domingo 26/9/21

Primavera silenciosa

Hoy nos asomamos a la ventana y sentimos los escalofríos que sintió Rachel aquella primavera, aquel silencio que no la dejaba dormir puebla ahora nuestras calles y nos hace añorar el jaleo de los niños y los pitidos de los coches, aquel silencio atronador se repite ahora en todas nuestras ciudades.

Hace ya 60 años, en una tarde de primavera, la bióloga Rachel Carson leía plácidamente un libro sentada en el patio de la casa de sus padres. Disfrutaba de la lectura en el pueblo donde pasó su infancia y al que había regresado años después para pasar sus vacaciones. Abstraída en la lectura y en la paz del lugar poco a poco se quedó dormida.

De repente, un sobresalto la hizo despertar horrorizada, algo no iba bien, algo era distinto ahora en su pueblo. No recordaba que en el patio de su casa jamás reinara la paz. No le habían asustado los estorninos escandalosos, ni los trinos de los gorriones que le despertaban cuando era niña. Le había despertado el silencio, y no hay nada terrible que el silencio. Ese despertar tan horrible en el que Carson descubrió que no había vida en su jardín fue el comienzo del ecologismo y el fin del DDT.

No es sencillo luchar contra el poder, y entonces como ahora Monsanto era el poder, pero lo cierto es que con el tiempo se impuso la razón, el DDT se prohibió

Por aquellos días los comerciales de Monsanto llevaban en su maleta un botecito con insectos y otro con DDT, visitaban al agricultor preocupado por las plagas y echaban una cucharita de polvos al botecito de insectos que morían irremediablemente. Consumada la matanza, para terminar de convencer al  cliente, con la misma cuchara ellos probaban una dosis de pesticida. ¡Ese milagro era inocuo para el hombre y letal para los pulgones!

La realidad era distinta, aquel veneno estaba acabando con toda la cadena trófica, no solo afectaba a unos tristes bichos, sino que los pájaros, los mamíferos y, como colofón, los seres humanos estaban en serio peligro.

A raíz de aquella siesta Rachel publicó 'Primavera silenciosa', un alegato contra los pesticidas que puso contra las cuerdas a más de una multinacional. Fue acusada de todo lo acusable. No es sencillo luchar contra el poder, y entonces como ahora Monsanto era el poder, pero lo cierto es que con el tiempo se impuso la razón, el DDT se prohibió, 'Primavera silenciosa' se convirtió en uno de los 25 libros más influyentes de la historia y los gorriones, poco a poco, volvieron al patio de Rachel.

Hoy nos asomamos a la ventana y sentimos los escalofríos que sintió Rachel aquella primavera, aquel silencio que no la dejaba dormir puebla ahora nuestras calles y nos hace añorar el jaleo de los niños y los pitidos de los coches, aquel silencio atronador se repite ahora en todas nuestras ciudades.

Desde nuestro rincón nos informamos a base de “me han dichos” de faceboock y miramos con desprecio a los que están al frente

La reclusión forzada  en la que vivimos nos hace sacar el cuñado que llevamos dentro, nos convierte a todos en profetas de toro pasado, nos concede un título de epidemiólogos de whatsapp y nos da derecho a la crítica furibunda basada en nuestro nunca bien apreciado todosabismo. Todos lo vimos venir, todos hubiéramos hecho, todos hubiéramos prohibido…

Desde nuestro rincón nos informamos a base de “me han dichos” de faceboock y miramos con desprecio a los que están al frente ¡ellos son los culpables! ¡ellos lo sabían! ¡Qué sabrá ese doctor si no se depila las cejas! Atacamos sin piedad al que se tropieza mientras hace camino al andar, nos quedamos en lo que no supimos hacer ayer sin ver lo que no supimos hacer durante los últimos diez años.

Como el silencio nos perturba, a las ocho de la tarde lo rompemos. Nos dejamos las manos aplaudiendo a los mismos médicos a quienes ignorábamos cuando denunciaban los recortes, aplaudimos a la misma ambulancia conducida por el trabajador que hace tan solo diez días denunciaba su precariedad, felicitamos a la cajera del súper que sueña con ser mileurista, nos emocionamos con el maestro interino que canta mientras trata de captar la atención de nuestros hijos… Esos son nuestros héroes, los que nunca lo fueron y los que cuando, vuelva el ruido, dejarán de serlo.

Después del aplauso nos pasamos unos whatsapp en los que pedimos la perpetua para el ministro de Sanidad y proponemos para el puesto al Spiriman de turno, el mismo que antes de ayer llamaba subnormales a los que se quedaban en casa, ¡ese sí que sabe!

No veremos que más allá de una crisis sanitaria lo que vivimos en nuestras carnes fue una crisis del sistema neoliberal

En estas tardes de silencio, soñamos con una mascarilla en un país incapaz de producirlas porque a alguien le pareció buena idea abaratar costes fabricándolas en China. Retuiteamos a los liberales, ahora keynesianos, pedir que se contraten a los 10.000 médicos que ellos despidieron. Damos me gusta al taxista que lleva gratis a los médicos al hospital… ese mismo taxista al que odiamos hace tres meses, ¿ya no te acuerdas?

Así pasamos los días mientras esperamos, por fin, salir a la calle. Ese día tomaremos cervezas y nos abrazaremos, y cuando por fin salgamos, como los agricultores de los sesenta, nos pondremos del lado del que nos envenenó, no veremos que más allá de una crisis sanitaria lo que vivimos en nuestras carnes fue una crisis del sistema neoliberal. En los años 60 hizo falta que llegara el silencio más absoluto para que la sociedad despertara, ¡que el silencio nos despierte ahora también!

No pidamos cuentas, ni a los de ahora, ni a los de antes. Pero pongamos fin a la deriva, cojamos, esta vez sí, la pancarta de la sanidad, la de la dependencia, la de la educación pública, la del salario digno… Pongamos para siempre la tela en las batas de los médicos, porque esa tela es la que hace grande mi patria y no la que ondea en lo alto de un mástil. No esperemos a que lo hagan por nosotros, no sigamos durmiendo cuando esto acabe.

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