viernes 21/1/22

España, camisa blanca...

España es un circo permanente, incapaz de salir del lodazal cotidiano de la sinsustancia y la vacuidad, donde triunfa de tal manera lo banal y lo innecesario que podríamos darnos por absolutamente prescindibles y desaparecer del mapa de un día para otro sin que casi nadie se diera cuenta

Vaya por delante, para atenuar enfados y evitar confusiones, que lo digo con respeto pero con igual convencimiento y contundencia: vivimos en un país de chiste. España es un circo permanente, incapaz de salir del lodazal cotidiano de la sinsustancia y la vacuidad, donde triunfa de tal manera lo banal y lo innecesario que podríamos darnos por absolutamente prescindibles y desaparecer del mapa de un día para otro sin que casi nadie se diera cuenta. Aquí están en primera fila, manejando los hilos de la nada en la que vivimos, los cortoplacistas, los mediocres y los envidiosos. Tantos que tenemos el futuro comprometido por décadas, si no por los tiempos de los tiempos... Estamos abocados, inexorablemente, al fracaso social más absoluto, y a la ruina. 

Cómo se explica si no que en el trámite para aprobar los Presupuesto del Estado para 2022, que es la ley que materializa la política del gobierno y da entidad a su acción y a su propia existencia, la exigencia de que una plataforma de televisión de pago incluya un 6% de sus productos en una lengua autonómica haya sido un punto de inflexión, y su aceptación o no, la posibilidad de dar al traste con las cuentas. 43.000 millones de euros en inversiones han estado colgando del hilo de Netflix durante días, como si se estuviera hablando de cuándo conviene más el estreno de la 3ª temporada de The Crown, o si es mejor el lunes o el martes para ponerla. Por muy respetable que sea la petición, hacer depender el beneficio de todos de algo tan raquítico y sectorial en términos colectivos es un poco una chuscada egoísta y cortoplacista. 

Tampoco ayudan al desafuero nacional y al ridículo más palmario esas declaraciones de una señora del PP (que podrían haber sido de un señor, ojo, que la tontería no entiende de sexos) de que la reunión del Papa con una vicepresidenta del Gobierno es una cumbre comunista. Si no lo hubiera leído en la prensa seria hubiera pensado que era un chiste del Club de la Comedia. En realidad, manifestaciones así retratan la altura de miras y la calidad intelectual de toda esa gente que nos pide que les dejemos llevarnos las cosas porque nosotros, pobres, no damos para mucho, pero ellos sí, a la vista está. La sandez no sólo pone al aire el sentido patrimonial que tiene la derecha de la Iglesia, sino que demuestra crudamente que la imbecilidad institucional, sectaria y cateta, no tiene límites. 

Dicen los que me conocen íntimamente que tiendo al catastrofismo, la exageración y una visión en extremo negativa de la realidad

Y el colofón a toda esta desgracia que inexorablemente empuja el barco contra los acantilados, es lo de los 11 millones de luces de Navidad por 930.000 euros del alcalde de Vigo, ese remedo en gallego del populismo equino y rancio del presidente Revilla. Abel Caballero es un friki que se ha creído de verdad que una competición con Nueva York por ver quién pone más bombillas por la calle tiene gracia y lleva, además, a alguna parte. Esta alegría con la que se gasta el dinero público, por más que se justifique por las fechas y el ambiente festivo que, por narices, deben tener las Navidades, es muy de nuestros gobernantes, sobre todo de los más absurdos, que no tienen empacho ninguno en mostrar bien a las claras la zozobra mental en la que se desenvuelven. 

El panorama es desalentador. Dicen los que me conocen íntimamente que tiendo al catastrofismo, la exageración y una visión en extremo negativa de la realidad. Yo prefiero pensar que percibo las cosas en el color del que son, sin toda esa capa pringosa de rojos, amarillos y verdes que la transforman en lo que cuatro iluminados pretenden que sea, y que con la mascarada hacen más llevadera a la mayoría el discurrir de la vida. Feliz 2022, por cierto. 

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