viernes. 24.05.2024

Vale todo menos lo mismo

La autocrítica por no haber elegido a los mejores es poderosamente sana a la hora de quedarse en paz con uno mismo. Rectificar es de sabios, y evitar el sufrimiento colectivo de soportar mediocres e inútiles también es muy loable en términos de solidaridad y convivencia

Como somos animales tercos y orgullosos, tenemos la endiablada tendencia a repetir los errores que nos hunden en la miseria. El regocijo insano en el fracaso nos hace perder la perspectiva del camino que nos ha llevado al fango. Y tras cada caída, viene otra. Así una vez y otra y otra. ¿Que nos echamos pareja y no funciona? Pues nos separamos y buscamos otra idéntica a la anterior para volver a sufrir. ¿Que hacemos un favor y no nos dan ni las gracias? Pues hacemos otro en cuanto nos lo pidan para recibir otra pedorreta. ¿Que salvamos el culo a un compañero de trabajo y nos comemos nosotros el marrón? Pues en cuanto haya otro lío en la empresa allá vamos al rescate para que nos lo endosen. ¿Que votamos al más inútil para ser alcalde o presidente de la Comunidad Autónoma? Pues a los cuatros años volvemos a votarle para que nos siga dando por el saco. Hasta el infinito y más allá.

La ciudad y la región viven en un permanente día de la marmota, arrugándose y empobreciéndose a ritmo constante

Ejemplos no faltan. Ahí están, por decir algo, Igual y Revilla. Cada uno con sus carencias intelectuales, sus insolvencias sociales y sus pobrezas políticas. Cada uno peor que el otro, y viceversa, haciendo el ridículo en su ámbito de gobierno y maltratando a la ciudadanía, inasequibles al desaliento, ocurrencia tras ocurrencia. Ni Santander ni Cantabria están mejor que antes de que ellos llegaran a consumirnos la paciencia. Al contrario, cada día que ha pasado desde que las abstenciones y las mayorías amasadas en despachos les hicieron lo que parecen, todo ha ido a peor. Y además se nota. La ciudad y la región viven en un permanente día de la marmota, arrugándose y empobreciéndose a ritmo constante. El empeño de ambos líderes de la miseria por hundir cualquier perspectiva de futuro es directamente proporcional a su incapacidad contrastada para algo diferente de eso.

Es verdad que a estos dos dirigentes de circo les han elegido libremente los ciudadanos en votaciones democráticas. Ocupan sus responsabilidades con toda la legitimidad del mundo, y eso no puede discutirse. Pero la democracia que los pone no obliga ni a dejar de señalar el error que ha sido ponerlos ni a seguir poniéndolos. La autocrítica por no haber elegido a los mejores es poderosamente sana a la hora de quedarse en paz con uno mismo. Rectificar es de sabios, y evitar el sufrimiento colectivo de soportar mediocres e inútiles también es muy loable en términos de solidaridad y convivencia. Igual y Revilla han sido una engañifa sin paliativos como gobernantes, y reconocer eso y hacer propósito de enmienda es una justa labor para que las cosas en cada sitio no sigan camino del vertedero.

Cuando el domingo 28 caigan los sobres en las urnas, por Dios que estos dos elementos no sean los que más votos consigan. Y si los consiguen, por Dios que el resto de mindundis locales y autonómicos sean capaces de ponerse de acuerdo para mandarles al purgatorio de la política. Y si hay acuerdo, por Dios que el olvido se los coma con patatas más antes que tarde. Igual y Revilla comparten el dudoso honor de ser de lo peorcito que le han podido pasar a una ciudad y a una región que se merecen más. Que cada uno vote lo que quiera, faltaría más. Pero que quien les vote lo haga después de preguntarse si el resto de la sufrida ciudadanía se merece cuatro años más de incapacidades y despropósitos. Que piense en su futuro, y en el de los suyos, en una tierra devastada por la incompetencia y la torpeza. Hablando de Igual y de Revilla ya no vale que vale todo. Sólo vale si no es lo mismo.

Vale todo menos lo mismo
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