martes. 23.04.2024

Pretender que el talento regrese con unos pocos miles de euros

Retornar el talento a España a través de profesionales que emigraron en su día para conseguir un buen trabajo es un proyecto que lo mismo se ha leído en un periódico de Castilla-La Mancha que de Cantabria. Son planes que no prosperan debido sobre todo al escuálido presupuesto que destinan los Gobiernos autonómicos que los impulsan. Esto, por un lado, aunque no es lo peor. Lo más terrible es que la tendencia de marcharse del lugar donde has nacido, caso de Cantabria, no para de crecer. Siendo el problema principal atajarlo, lo que verdaderamente hay que hacer es generar riqueza en los lugares que pierden su actividad empresarial y, con ello, población.

Una explicación bien argumentada de la emigración no se puede contar solo en el artículo de un domingo. A dar el gran paso de hacer la maleta y cambiar de aires se antepone pensarlo antes mucho. Y los rostros y situaciones personales derivan también en una variedad de casos, que nada tienen que ver entre sí. Es así porque una cosa es emigrar por aspiraciones, cambiar un pueblo con poco por una ciudad con todo y, por supuesto, la necesidad, como pasa con los cayucos que se acercan a diario a las costas españolas provenientes de África. La migración tiene también su lado discriminatorio. No es lo mismo que un español aterrice en Alemania, a que lo haga un mauritano, al igual que un mejicano en los Estados Unidos. Según sea la nacionalidad del recién llegado, y los tratados existentes, son diferentes los dispositivos de vigilancia, búsqueda y captura y, en su caso, rápida repatriación de alguien. 

Hecho un repaso muy por encima de este problema, calculo que hace unos diez años se activó en España que los Gobiernos autonómicos presentaran planes que llamaron recuperadores del talento de profesionales nacidos en la región, que un buen día tuvieron que emigrar para conseguir un trabajo aceptable en otros tantos puntos del mundo. Lo de vincular talento a migración supuso otra novedad dentro de este galimatías, mucho más simple, si lo explicas diciendo que, si aquí no hay futuro, pues tienes que buscarlo fuera. 

“Vincular talento a migración supuso novedad. Mucho más simple si lo explicas diciendo que, si aquí no hay futuro, tienes que buscarlo fuera”

Cantabria también tuvo su plan. Y falló. Desde 2022 están esperando unos pocos aspirantes a regresar, aunque aún esos expedientes administrativos no están concluidos de manera definitiva. Conocer esta noticia ha ido acompañada de otra no menos chocante. Para un proyecto así, que debe ser ambicioso, se destinó un presupuesto de 19.000 euros. Con tan escaso dinero, suerte ha habido con la veintena de solicitudes, porque, según cálculos del 2022, los cántabros asentados en el exterior llegarían a la cifra de 48.000. 

Ante cualquier ayuda, siempre cabe apelar a eso de que es de bien nacido ser agradecido. De todas formas, resulta pírrico plantear una ayuda de 1.000 euros a todo cántabro en el exterior que desee regresar, y 400 euros si se trata de abandonar otro punto de España para nuevamente asentarse aquí. Antes de pronunciarme, he preguntado a algunos de estos compatriotas que están en Alemania, con muy buenos trabajos, y con los que, usando wasap, puedo mantener una estrecha relación. Si no se sienten abandonados, ¡casi! Antes del Covid existían contactos con ellos desde Cantabria, pero, tras la pandemia, el desdén hacia el exterior ha vuelto a hacerse protagonista. 

Más que ayudas, me inclino porque prefieren estar informados de lo que sucede en Cantabria, es decir que haya con ellos una vía abierta de comunicación permanente. Lo mismo pienso sobre que anhelan sentir que también cuentan. Por supuesto que regresan a casa siempre que pueden, ya que en la región tienen a sus familias, y los del talento, como les llaman los Gobiernos, seguramente tienen también casa. Hoy quiero recordar que, durante el Covid, fue encomiable lo que hicieron los cántabros que viven fuera. Durante los primeros momentos de la gravísima pandemia, no había mascarillas, ni otros productos esenciales con los que combatir el virus. Ellos y ellas hicieron posible el envío de mucho material, que al tiempo costearon. Ni que decir que no se les ha agradecido debidamente, o al menos es lo que yo opino al respecto. Esto es España, y aquí dar las gracias como es debido cada vez se estila menos. 

Por lo que se pueda programar para el futuro, no es necesario apelar al talento para mantener una relación fluida con estos 48.000 cántabros repartidos por el mundo. En este sentido, lo primero que habría que hacer es actualizar esta cifra. En los últimos diez años, los jóvenes no paran de irse de Cantabria. Dentro del territorio nacional, sus destinos preferidos son País Vasco, Madrid, Cataluña o Andalucía. También habría que tener actualizados estos datos sobre la tendencia actual en busca de trabajo y oportunidades que siguen nuestros jóvenes. Ahora más que nunca, por favor, las estadísticas al día. Con una información real encima de la mesa, sabremos mejor lo que Cantabria necesita para que marcharse no sea la única opción. Nadie puede negar esta tendencia a emigrar, ni tampoco que no deja de crecer. Lo que resulta prioritario es pararla. Generar oportunidades en la propia región. Devolver a Cantabria la importancia industrial y empresarial que tuvo antaño. Esto es lo que se espera cuando terminas unos estudios, y te ves ya preparado para ingresar en una empresa. Claro que preferirías trabajar en Santander, Torrelavega, Los Corrales, Reinosa, Laredo o Castro Urdiales, así como en otras localidades que no cito. Lo importantes es que haya trabajo, que se creen expectativas porque, de no ser así, es cuando comienza el comecocos mental de buscarse la vida fuera. Sabes de otros casos, de otros amigos o conocidos que antes lo han hecho y les va bien. Y decides seguir el mismo camino hacia el Reino Unido, Dubái, Brasil o donde sea. 

“Hablar de retornos es muy bonito. Sin embargo, el futuro que viene ahondará mucho más en acudir donde sea en busca de un trabajo”

Le queda mucho al siglo XXI para concluir, aunque en sus primeros 24 años transcurridos las contradicciones son cada vez mayores. Pedimos la paz al tiempo que crecen las guerras, y nos hablan de mundo global y digital, al tiempo que se favorece a unos países sobre otros, a unos territorios sobre otros, a unos barrios sobre otros. Todo ello son embriones también de la migración. Ofrecer retornos es muy bonito. Sin embargo, el futuro que viene ahondará mucho más en acudir donde sea en busca de un trabajo, un sueldo y un techo bajo el que vivir. Con talento o sin talento, esto será así. 
 

Pretender que el talento regrese con unos pocos miles de euros
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