viernes. 14.06.2024

Aquí no hay horror

Quizá hoy necesitemos también eso, viajar a Rusia. O a Gaza. Sentiremos de pronto que España es diferente

Sorprenden a veces las similitudes entre el pasado y el presente. Ello no quiere decir, ni de lejos, que la historia sea una sustancia condenada a repetirse, aunque a veces, parafraseando a un insigne historiador del siglo XX, la historia no se repite, pero rima. Resulta una conclusión muy sugerente encontrar paralelismos en el hoy respecto del ayer, como si la humanidad, estúpidamente huérfana por voluntad propia, se aferrara a no recordar, que es lo mismo que no tener memoria. 

No hace falta salir de nuestras fronteras para darse cuenta de que el panorama es desolador: tramas con mascarillas, bloques de pisos ardiendo, políticos del esperpento, amnistías ilegales

Bien inserto en nuestras entrañas se halla un cliché por el cual España es harina de otro costal. El “así nos va” se ha convertido también en el lema de mi generación, aquella que, a punto de cumplir los 30, y como me recordaron hace escasos días, no tiene proyecto de vida porque para tenerlo es necesario asumir ciertos sacrificios. Tener una casa (propia o no), un coche, hijos, o esperanza a secas, se hace difícil cuando uno enciende el televisor y ve tantas miserias y tan pocas grandezas. No hace falta salir de nuestras fronteras para darse cuenta de que el panorama es desolador: tramas con mascarillas (que su existencia fuera limitada cuando se compraron, nos da igual, porque la pandemia forma parte ya de otra vida), bloques de pisos ardiendo, políticos del esperpento, amnistías ilegales (dicen quienes no conocen nuestra historia), e incluso intelectuales que reniegan de su misma esencia en favor de la democracia y, por supuesto, contra la dictadura (todavía me pregunto cuál, porque Franco murió muchos años atrás, algo que por cierto repiten incansablemente, para que le dejemos descansar, supongo). 

No. Contra todo pronóstico diré que no, España no es diferente. Ni lo era ayer ni lo es hoy. Hace ya dos siglos, en plena efervescencia romántica, un aristócrata francés como el marqués de Custine recomendaba a sus contemporáneos visitar otros lugares no ya para salir de la rutina, sino para conocer y comparar lo nuevo con lo conocido. A todo aquel que criticara la Francia del siglo XIX y sus miserias recomendaba el buen marqués viajar y vivir, por ejemplo, en Rusia. Después de una semana en el viejo imperio de los zares cualquier viajero sentía que como en casa no se estaba en ningún sitio. Quizá hoy necesitemos también eso, viajar a Rusia. O a Gaza. Sentiremos de pronto que España es diferente. Aquí no hay horror. 
 

Aquí no hay horror
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