martes 26/10/21

Narcipandemia

Una pandemia de insustancialidad profunda está infectando a la población de este país. Mientras los políticos ocupan la mayor parte de sus esfuerzos en pelearse por los likes y las estadísticas de popularidad, la democracia se asfixia

A nadie le parece raro que el análisis de los resultados de las últimas elecciones se centre en la campaña electoral, despreciando la valoración del trabajo desarrollado por el gobierno y la oposición hasta los comicios. Nuestros sesudos analistas vienen a decirnos que, a la hora de votar, lo último ya no sirve para nada. Que a la gente no le interesa el contenido, sino lo llamativo –y divertido– del envoltorio

En un análisis de las últimas elecciones en Madrid, el historiador e hispanista francés Benoit Pellistrandi advierte de la “extrema volatilidad” de los votantes, que ya no son “leales ni coherentes”, y votan “con las tripas”, en episodios extremos y cambiantes “de adhesión o ira”.

Vienen de una población infantilizada, a la que se malcrió imbuyéndole de derechos mientras no se le exigían los deberes sociales y políticos

La banalización de la responsabilidad política, tan bien representada por Trump, –un genio de la prestidigitación mediática, casi a la altura de Goebbels–, se va instalando en nuestro país a través de una caterva de gobernantes de todas las tendencias, que darían de comer durante años a una legión de especialistas en narcisismo patológico. Pero no surgen por generación espontánea: vienen de una población infantilizada, a la que se malcrió imbuyéndole de derechos mientras no se le exigían los deberes sociales y políticos de los que aquellos son inseparables.

Una pandemia de insustancialidad profunda está infectando a la población de este país. Mientras los políticos ocupan la mayor parte de sus esfuerzos en pelearse por los likes y las estadísticas de popularidad, la democracia se asfixia, a falta de mayorías con acceso a información de calidad, que garantice una visión objetiva de lo que sucede. La verdad es hoy un bien precioso y raro, insignificante frente a la abundancia de basura mediática que circula por unas redes sociales diseñadas para que cada cual solo escuche lo que quiere oír. Y pueda desahogar sus frustraciones y pataletas contra quienes piensan diferente.

Nos invade una pandemia para la que no existe vacuna, sino todo lo contrario. Cualquier día alcanzaremos la por muchos ansiada Imbecilidad de Rebaño, y ya no habrá reversión posible. Eso sí, a partir de entonces, todo será más simple. Y, sobre todo, nos tendrán más entretenidos.
  
 

Comentarios