viernes 24/9/21

Cincuenta canciones

Debajo del puente me encontré al tonto Simón, estaba muy celoso y solo se me ocurrió decir ¡devuélveme a mi chica! Entiendo que vivimos tiempo nuevos, tiempos salvajes pero no creo que te moleste si digo que estas divina.

Hola a todos. Bienvenidos.

Ya sé que son malos tiempos para la lírica pero hoy necesito contaros lo que le dije a mi nena.

Querida Milagros, escribo sobre un vidrio mojado tu nombre. No sé si es meterme en un jardín prohibido pero, ¿a quién le importa?

Mucha culpa es mía, lo sé, sin ti parece que vivo en Groenlandia y a veces voy a mil.

Aún recuerdo cuando grité una noche… ¡salta!, súbete a mi Cadillac solitario y vamos a la playa a ver cien gaviotas

Sí, chiquilla, te vi bailando y estabas como embrujada; me hubiera gustado pasar contigo toda la noche al calor del amor en un bar.

Cuando brille el sol quiero ir al Mediterráneo o a Maracaibo y buscarte mar adentro. Cómo hemos cambiado; tú ya no eres la chica de ayer, aquella que me decía: ¡no me beses en los labios! y yo te suplicaba... ¡anda, déjame!

Aún recuerdo cuando grité una noche… ¡salta!, súbete a mi Cadillac solitario y vamos a la playa a ver cien gaviotas.

Pero debajo del puente me encontré al tonto Simón, estaba muy celoso y solo se me ocurrió decir ¡devuélveme a mi chica! Entiendo que vivimos tiempo nuevos, tiempos salvajes pero no creo que te moleste si digo que estas divina.

El sábado estuve con tu amiga Mari Pili, hablando de ti, nos tomamos un bourbon juntos; siempre me pareció una chica formal. Ella me confesó que lo nuestro parecía una fotonovela y tenía la impresión de que estabas un poco desesperada.

Te pido por favor que no mires a los ojos de la gente, todo esto que escribo es por ti y a pesar de que siempre me dices que los chicos no lloran; sabes que te necesito y que me cuesta tanto olvidarte que hay días en los que me falta el aire.

Ni tú ni nadie podrá cambiar lo que siento, sé que son cosas de la edad pero quiero tener tu presencia y aunque algún día quedemos atrapados en el ascensor, mi dulce geisha, me apetece mirar esos ojos negros y decirte susurrando:… !NO PUEDO VIVIR SIN TI!

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