martes 28/9/21

La pandemia del reencuentro con los mayores

La larguísima lista de fallecidos en España por Covid, que va en aumento, está integrada sobre todo por personas mayores. Muchas de ellas vivían en residencias, y sigue abierto el debate social de lo mucho que hay que cambiar en su gestión diaria. El Gobierno y las comunidades autónomas lo están hablando, pero hay que decidir, y pronto. Entre los cambios que se pretenden destaco una mayor inspección, que los resultados sean públicos, y que los centros empiecen a abandonar el aspecto de hospital para parecerse a hogares. La música suene bien, pero hay que llevarlo a cabo de verdad.

Las residencias de ancianos fueron tristemente protagonistas al inicio de la pandemia, y año y medio después, bien avanzada la vacunación, regresan a la actualidad, para volver a recordarnos que el peligro no ha pasado, y que el bicho acecha e insiste en propagarse y matar. Según datos del IMSERSO, estamos hablando de 30.250 defunciones de mayores, 129 en la última semana de agosto de este 2021. 

En este país, desde que se anuncia y promete un plan, en este caso dirigido a la mejor atención a nuestros mayores, hasta que se acomete, pueden pasar lustros o, directamente, no se ejecutan. Siempre me ha llamado la atención que se presente algo en rueda de prensa, pasa el tiempo, no se ha hecho nada, pero los medios de comunicación no preguntan, tampoco los ciudadanos, a la hora de recordar y denunciar a la persona o institución que planteó el proyecto tal o cual, que no ha cumplido. Esto es lo que hace a un país más serio, menos serio o nada serio. Elijan ustedes mismos donde estamos situados nosotros. 

“Hay un documento de trabajo del Gobierno de cara a crear un nuevo modelo de residencias, se ha marcado la fecha de diciembre. Veremos”

Pero, en fin, no se puede negar que ahora, repito, metidos de lleno aún en la pandemia de Coronavirus, hay un documento de trabajo del Gobierno y las comunidades autónomas, de cara a crear un nuevo modelo de residencias de mayores, y también recientemente la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales han presentado un estudio que recoge cómo deberían ser estos centros en adelante (“Un nuevo modelo residencial para personas en situación de dependencia: residencia su casa”). Para el acuerdo final en una misma dirección del Ministerio de Derechos Sociales y los Gobiernos autónomos, se ha marcado la fecha de diciembre de este año. Veremos. Pero no cabe duda de que hay pretensiones que son muy loables, como la primera y más interesante de poner encima de la mesa el reto de que las administraciones se comprometan a evaluar permanentemente la calidad de vida de nuestros mayores en sus residencias, que los resultados sean públicos, y que los centros dejen de tener un aspecto de hospitales y se parezcan más a un entorno familiar-hogareño, como en el que vivían anteriormente los mayores, ahora dependientes.

Que los centros públicos cambien el chip llevará aparejado que también lo hagan las empresas privadas que en los últimos veinte años han abierto en España no pocos geriátricos. Muchos de ellos, tan solo por su construcción, parecen macro hospitales o edificios cuyo aspecto da una sensación gélida de impenetrables e inaccesibles al trabajo que se desarrolla dentro. Quedan muchas denuncias de familiares sin resolver de lo que sucedió en la primera parte de la pandemia, y del trato y la desinformación que se llevó a cabo en muchas de las defunciones que se produjeron. 

Lo anterior genera otro debate, que también se quiere acometer ahora: la transparencia. En un país más dado a reconocer las equivocaciones ajenas antes que las propias, pienso que no tiene mayor justificación que la información, es decir, la transparencia, resultó absolutamente deficiente durante el año pasado, primero de la gran pandemia. Lo sucedido en muchas residencias por el Covid-19 puso de manifestó otra gran conclusión: la falta de inspecciones de carácter oficial y administrativo, algo que con una nueva ley debería cambiar. Desde el Gobierno de España se denomina como una cultura de rendición de cuentas y de transparencia, y de esta forma los usuarios puedan comparar servicios, como ocurre en Alemania, pero no aquí. 

El documento en el que trabajan todas las administraciones competentes en servicios sociales (demasiadas y con diferentes formas de actuar), utiliza demoledoras afirmaciones que resultan clarificadoras de cómo son muchas de nuestras residencias. He aquí un ejemplo: “Los centros gueto ya no resultan admisibles”. En la cara opuesta a esto se pretende que los usuarios estén motivados a participar y tomar decisiones en su día a día. De ahí que se plantean también órganos de participación donde haya usuarios, familiares, trabajadores, dirección del centro y agentes locales, todo bajo la premisa de que las familias son claves para garantizar los buenos apoyos. 

“El documento en el que trabajan servicios sociales, utiliza demoledoras afirmaciones clarificadoras: Los centros gueto ya no resultan admisibles”

Está claro que el Covid va a conllevar muchos cambios que se irán viendo en un tiempo corto. Un nuevo contexto y gestión de las residencias de ancianos, dado todo lo malo sucedido, resulta clave y además es una demanda social creciente. Nada referido al Coronavirus es bueno, pero esta lacra del siglo XXI nos acerca más a nuestros mayores, reencontrándonos con la realidad de cómo viven y sus necesidades en esta etapa de su vida. 

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