto perteneció a la familia que le da nombre, cuyo miembro más destacado fue el autor de ‘La vida es sueño’, último gran escritor del Siglo de Oro. Los de la Barca tuvieron conflictos muy sonados en la época con la abadía de Santa Juliana, la Casa de Mendoza y los Duques del Infantado, al punto que los Reyes Católicos tuvieron que poner paz entre ellos mediante una carta fechada en 1497, razón por la cual el torreón era vital para la familia. Se encuentra en el ramal más antiguo conocido del Camino de Santiago, en la que pasó la noche San Francisco de Asís en 1214, según dicta la tradición transcrita por Emilia Pardo Bazán. Fue declarada monumento histórico artístico en 1982 y bien de interés local en 2002. Actualmente pertenece a la Lista Roja del Patrimonio y tiene proyecto de rehabilitación.

Torre del Merino
Torre del Merino

Otra de las fortificaciones imprescindibles de la localidad occidental es la torre del Merino, más conocida como “la torrona”. Situada en uno de los límites de la plaza del mercado, hoy Ramón Pelayo, fue el germen de la localidad tal y como la conocemos en la actualidad. Construida por el Estado para el merino de las Asturias de Santillana, iniciando un proceso de urbanización en contraposición a la plaza religiosa donde se encuentra la Colegiata de Santa Juliana. A día de hoy está restaurada, convertida en un museo y es, junto con toda la localidad, Bien de Interés Cultural como Conjunto Histórico.

Compartiendo la presidencia de la plaza se encuentra también la Torre de Don Borja. Datada de principios del siglo XV, se cree que tuvo un origen medieval. Como la anterior, se encuentra adosada a otras construcciones y cuenta con una cubierta a cuatro aguas, propia de la zona. El edificio ha sido propiedad de varias familias a lo largo de los siglos siendo las más destacables los Barreda y Güell. No obstante, llegó a pertenecer a la realeza, al ser regalada por el Marqués de Comillas a la infanta Paz de Borbón, hermana de Alfonso XII. Actualmente y desde 1981 es la sede de la Fundación Santillana.

Torre de don Beltrán de la Cueva
Torre de don Beltrán de la Cueva

Siguiendo con construcciones pertenecientes a familias de renombre, es destacable mencionar la torre de don Beltrán de la Cueva. El noble fue valido de Enrique IV de Castilla, medio-hermano y predecesor de Isabel ‘La Católica’, y pasaría a la historia por ser el supuesto padre de la hija del rey, apodada Juana ‘La Beltraneja’, nombre que también ha tomado la torre para los lugareños. La pieza más destacable de la fachada de la construcción almenada es el escudo de armas de la Casa de la Cueva, flanqueada por dos leones. Desde el siglo XVII está adosada a una casona montañesa.

Restos del Castillo de Vispieres
Restos del Castillo de Vispieres

Asimismo, es digna de mencionar la torre altomedieval mal llamada Castillo de Vispieres. A pesar de llevar en estado de abandono cerca de 400 años, puesto que en 1827 ya hay documentos que afirman que sólo quedaban las paredes, es una de las fortificaciones defensivas más antiguas, sino la más, de Cantabria. Fue construida sobre los restos de una fortaleza romana que ejercía de atalaya sobre la vía de Agripa e, incluso, ha sido señalada por los historiadores como un castro cántabro al que Plinio el Viejo hizo mención en su ‘Historia Natural’. Fue propiedad de la casa real de Castilla hasta el siglo XIV y más tarde pertenecería a los marqueses de Santillana.

Torre de San Telmo
Torre de San Telmo

Por último, cabe nombrar a la fortificación defensiva más cercana al mar de la localidad -pues, aunque Santillana no está en la costa, parte de su municipio cuenta con acantilados-. Se trata de la torre de San Telmo, una antigua atalaya medieval situada sobre el acantilado en el que está enclavada la Ermita de Santa Justa, cerca de Ubiarco. Esta protegida y considerada patrimonio histórico desde 1949 y 1985, respectivamente. En 1632 ya se hacia referencia al torreón, denominado entonces "Mota Justa". Recibió dicho nombre por la situación elevada en que está ubicada, pues "mota" significa "eminencia de poca altura". Asimismo, el Nombre de San Telmo ha convivido con el de Santa Justa desde la época medieval al atribuirse a dicho santo el milagro de salvar a varios pescadores de naufragar en esta costa cuando se dirigían en peregrinación a Santiago de Compostela. En 2020 fue incluido en la Lista Roja del Patrimonio y, a finales de ese mismo año, se derrumbó uno de los muros.

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