jueves. 13.06.2024

Algo más sobre vivienda y alquiler

La creación del Ministerio de Vivienda en el año 1957 apuntó entre otras cosas urgentes a promover la vivienda en propiedad como vacuna preventiva contra la inestabilidad social

Hace ahora alrededor de dos años el gobierno de coalición aireaba la enésima política de vivienda. Como punto estrella dentro de la misma estaba el desideratum de avanzar hacia una política de alquiler acorde a los tiempos, según estimaba él... Si recuerdan dentro del gobierno no había una postura común respecto a cómo debería abordarse tan espinosa cuestión. Grosso modo el PSOE proponía reducciones fiscales a los caseros que cumplieran ciertas condicciones; el socio de gobierno apostaba por limitar el precio del alquiler con carácter general, poner un precio de referencia en las zonas tensionadas y desde ese punto congelar todo lo que estuviera por encima. Estaba claro que algo había que hacer tanto entonces como ahora, pero sospecho -y la realidad no lo desmiente- que ambos enfoques no dejaban de ser meras suturas de urgencia a un problema crónico que ningún gobierno, fuera del PSOE o del PP, se ha atrevido a encarar como merece durante los últimos, digamos, treinta y cinco años... Ambos se han limitado a fungir, como diría C. Marx de entusiasta consejo de administración de las arrogantes compañías de promoción residencial... Hace unos días, el Senado aprobó la flamante Ley por el Derecho a la Vivienda sin ningún retoque. Días antes el presidente del gobierno había puesto sobre la mesa el número de viviendas protegidas que pensaba sacar adelante; la cifra rondaba las cien mil; veremos, aunque no deje de causar estupefacción...

España, entre otras cosas, también es un país de propietarios de vivienda, de pequeños propietarios de vivienda

Veamos...; España, entre otras cosas, también es un país de propietarios de vivienda, de pequeños propietarios de vivienda; el índice de propiedad ronda el 80%, el más alto de Europa si exceptuamos los países que pertenecieron al bloque del Este donde tras el derrumbe de 1989 el Estado ofreció a la población la propiedad de la vivienda que llevaba habitando. Esta peculiaridad, es decir, ser un país de pequeños propietarios de vivienda puede que suene bien, pero si se considera con sosiego y desde una perspectiva histórica, puede que no suene tan bien.

Según J. M. Naredo, economista y miembro ya retirado del cuerpo de estadísticos del Estado: A mediados de los 50 España era un país en gran medida de inquilinos; las viviendas ocupadas por sus propietarios suponían sólo el 46% del total;este porcentaje era mucho menor en las grandes ciudades; por ejemplo, en Barcelona era sólo del 5%, en Madrid del 6% y en Bilbao del 12%. La creación del Ministerio de Vivienda en el año 1957 apuntó entre otras cosas urgentes a promover la vivienda en propiedad como vacuna preventiva contra la inestabilidad social; la población que se aventuraba y se hipotecaba con sumas importantes, debía pensárselo dos veces antes de lanzarse a la protesta. El éxito de esta política culminó medio siglo después con el estallido de la burbuja inmobiliaria. Sólo un continuismo digno de mejor causa en lo que concierne a esta política permitió cambiar una cultura del alquiler en favor de una basada en la propiedad. Está claro que si la situación se forzó en un sentido, también podría reorientarse en el otro...

Parece que  la situación ha cambiado poco o nada desde entonces, si acaso ha empeorado

Parece claro que el Ministerio de la Vivienda del Régimen al lanzar un plan habitacional tan necesario dadas las carencias del país, optó por un modelo, el de propiedad a cualquier precio, que ha servido de guía hasta el presente. Es decir, que recurriendo al refranero podría decirse que  de aquellos polvos estos lodos... Según recoge el INE en el último censo del año 2013, en España había alrededor de 3,4 millones de viviendas vacías; definiendo una vivienda vacía como: aquella que permanece sin ser habitada, está disponible para venta o alquiler o incluso está abandona.

De esa cantidad, alrededor 740.000 fueron construidas entre los años 2001 y 2011; alrededor de 100.000 tenían más de 50 años...; 520.000 estaban declaradas no aptas para habitar. Parece que  la situación ha cambiado poco o nada desde entonces, si acaso ha empeorado; además resulta que las oportunidades de enriquecimiento y especulación de aquellos años de fábula han menguado...; sólo pueden acceder a una vivienda en propiedad unos pocos; el resto, unos cuantos por convicción y los más porque no tienen más remedio se ven forzados al  alquiler; de aquí las tensiones en el mercado que vienen produciéndose en los últimos años...; y para solventar esta situación el Gobierno de coalición propone su flamante Ley por el Derecho a la Vivienda; lo que quiere decir que a uno se le concede el Derecho a la vivienda, pero  no se le concede el Poder de acceder a la vivienda que es lo que cuenta. Mucho me temo que, como se ha referido más arriba, esta Ley no sea más que otro parche de urgencia motivado por el momento electoral que no se dirige a la raíz del problema.

“Las ciudades que mejor regulan el mercado son las que disponen de vivienda pública en grandes cantidades...”. Así hablaban un urbanista y una economista de la Universidad de Viena en la entrevista que eldiario.es les hacía el 12 de Marzo del año 2021 al abordar el problema de la vivienda pública y el alquiler. Y parece que sabían de lo que hablaban pues no en vano viven en una ciudad que es ejemplo en cuanto al tratamiento inteligente del problema: alrededor del 45% del parque de vivienda es municipal en régimen de alquiler y para evitar que se consoliden la marginalidad y  los guetos se obliga a que los inquilinos sean de diferentes niveles de renta.

Por países, Holanda se lleva la palma, con cerca del 30% del parque de titularidad pública; le siguen Austria con el 24%, Dinamarca con el 20%, Reino Unido con el 17,5% y Francia con el 16,8%;  España apenas raspa el 1,8%, lo que viene a significar unas 290.000 viviendas; desde principios de los 90 la construcción de vivienda pública ha sido testimonial, casi inexistente; además se ha permitido que quienes accedían a ellas pudieran venderlas, más tarde,  a precio de mercado; es decir, se ha permitido una completa perversión del modelo público...

Levantar vivienda pública decente destinada al alquiler y sólo al alquiler no es cosa de hoy para mañana, lleva su tiempo

En la ciudad estado de Singapur, ejemplo de bonanza del capitalismo financiero, el suelo de la isla, 700 Km. cuadrados, pertenece al Estado; el 80% de la población vive en pisos de titularidad pública y el gobierno es el mayor promotor de viviendas.

Hay que volver a repetir la cita: “Las ciudades, los países, que mejor regulan el mercado son las que disponen de vivienda pública en grandes cantidades...”

¿Qué ha sucedido desde el anuncio, hace un par de años, de las tibias medidas para contener la subida de los precios del alquiler? Nada que haya contribuido a moderarlos; los alquileres han continuando subiendo y la oferta menguando; los caseros que no se vean empujados por la necesidad se resisten a poner sus viviendas en el mercado y cuando lo hacen, muchos de ellos, las ofrecen ya como alojamiento turístico; de esta forma pueden manejar a su gusto el precio, el tiempo de estancia y el tipo de inquilino.

Levantar vivienda pública decente destinada al alquiler y sólo al alquiler no es cosa de hoy para mañana, lleva su tiempo. Si la promesa del Gobierno de levantar cien mil viviendas se cumpliera, cifra ridícula dadas las necesidades de hoy, ¿cuando estarían listas?, calculen... Pero dado que en España hay vacantes un número nada desdeñable, ¿por qué no se piensa dos veces, o tres, con rigor, y se destinan los dineros que correspondan a ir adquiriendo (comprando a los propietarios) y rehabilitando las que vayan necesitándose...? El proceso se aceleraría bastante, no se destruiría más paisaje, y de paso el cariacontecido sector de la promoción residencial se rehabilitaría trabajando por una buena causa...

Es de lamentar, una vez más, que dentro del gobierno de coalición no haya la inteligencia, el sentido del tiempo, que siempre debe ser a largo plazo aunque las previsiones no se cumplan del todo, que suele ser lo habitual y sin embargo si abunde la consigna, el relato trillado, el recurso al entretenimiento, en resumen:  a la política del espectáculo...

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