martes 26/10/21

Electrizante...

El esfuerzo del gobierno por convencernos de que este no parar del precio de la electricidad es solamente flor de un día, y que en nada lo van a bajar, sin decir quién ni cómo, no cuela.

Los precios de la electricidad se han puesto al nivel del de las sortijas de brillantes de Cartier. Yo no consigo entender la factura, ni la de ahora que dicen que es más sencilla, ni la de antes, que por lo visto no lo era. Algunos conceptos son muy técnicos, y otros no encajan con lo que se espera de un recibo de energía. Estamos acostumbrados a la simplicidad de los tickets del supermercado, y al raquitismo ideal de las nóminas, así que alcanzar lo que dicen las compañías que les debemos y por qué se lo debemos se hace una labor titánica, intelectualmente agotadora. Lo único fácil de discernir sin duda alguna es el pastizal a pagar, y, claro está, esta fusión del saber con el no comprender es generadora de mucha frustración y de mucha rabia. Que se ponga delante de las filas de los frustrados consumidores el que no se haya acordado algún mes de las madres y de los padres de los dueños de las eléctricas al abrir el sobre con el monto del consumo.

Tampoco ayuda mucho que a diario nos cuenten a cuánto está el kilovatio/hora, y la de veces que su valor es el más alto de la historia. Que por cierto, ¿qué es un kilovatio/hora?. Porque hemos asumido la unidad de medida, como que sabemos cómo se llega a ella, con la misma normalidad con la que los expertos del todo que salen en los matinales de la tele hacen deducciones y dan explicaciones sobre las tensiones del mercado eléctrico. En ese alza sin fin, además, cada día es histórico, lo que termina resultando un sinsentido ridículo y reiterativo que solamente provoca más estupor y más mala hostia en los usuarios, que a la fuerza de querer vivir en el siglo XXI (luz, nevera, lavadora, ordenador, televisor, cepillo de dientes eléctrico...) somos todos.

La utilización partidista del asunto, que usan unos y otros para ponerse a escurrir y pretenderse más sociales que los demás, no mejoran el panorama

El esfuerzo del gobierno por convencernos de que este no parar del precio de la electricidad es solamente flor de un día, y que en nada lo van a bajar, sin decir quién ni cómo, no cuela. Porque de seguido del discurso lastimero y populista sobre lo cara que está la luz y lo mucho que entienden el enfado ciudadano, que es un sinsentido teniendo como tienen ellos la sartén por el mango de la regulación, desglosan medidas para abaratarla que, como el recibo o lo de los kilovatios/hora, no hay un Dios que comprenda: subastas, reordenación de conceptos, congelación de beneficios (¿sin contar con los dueños de los molinos?)... La utilización partidista del asunto, que usan unos y otros para ponerse a escurrir y pretenderse más sociales que los demás, no mejoran el panorama. La chispa de la mesura no prende, probablemente porque sale a un coste prohibitivo.

Y mientras vamos sumando efemérides a precios y medidas, y los políticos lo hacen a la demagogia, que sí que sale barata, los gestores de las compañías eléctricas se frotan las manos echando cuentas del dividendo que se van a repartir a la salud de nuestra cartera, tan pichis, seguramente descojonándose de la risa mientras escuchan las ocurrencias al respecto de los economistas de plató y de los tertulianos con multiconocimientos. O las propuestas de las izquierdas sobre nacionalizaciones y creación de empresas propias al tiempo que las derechas defienden mejor su beneficio que como lo hacen sus propios abogados y gabinetes de prensa. Así es la vida, un carrusel de sinsentidos e insensateces que pagamos a tocateja los pringados de siempre.

(PD. Espero que no me cobren por el título del artículo)
 

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