lunes. 22.04.2024

Le llamaban Mataperros

Los motes se pueden generar en cualquier momento. Por ejemplo: iba Luis de caza y uno de sus perros le mordió la pierna. Fue Luis y le mató. Y lo contó. A partir de ahí fue Luis el “Mataperros” para siempre.

En los pueblos lo saben bien. Las familias tienen motes que cubren como un manto a todos: familia cercana y lejana. Durante generaciones. No suelen ser motes para enseñorearse con ellos. Más bien suelen arrastrar alguna vivencia chunga, un mal momento, un trabajo miserable… Y casi siempre una venganza velada por aquel que se encarga del lanzamiento y primera distribución del mote. Y ya arrastras con ello toda la vida; normalmente no te lo mencionan a la cara pero cuando no estás ya se sabe.

Ahí va una frase de esas que se escucha en la tienda local: “Oye, que parece que se casan María la del Porquero con Juan, de los Enterradores”. Esto es lenguaje en modo mote.

Aún sin ser experto en temas militares se ve claro que lo ocurrido es una invasión que ha devenido en una guerra porque los invadidos se defienden

Los motes se pueden generar en cualquier momento. Por ejemplo: iba Luis de caza y uno de sus perros le mordió la pierna. Fue Luis y le mató. Y lo contó. A partir de ahí fue Luis el “Mataperros” para siempre. Detrás, toda la saga familiar. Si lo llega a saber Luis habría solucionado el conflicto con el perro por la vía del diálogo u otra alternativa hubiera sido haberse callado. Podríamos pensar que son simplemente consecuencias de sus actos: haberlo hecho y haberlo contado.

En brillantes artículos y reflexiones que se encuentran en la buena prensa estamos empezando a entender los resultados que va a tener la invasión de Rusia sobre Ucrania. Aún sin ser experto en temas militares se ve claro que lo ocurrido es una invasión que ha devenido en una guerra porque los invadidos se defienden. Y Rusia, tras mucho sufrimiento por los dos bandos, perderá y se tornarán los ojos hacia el visionario capaz de impulsar semejante desastre.

También parece lógico pensar que Estados Unidos irá regulando la información de los espías (decía Napoleón: «un espía en el lugar adecuado vale más que veinte mil hombres en el campo de batalla»") así como carros de combate, misiles y drones, para frenar esa invasión, forzar retirada y expulsión final salvo acuerdos de conveniencia de última hora. Algo parecido a lo ocurrido cuando dotó de última tecnología de combate de guerrilla a los afganos y finalmente forzaron a los rusos a salir del país.

No cabe duda de que hoy, todavía, Moscú significa algo importante en la mente de los habitantes de lo que fue alguna República Soviética, sobre todo los que nacieron cuando la URSS era una realidad, hablan o entienden ruso… Pero para cuando la invasión de Ucrania acabe dejará en enorme descrédito no a ese inmenso país, sino a toda su clase política que de una forma u otra dio alas a la intervención.

España, en los tiempos recientes, ha salido beneficiada de la confusión internacional

Probablemente Rusia tendrá que enfrentar las consecuencias durante décadas en forma de retiradas de inversión, sanciones y el mote de ser país poco confiable para compartir visiones estratégicas, acuerdos de paz, acciones humanitarias, etc.

Además, se puede pensar que los pujantes países que son ex República Soviética olvidarán a la antigua metrópoli definitivamente y volverán sus ojos a ellos mismos y a Occidente, que si bien no apoya mucho tampoco les agobia; porque Occidente y sus democracias otorgan estabilidad, se respeta el  sistema judicial (en gran medida), la divisa propia es sagrada, son previsibles... Y eso atrae  inversión o, porque no decirlo, el dinero busca el refugio de lugares calmados, casi aburridos, sin sustos.

España, en los tiempos recientes, ha salido beneficiada de la confusión internacional. Ofrecemos, en alguna medida, aquello de lo que adolecen otros y eso atrae la inversión y está teniendo un peso evidente en  el  PIB. Es triste que nuestra prosperidad esté relacionada con las calamidades de otros, pero es así.

Por tanto, seguridad jurídica, protección de datos, seguridad en las calles, que la inversión inmobiliaria no se vea amenazada con impuestos cambiantes, protección al propietario y no al “okupa”; sujetar un poco a administradores locales que pretenden implantar su pequeño reino de taifas y desgajar el país…

Convendría pensar si compensa poner en riesgo el que “los capitales” sigan llegando simplemente por un puñado de votos. Miedo da pensar que nos cuelguen un mal mote, sacado de alguna frase feliz de algún recién llegado tipo: “los jarabe democrático” y seamos menos de fiar que algún vecino más comedido y menos interesado en su propia poltrona.

Le llamaban Mataperros
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