jueves. 18.04.2024

Reaccionar o no ante la calidad democrática, pero debate hay

Hasta las democracias tienen clasificación. Va de plena a autoritaria, pasando por imperfecta e híbrida. En la calidad democrática hay formas y maneras esenciales para darte una mejor o peor puntación en cuestiones de derechos y libertades. Está la cultura política sólida. Está la rigurosidad en el respeto a la separación de poderes. Y está el papel, libre y plural, que deben jugar los medios de comunicación. Para qué andarnos por las ramas, nosotros ahora suspendemos en todo esto, y encima el compromiso civil es nulo, pese a que crece el debate y con él la indignación al respecto

Aunque en España impera ahora hablar con la boca pequeña y uno se queja para adentro, que hace sufrir, pero no hacia fuera, que es lo que cunde, hay muchos ciudadanos que no encajan bien decisiones, dado el cariz de nula democracia que representan asuntos de mucho calado y trascendencia para el conjunto de la población. Así hay que ver el cambio en las leyes de malversación y sedición, para beneficio expreso de los partidos independentistas catalanes, y ahora estamos en un nuevo ataque a la justicia igualitaria para todos, con la idea de aprobar una amnistía y acordar un referéndum, para que aquella comunidad autónoma decida si se queda o se va de España.

Desde la misma transición y aprobación de la Constitución Española de 1978, todo esto era impensable que ocurriera, incluso que llegara a plantearse como exigencia y que parte principal, el Estado, aceptara semejantes compromisos. No resulta nada fácil opinar actualmente, pero estos dos asuntos, amnistía y referéndum, van a romper irremediablemente las costuras de un poder que se basa en una democracia parlamentaria, y sus tres pilares básicos como son el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Hoy impera básicamente el primero, ya que lo que se pretende, hiriendo gravemente a la democracia, es que los dos restantes queden en todo momento supeditados a los que tan solo decida el Gobierno. 

De igual manera, que yo recuerde, nunca antes había sucedido en España que los ciudadanos decidieran desconectarse de la actualidad informativa, para no cabrearse ante noticias, que en la mayoría de los casos tienen que ver con decisiones del Gobierno. Esta opción crece con respecto a todos los medios de comunicación, sean periódicos, digitales, pero especialmente con las televisiones. Gana enteros, y estos es malo para la información veraz, Internet y las redes sociales. Y también aumentan las noticias falsas, la manipulación, junto a la distancia abismal que separa a los columnistas habituales a la hora de hablar o escribir sobre un tema determinado. Los principios generales del código deontológico de los periodistas nunca habían estado tan comprometidos y en peligro. Como que el primer compromiso ético es el respeto a la verdad. O el de defender siempre el principio de la libertad de investigar, difundir la información, y de crítica. Queda un principio más: proteger el derecho de los ciudadanos a estar informados.

“Nunca antes había sucedido que los ciudadanos decidieran desconectarse de la actualidad, para no cabrearse con decisiones del Gobierno”

Creo que los ciudadanos estamos muy equivocados al apartarnos de la información, porque así solo gana la intolerancia y la falta de democracia en iniciativas que se toman sin contar para nada con los votantes. Esto es lo que busca todo Gobierno injusto y arbitrario. Que privilegia a unos en detrimento de otros. Que no investiga ni corrige la corrupción y lo que la provoca. En el mismo paquete está alcanzar cualquier tipo de poder incumpliendo, variando o quebrantando las normas vigentes a conveniencia del momento, como sucede ahora con todo lo relacionado con la Investidura, Cataluña, Puigdemont, la amnistía o un referéndum de independencia.

Los anhelos territoriales son una cosa y las formas otra. Me refiero a cómo son y hay que hacer las cosas, según nuestro orden constitucional. Es el cumplimiento de las leyes que nos hemos dado lo que sirve de medición de la calidad democrática que impera ahora en nuestro país. A raíz de este artículo tengo ocasión de recordar que hay cuatro clasificaciones de democracia (The Economist Intelligence Unit), que voy a citar y también sus virtudes y defectos, hasta llegar a resumir cuál es nuestro caso. La primera clasificación de democracia es la denominada como plena. Su funcionamiento se basa en una cultura política sólida, los medios son plurales y diversos, y existe un sistema eficaz de controles y equilibrios entre poderes, siendo el funcionamiento del Gobierno satisfactorio. Seguimos con las democracias imperfectas. Lo son porque presentan un desarrollo insuficiente de cultura política y tienen problemas de gobernanza.

“La cultura democrática es el fundamento de todo, y nosotros demostramos una irritante flojera a la hora de reaccionar”

Pasamos a los regímenes híbridos, donde el estado de derecho es débil, no existe el equilibrio y la división de poderes, mientras el trabajo de los medios de comunicación está condicionado por las presiones de los poderes fácticos. Finalmente, nos encontramos con los regímenes autoritarios. Tienen instalada la censura, no hay respeto alguno a las libertades civiles, y mucho menos al  derecho a la información. Una vez enumeradas, hay que situar a España en una de estas clasificaciones, en un momento en el que se quiere llevar a cabo una amnistía sin consenso, un referéndum sin base jurídica, y las declaraciones de ex presidentes del Gobierno, de un signo político u otro, son tachadas de rancias o golpistas, sin pararse siquiera un segundo a lo que supone las libertades de pensamiento y expresión. Por eso me muestro tan decepcionado con la calidad democrática actual. No es precisamente plena. Más bien es imperfecta, tiene tics de híbrida y hay ocasiones y sucesos en los que mi perplejidad se ve desbordada por hechos y comportamientos que son propios del autoritarismo

Muy poco ejemplo, la verdad, damos ahora dentro de Europa. Sobre todo, si nos retrotraemos a otras épocas y a otros gobiernos, que no generaban tanta crítica, ansiedad, enfado y desorientación dentro de una población, que está completamente desactivada en lo que supone movilizarse en pro de la mejor calidad democrática posible. A fin de cuentas, si han leído bien lo que les cuento, la cultura democrática es el fundamento de todo, y nosotros demostramos una irritante flojera a la hora de reaccionar, pese a pensar que hay debate por el que preocuparse.

Reaccionar o no ante la calidad democrática, pero debate hay
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