domingo. 14.04.2024

Los padres rechazan quitar el móvil en la escuela, ¡qué me dicen!

Nos han educado en el capitalismo, y las regulaciones sobre cualquier cuestión tiene siempre promotores y detractores. Está ocurriendo en España con el uso del móvil en las aulas. El Ministerio de Educación quiere normas, pero resulta que las asociaciones de padres y madres de alumnos prefieren concienciar a prohibir. Ya que no estamos atendiendo la opinión preferente de los educadores, nos dicen ahora que hay que educar en casa. Ese tiempo ya ha pasado. Porque el problema se nos ha ido de las manos con el ciberbullying o el acoso a través de las redes sociales

Dar por hecho en España que algo, lo que sea, resulta obvio, puede terminar siendo polémica, al resultar que la sociedad actual acostumbra a señalar como negro lo que es blanco. Con la verdad pues, como diría Aristóteles, no basta solamente con decirla, sino que conviene mostrar también las causas de la falsedad. Esta entrada en materia viene a cuento de que, pese a que el Gobierno tiene en mente una regulación del uso de móviles en las aulas,  sale al paso la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA), oponiéndose a tan razonable medida, ya que consideran que no se puede dar la espalda a las nuevas tecnologías. ¡Qué me dicen!

Comentaré varios aspectos que creo me avalan para escribir sobre este problema. He sido miembro durante muchos años de una APA, y también he sido profesor universitario, con lo que he comprobado in situ lo que supone permitir el uso de móviles y otros dispositivos en las aulas. Pienso que es bueno hacer estos dos matices previos, ya que otro defecto extendido en este país nuestro es que, aunque no exista formación previa de algo, todo el mundo opina y su pensamiento es el que ha de prevalecer.

Aunque en un instante me apoyaré también en lo que explican los auténticos expertos sobre lo que hay que hacer con el móvil en las aulas, ni por asomo dejemos de lado que el uso del aparato está estrechamente ligado a redes sociales, chats y aplicaciones de mensajería instantánea como es wasap. Igualmente, y sin salir del móvil, las preferencias de nuestros jóvenes se decantan por hacer fotos, compartirlas, videojuegos, vídeos, escuchar música, y, por supuesto, visitar tiendas online y sus productos. Quienes más saben de este tema, no les gusta el término prohibir, y sí más el de concienciar. Pero ya es demasiado tarde para ello. España está dentro de Europa, y el Gobierno ha de fijarse en lo que sucede y se hace en nuestro entorno, y no precisamente por capricho. Más de 12 millones de estudiantes franceses, menores de 15 años, ya no pueden utilizar dispositivos tecnológicos dentro de clase, en el recreo, ni en las actividades extraescolares. Por algo lo habrán hecho, y ¿ha pasado algo en el país vecino por regularlo así? Nada. Porque lo que hay que hacer es prepararse y estudiar en condiciones, sin distracciones, que es lo que principalmente es un smartphone mal utilizado.

“Lo que hay que hacer es prepararse y estudiar en condiciones, sin distracciones, que es lo que principalmente es un smartphone mal utilizado”

Queda muy bien hablar de los móviles como herramienta tecnológica complementaria a la enseñanza y educación. No digo que no. Como profesor, no lo vi así. Pero las Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos integradas en la CEAPA, le debieran decir al tiempo al Ministerio de Educación de España cómo solucionamos el ciberbullying, el acoso a través de redes sociales, o los denominados retos virales. Cuando se habla de concienciar en casa, los padres deberíamos haber empezado por no consentir que al llamar o mandar un mensaje a su móvil nuestros hijos no contesten.

Vayamos a otros datos reales, que ponen los pelos de punta, a lo que se ve, no a todo el mundo, aunque animo al Gobierno a seguir adelante con sus planes de regulación respecto a aulas y móvil. El 72,7 por ciento de los niños españoles, menores de 12 años, ya tiene móvil. No piensen en modelos básicos, ya que están enganchados a poseer el último modelo, el más caro, y los padres y abuelos son en la mayoría de casos quienes costean semejante despropósito. De media, esos críos consultan 150 veces al día su smartphone. También resulta que, dentro de las redes sociales, el 35% de los perfiles de jóvenes menores de 14 años, son públicos. O que los menores de seis años pasan más de dos horas diarias frente a las pantallas, en vez de jugar que es lo que deberían estar haciendo.

Entre tanto, cuando todos estos datos escalofriantes no paran de crecer, la CEAPA habla, cito textualmente, de “educar a nuestros hijos e hijas en el uso responsable de las nuevas tecnologías”. ¿Cómo?, ¿comprándoles un móvil cuando tan solo tienen 5 años? No comparto la opinión de esta asociación nacional ya que la realidad es que el problema se nos ha ido de las manos. Son los centros y sus profesores, que trabajan sobre el terreno, los que mayormente deben opinar, y el resto seguir sus consejos, porque para eso son los educadores de nuestros hijos.

“El problema se nos ha ido de las manos. Los profesores deben opinar y el resto seguir sus consejos, porque son los educadores de nuestros hijos”

Está muy bien lo de educar a nuestros hijos en el uso del móvil. Nosotros como mayores no hemos recibido ninguna formación al respecto, como sucede ahora con esta sociedad digital que discrimina a demasiados grupos sociales (tercera edad). Vale, empecemos por el hogar. Cuando se desayuna, come o cena, no debe haber móvil que valga encima de la mesa. Al acostarse, apagado, que hay que dormir para rendir al día siguiente como es debido. La utilización por tanto del smartphone, y lo digo para adultos y pequeños, debería distinguir los momentos que acometemos de habitual, desde el trabajo, la escuela y demás ejemplos. Lo malo es que el móvil, además de ser útil para hablar con otras personas o conectarse a Internet y toda su información, se ha convertido en un instrumento de ocio: información, música, televisión, películas, etcétera. Por eso, muy razonablemente, el Gobierno trata de regular las anomalías y problemas directamente relacionados con el aparato, en especial si hablamos de su uso dentro de las aulas. La oportunidad de concienciar y educar sobre su uso ya ha pasado. Seamos sinceros, la hemos desperdiciado. 

Los padres rechazan quitar el móvil en la escuela, ¡qué me dicen!
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