jueves 15/4/21

Así era mi barrio

Veo una lata redonda donde el panadero deja las pesetas y los duros mezclados con la harina, pero para dar las vueltas a veces saca del bolsillo de su camisa un fajo de billetes que yo miro con asombro.

Por mi barrio pasa mucha gente.

Pasa un señoruco muy mayor con boina y mandilón que viene andando desde Guarnizo haciendo sonar su armónica, es el afilador. Da la vuelta a su carro y me quedo mirando las chispas que produce al afilar el cuchillo o la varilla del paraguas.

Pasa también el camión de la basura con dos operarios subidos en la parte trasera del camión; estos de vez en cuando se bajan y tiran las bolsas que se dejan en el suelo justo al lado de la columna que esta frente a mi casa.

Para regocijo de los chavales del barrio que esperamos saborear el corte de nata o el polo de Avidesa, fiel a su cita, pasa el heladero en verano

Por mi calle pasa mucha gente; se oye venir al “chatarrero, trapero, lanero que compra de todo…” y hay veces que pasa también el ajero y un señor que vende manzanas.

Para regocijo de los chavales del barrio que esperamos saborear el corte de nata o el polo de Avidesa, fiel a su cita, pasa el heladero en verano y en cualquier época del año Castillo el carretero que trae a las casas ladrillos, un saco de cemento o lo que se necesite, en un carro tirado por una yegua. A veces nos deja subirnos a la parte trasera del carro llenándonos la culera del polvillo del carbón y llevándonos buenas reprimendas en casa.

Puntual llega el panadero a mi barrio, Eulogio más conocido como “Quichan” que se pasea con un carro como el de las películas de vaqueros con capota y su precioso caballo para anunciarnos su presencia usa una cuerna, una trompetilla cuyo sonido ya nos es familiar.

Años más tarde aparecía Liuco con su furgoneta azul y haciendo sonar el claxon; se para Liuco justo al lado del corrillo de vecinas que aprovechan su llegada para charlar un rato.

En ocasiones me toca comprar el pan a mí y me asomo a la ventanilla. Veo una lata redonda donde el panadero deja las pesetas y los duros mezclados con la harina, pero para dar las vueltas a veces saca del bolsillo de su camisa un fajo de billetes que yo miro con asombro. La furgoneta está llena de cuévanos grandes donde están los panes que Liuco saca con destreza casi sin girarse; lo mejor de todo unos palillos que me regala.

Pasa también los miércoles el butanero, Dámaso el lechero, el cobrador de La Propicia, el que mira el contador del agua y casi todos los días el cartero.

Por mi barrio pasa también Mary la pescadora, me encanta ver cómo las vecinas se asoman a las ventanas y preguntan… ” ¿Mari…qué trais…?” ella recita la lista: bocartes, palometa, bonito…

¿A cómo están los bocartes? puede ser otra de las preguntas. Al final si se está conforme con el género, las vecinas bajan con sus batas de guatiné y un plato de Duralex a comprar el pescado que Mary pesa en una romana llena de escamas con sus guantes azules depositando después la mercancía en el plato.

Es que por mi barrio pasa mucha gente.

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