martes 22/6/21

Exigimos porque tenemos derecho a exigir

Las mujeres somos más de la mitad de la población mundial, somos madres, luchadoras, trabajadoras, inteligentes, activas, sin embargo, seguimos sin tener suficiente representación en la vida pública.

Cuando el día 22 de noviembre de 1909, en Nueva York, Clara Lemlich pidió la palabra no sabía que iba a cambiar la historia, ni que un año después, en 1910, a propuesta de Clara Zetkin, se proclamaría el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer.

Hoy, ya en 2021, y un año después de la polémica generada por la derecha y la ultraderecha contra las manifestaciones del 8M celebradas antes de decretarse el estado de alarma, el feminismo vuelve a estar en el ojo del huracán.

Una vez más, las mujeres salimos peor paradas de la crisis social, económica y sanitaria que nos azota

Este 8M, con el coronavirus declarado como pandemia mundial, y mientras la derecha de nuevo protesta cuando se trata de defender los derechos de las mujeres, el movimiento feminista intenta adaptarse a las restricciones impuestas por la COVID-19 para no perder fuerza ni impulso.

Si analizamos lo ocurrido en este último año, vemos que una vez más, las mujeres salimos peor paradas de la crisis social, económica y sanitaria que nos azota por nuestra mayor exposición a los sectores más afectados.

En primer lugar, las mujeres constituyen más del 70% de las trabajadoras del sistema sanitario y social, por lo que están más expuestas a la infección. Por otra parte, según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), las mujeres están mayoritariamente empleadas en un mercado laboral segregado, de peor calidad y más precario, lo que disminuye sus recursos económicos para afrontar la crisis y las deja en una situación especialmente vulnerable.

En segundo lugar, los cuidados recaen mayoritariamente en ellas, que asumen mayor carga en las tareas domésticas y el cuidado de menores, en particular con el cierre de los colegios.

En tercer lugar, la violencia de género se ve agravada en contextos de confinamiento como el actual, en los que las mujeres se ven obligadas a convivir con su agresor.

La COVID-19 ha puesto más de manifiesto, si cabe, la necesidad de seguir reivindicando

Por último, en un contexto de destrucción de empleo, al partir de una situación de desigualdad en el mercado de trabajo, el porcentaje de mujeres que perderán su empleo será mucho mayor que el de hombres y también les resultará más difícil reincorporarse al mercado laboral.

Las mujeres somos más de la mitad de la población mundial, somos madres, luchadoras, trabajadoras, inteligentes, activas, sin embargo, seguimos sin tener suficiente representación en la vida pública y la toma de decisiones, tal y como refleja el reciente informe del Secretario General de las Naciones Unidas. Las mujeres son jefas de Estado o de gobierno en 22 países, y únicamente el 24,9% de los parlamentarios nacionales son mujeres. Sólo el 21% de quienes ocuparon ministerios fueron mujeres, y con un aumento anual de apenas el 0,52 %, no se alcanzará la paridad de género en los cargos a nivel ministerial antes de 2077.

Además, las mujeres se encuentran al frente de la batalla contra la Covid-19, como trabajadoras del sector de la salud, como científicas, médicas y cuidadoras, y, no obstante, ganan un 11% menos que sus homólogos masculinos.

Quizás estos datos deberían servir para preguntarnos en qué estamos fallando como sociedad y fomentar una educación en igualdad, concienciando a las nuevas generaciones en el reconocimiento de derechos y libertades, porque la educación es el instrumento más fuerte y potente para la erradicación de la desigualdad.

La COVID-19 ha puesto más de manifiesto, si cabe, la necesidad de seguir reivindicando. La violencia de género, la precariedad, el mayor desempleo femenino, la brecha salarial, la discriminación en las pensiones, la escasa presencia de las mujeres en puestos de responsabilidad, o los problemas de conciliación entre la vida personal, laboral y familiar señalan que debemos exigir nuestros derechos, exigimos porque tenemos derecho a exigir y porque si no peleamos nuestros derechos, no se nos conceden.

Este año, seguiremos luchando, reivindicando y exigiendo, y cada una de nosotras decidirá si va a participar o no en las convocatorias existentes, pero debemos mantener la máxima prudencia y ser estrictas en el cumplimiento de las medidas sanitarias decretadas, por nuestra salud y por el bien de todos. Nuestra lucha no es sólo el 8M, nuestra lucha es todos los días del año.

Exigimos porque tenemos derecho a exigir
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