miércoles 1/12/21

Una moción de censura para dignificar la política

Una moción que sirva para poner fin a un gobierno salpicado de forma directa por las polémicas y la corrupción y que ya ha tenido que cesar a más de un Ministro por estos temas. Una moción de censura que recupere la imagen de España y elimine cualquier mácula. Pero, sobre todo, una moción de censura que coloque a cada cuál en su lugar.

El título es tan triste como cierto. A esto es a lo que nos han arrastrado. Tenemos encima de la mesa la moción de censura presentada por el PSOE contra el Gobierno de Mariano Rajoy; un momento clave en esta legislatura que podría y, en mi opinión, debería marcar el fin de la misma.

En un país democrático, una sentencia como la que ha sido dictada tras el caso Gürtel, debería remover los cimientos del propio sistema. No habrá un solo país, al menos europeo, que fuera capaz de mantener ni un solo día en el Gobierno a un partido que haya sido condenado a título lucrativo de un caso de corrupción.

Estamos ante una sentencia que dice que el Partido Popular se benefició directamente de la corrupción en la que estaban implicados sus miembros

Es decir, estamos ante una sentencia que dice que el Partido Popular se benefició directamente de la corrupción en la que estaban implicados sus miembros. Desde el ex Senador por Cantabria, Luis Bárcenas, hasta la ex Ministra de Sanidad, Ana Mato, pasando por concejales, alcaldes, consejeros autonómicos y diputados. Una trama de corrupción generalizada, con una cúspide situada en la madrileña calle Génova.

Esto es, precisamente, lo que nos hace recordar el viejo eslogan de “Spain is different”. No sé si será coincidencia que este eslogan lo lanzara en los años sesenta Manuel Fraga, a la sazón, fundador del embrión del propio PP.

Desde luego, España es diferente. El primer movimiento del Partido Popular tras convertirse en el primer partido político condenado en un caso de corrupción en nuestra actual democracia fue no moverse. No hacer absolutamente nada. Fiel reflejo de la filosofía de M. Rajoy, la persona que lo dirige, cuya máxima es que los problemas, si no actúas, acaban desapareciendo.

Sin embargo, el Partido Socialista, tras dejar un prudencial margen de 24 horas para ver cuál sería la reacción del Gobierno y observar, atónito, que no era ninguna, decidió dar este paso. Arriesgado, pero necesario. 

Una moción de censura que recupere la dignidad, la limpieza y la credibilidad de las instituciones públicas. Una moción que sirva para poner fin a un gobierno salpicado de forma directa por las polémicas y la corrupción y que ya ha tenido que cesar a más de un Ministro por estos temas. Una moción de censura que recupere la imagen de España y elimine cualquier mácula. Pero, sobre todo, una moción de censura que coloque a cada cuál en su lugar.

En este debate se caerán las caretas y los partidos y sus políticos deberán pronunciarse sobre qué es lo que quieren para el país

El Partido Popular ya ha puesto toda la carne en el asador. Han desempolvado las viejas arengas franquistas para calificar a los que defienden la moción de censura como “enemigos de España” (María Dolores de Cospedal, Ministra de Defensa, dixit). Han lanzado al Ministro de Justicia a decir barbaridades como que la condena a título lucrativo por un proceso de corrupción sobre el Partido Popular no tiene nada que ver con la corrupción. Y, después, Rafael Hernando, que se comenta solo.

Pero el foco está en otro lugar. En este debate se caerán las caretas y los partidos y sus políticos deberán pronunciarse sobre qué es lo que quieren para el país, si mantener a este gobierno en el poder o si, por el contrario, quieren la regeneración que decían venir a traer a las instituciones. Deberán elegir entre devolver la limpieza al Gobierno o perderse en cálculos electorales. Aquí es donde cada cuál se pondrá ante el espejo, porque ya no es tiempo de discursos atractivos pero vacíos. Especialmente Ciudadanos, que tendrá que poner a prueba su “veletismo” político, un partido que ya ha cambiado tres veces de criterio respecto a la moción en tan solo una semana.

Primero dijeron que la apoyarían. Después, pese a llamarse a sí mismos “partido constitucionalista” pretendieron hacer dos movimientos inconstitucionales como cambiar al candidato de una moción ya presentada o convertirla en una “moción instrumental”, término jurídico que no existe y que, sinceramente, a mí me recuerda a tener una orquesta, como la del Titanic, tocando mientras España se hunde en la ignonimia. Por último, decidieron que no, que no apoyarán tal moción, fundamentalmente porque no los beneficiaría electoralmente, aunque esto no lo dicen. 

De todas formas, aún quedan unas horas para que el viento vuelva a cambiar, empujado por las corrientes de los demás partidos políticos, los pensionistas, sindicatos y otros colectivos que están pidiendo que la moción salga adelante.

Dicen que la esperanza es lo último que se pierde. ¿Quedaría esperanza si se perdiera la moción de censura?

Una moción de censura para dignificar la política
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