martes. 23.04.2024

El relato falso del dinero familiar incluso con ocio a tope

En contraposición a los datos que muestra el Gobierno y la imagen de la vida en las calles con un ocio y consumo que no delatan crisis, nadie diría que en España crece vertiginosamente la pobreza y la desigualdad. Como quiera que son afirmaciones que no gusta aceptar, dentro de este relato falso con el que se cuenta la nueva sociedad, me apoyaré en que es la conclusión a la que llega el Banco de España. Ni las vacaciones, viajes continuos y restaurantes llenos reflejan tampoco esta realidad. En cambio, sí la conocen bien los Bancos de Alimentos, que no dan abasto, a la hora de ejercer su ayuda a tantas y tantas familias como lo demandan.

La economía real o cómo está en realidad el bolsillo de los ciudadanos, es en España un relato falso, alterado, a medias, por el poder y los medios de comunicación. La acomodación de las Administraciones al mensaje oficial de que todo marcha bien, y que nuestro crecimiento está entre los mejores de la Unión Europea, se rompe también ante el rotundo aviso del Banco de España acerca de que la subida de las hipotecas y créditos, unida a los imposibles precios de los alimentos, han hecho vulnerables a los hogares, que dedican buena parte de sus ingresos a la cesta de la compra, y sin rechistar.

La calma chicha del consumidor español, que paga todo carísimo y calla, es digna de un estudio sociológico por parte de alguna importante universidad, mejor extranjera, por eso de la neutralidad y mayor búsqueda de objetividad. Esto último no lo digo por desmerecer lo nacional, pero es que los estudios que se hacen mayormente aquí destacan una buena macroeconomía (datos en conjunto de renta o empleo), parándose menos en la microeconomía, que trata sobre el coste de los recibos que no dejamos de pagar, mes a mes, y muchos hogares están ya colapsados en este sentido, al borde de tirar la toalla por no poder pagar ni lo que se come, ni lo que se consume para cocinarlo como es el gas o la electricidad.

Tanto a mí como muchas personas con las que acostumbro a intercambiar opiniones sobre diferentes temas, nos sorprende, mejor dicho, nos asombra, la forma que tienen de vivir las familias su escasez de dinero. Así es. Si bien el aceite se ha encarecido un 30,9%, la leche el queso o los huevos un 11,7, las legumbres y hortalizas un 11,4 o el agua mineral, refrescos y zumos un 13,1%, nadie diría que nos va mal ante el mantenimiento, sino incremento, del ocio en general. Nuestra conversación preferida no es el precio del café. Son más bien las vacaciones, los viajes y dedicarnos a llenar los restaurantes, donde cuesta encontrar mesa en cualquier lugar. Ahí también se va mucho dinero, bien porque los créditos al consumo se han hecho costumbre, o porque te gastas lo que no tienes a través de la tarjeta de crédito. Por cierto, el uso de estas últimas se ha incrementado peligrosamente, lo que refuerza aún más la idea que expongo hoy de que estamos viviendo por encima de nuestras posibilidades, algo muy español, de arriba abajo. Al billón y medio de deuda pública, hay que subrayar que en los últimos años el Gobierno la ha elevado en 376.000 millones más, también atendiendo a datos del Banco de España.

Asombra la forma de vivir las familias su escasez de dinero. Nuestra conversación no es el precio del café, son viajes y llenar restaurantes

Tirando de la misma fuente, resulta que, entre nosotros, sociedad mayormente mileurista (y si no que se lo digan los jóvenes con empleo que ni llegan a los mil mensuales), se incrementa la pobreza y desigualdad. Y mucha de la culpa la tiene lo caro que está todo, de forma imparable, además, con lo que uno ya duda   si el Gobierno no sabe o no quiere frenar esta locura con el aceite, los huevos y demás precios alimenticios.

A tenor del ambientazo que vemos por las calles, quién diría esto de la progresión imparable de la pobreza. O por los datos que ha arrojado el verano, donde el lleno se ha producido en todas partes. Claro que luego sale a colación lo de los miles de pisos turísticos ilegales, y que una vez ocupados se tira más de la compra en supermercado que de la consumición en la hostelería. Ahora parece que, de cara a vacacionar en cualquier mes del año, les ha dado a muchos ciudadanos por alquilar sus casas, habitaciones o pisos vacíos, pero sin pagar a Hacienda, como si hacen hoteles, casas rurales y restaurantes. En conclusión, que los resultados del veraneo han sido bestiales, pero más para unos que para otros, y encima han aparecido nuevos problemas a los que ya teníamos como los pisos ilegales y el turismofobia, que crece en muchas ciudades que no han visto venir el problema, aunque tampoco harán nada al respecto, al menos a medio plazo.

Para demostrar de verdad el crecimiento de la pobreza, que no sale en los noticiarios, solo habría que preguntar a los Bancos de Alimentos

Para demostrar de verdad el crecimiento de la pobreza, aunque es algo que no sale en los noticiarios, solo habría que preguntar a los responsables de los Bancos de Alimentos, a Cáritas o a tantas oenegés que están poniendo todo de su parte para que muchas personas no pierdan su casa al no poder pagar la hipoteca, y que de igual manera echan una mano con los gastos de la vuelta al colegio y el precio de los libros y los materiales educativos, también todos al alza, faltaría más. Por eso digo, y digo bien, que una cosa es el aspecto de nuestras ciudades a la hora del aperitivo, el café o chiquiteo antes de que caiga la noche, y otra muy distinta la economía real, la de las familias, tan difícil hoy de mantener, y demasiado comprometida ante su falta abrumadora de liquidez. Veremos mejor la foto, mala, del 2024 en adelante, pero ya será demasiado tarde para muchas personas.

El relato falso del dinero familiar incluso con ocio a tope
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