sábado. 04.02.2023

El año del conejo

Es año electoral, muy electoral, y eso en términos emocionales es una fatalidad enorme.

Feliz 2023. 

Este es el año chino del conejo del agua, que parece ser que los chinos clasifican los conejos como si fueran elementos de la naturaleza. Confieso que sigo con interés la elección que hacen del bicho que identifica cada uno de sus años. Como lo hacen todo tan vistoso, las representaciones gráficas del animal escogido suelen ser muy chulas, pintados con esos colores vivos que usan para todo.

Los chinos tienen un gusto estético tan especial y tan diferente al nuestro que resulta fascinante. Cuando nosotros usamos juntos el rojo y el dorado sólo parimos horteradas imposibles, que encima pretendemos hacer pasar por creaciones de vanguardia. Cuando los usan los chinos en decoraciones o para vestirse, les salen unas cosas muy chulas que les quedan bonitas puestas en cualquier sitio. China hace sus cambios de año más divertidos que nosotros, que seguimos usando almanaques de pared y de escritorio con el santoral diario mientras ellos salen a la calle con dragones y tienen un animal para celebrar todo el año.

Los chinos tienen un gusto estético tan especial y tan diferente al nuestro que resulta fascinante

Este año se presenta jodido. Me contaba un compañero de trabajo que el chino que regenta el bar donde suele parar de vez en cuando le ha dicho que el conejo es malo, muy malo. Y seguro que lleva razón. Los ciudadanos chinos han demostrado que tienen un sexto sentido para intuir las desgracias. Mientras nosotros hacíamos chistes con la COVID en febrero de 2020, ellos estaban cerrando las tiendas y refugiándose en casa. Que cada vez que veo yo que la que regenta uno junto a mi casa no está abierta cuando suele, me recorre un escalofrío la espalda y me pongo en lo peor. Y tiene pinta de que el buen chino lleva razón.

Es año electoral, muy electoral, y eso en términos emocionales es una fatalidad enorme. Si ya de diario aguantar el teatrillo político y sus dramáticas consecuencias en nuestra vida es un sufrimiento, escucharles las panfletadas en campaña y pasar por tontos mientras vuelven a tratar de engañarnos se hace un calvario que ríete tú del del Gólgota. A veces ser ciudadano en democracia no está suficientemente pagado.

En mayo elegimos quién nos destroza la ciudad hasta 2027, que por cierto es el año de la cabra, que no se yo si es buena o mala, pero tiene cuernos y mocha. Si en estos días las aceras de tu barrio no están levantadas, date por jodido, porque hasta enero de entonces no habrá otra oportunidad de que las reparen. Así funciona esto. Si repite el que está, allá irá la misma porque sólo saben tocar una canción.

Y si llega el de enfrente, parecido pero con otros músicos en las fiestas patronales. Lo cotidiano es tan cotidiano que podría ser alcalde el conejo del agua chino, que nos iba a dar un poco lo mismo. Y a finales de año nos jugamos el que sube las pensiones y el SMI y se inventa subsidios y ayudas para que no suba el IPC. O sea, o un circo de tres pistas con payasos de los de siempre, o un circo de tres pistas sin payasos pero con animales vivos, como la cabra del año chino del 2027. Otro sindios doloroso y triste.

En mayo elegimos quién nos destroza la ciudad hasta 2027

China es una dictadura que no celebra elecciones. Le ponen nombres de animales a los años, pero a sus dirigentes no los eligen libremente. Nosotros sí que votamos, y nuestros años son los años del Señor. Pero al final, la mecánica de nuestras vidas no es tan diferente. Ni lo es nuestro infortunio. Los que mandan nos engañan, nos manipulan, nos insultan, nos roban y se ríen de nosotros a mandíbula batiente.

Y aquí estamos, tan campantes pagando cada día más por lo que comemos y tragando explicaciones de por qué lo hacemos y hasta cuándo lo haremos. Los chinos pueden echarle la culpa al conejo del agua, por ejemplo, pero nosotros no. Ni siquiera podemos vestirnos con capas rojas y doradas sin hacer el ridículo. 

El año del conejo
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