martes 18/5/21

Muy pertinente revalorizar la educación en estos tiempos

De la educación adecuada brota saber pensar, saber ser y saber estar. En la sociedad actual, colonizada por Internet, de teléfonos inteligentes, de redes sociales y digitalización en todo, creo que se pierde mucho de las auténticas esencias de la educación, tan estrechamente conectada con la cultura. El lenguaje y comportamiento tecnológico que mantenemos hoy, sumada una nueva y grave crisis social y económica, nos aleja cada vez más del planteamiento de que la educación alimenta la confianza, la esperanza y la paz.

Recibir la educación más adecuada a cada época es el mayor seguro que tiene nuestra civilización frente a las incertidumbres. Le damos vueltas a este cosquilleo mental cuando falta confianza o certeza sobre algo, lo que directamente nos genera inquietud. Vivimos entre vaivenes que conllevan plantearnos cuestiones concretas. ¿Cómo será el futuro?, ¿la economía, el  comercio?; ¿en qué cambiará la forma de trabajar?, ¿habrá ocupación para todos?, ¿se cumplirán las malas predicciones sobre nuevas enfermedades?, ¿Sufriremos otras pandemias?, ¿cuál será la reacción del planeta, de su medio ambiente, a la destrucción permanente al que lo sometemos? En  conclusión: ¿cómo debemos educar para afrontar mejor ese incierto mañana?

En el siglo XIX, el pedagogo y educador suizo, Hohann Heinrich Pestalozzi,  impuso los ideales de la Ilustración a la enseñanza. Para lograrlo, debían desarrollarse armoniosamente todas las facultades del niño, es decir, cabeza, corazón y manos. No sonaba mal.

"El XX es una explosión cultural sin precedentes, vinculada al compromiso y la participación de la sociedad, algo bastante apagado en la actualidad”

En el XX, y lo quiero describir a nivel general, no centrándome en un país concreto, toca evidentemente una modernización docente, especialmente con su implantación rural. Pero si tenemos que destacar algo de este largo periodo, especialmente tras la II Guerra Mundial, es una explosión cultural sin precedentes, muy vinculada al compromiso y la participación de la sociedad, como mejor reflejo del camino que debíamos andar, algo bastante apagado en la actualidad. Aunque costó lo suyo, trabajo + esfuerzo + superación + creatividad,  se convirtieron en pilares de la educación. ¿Nostalgia de aquello? Toda.

Llegamos al nefasto siglo XXI. La educación forma parte de la confrontación política, y hay ausencia total de consenso en torno a ella, del que muy pocos países se salvan (España, desde luego, no). Por eso tenemos que acudir a las fuentes de la UNESCO, como la Organización de Naciones Unidas que es para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Tan decisiva institución en materia educativa se auto impulsa con un concepto de Confucio que, miren por dónde, recuerda a mi empezar con lo de la incertidumbre: “La educación alimenta la confianza. La confianza alimenta la esperanza. Y la esperanza alimenta la paz”. Lo que para muchos resulta una gran inquietud sobre si la educación actual es válida para los momentos tan malos que atravesamos y los inciertos que vendrán, especialmente en materia económica y de prosperidad, la UNESCO ya lo contempla: “La sociedad tiene también que estar preparada para asumir ciertos cambios y saber desenvolverse en un mundo nuevo. Una de las mayores transformaciones que el ser humano está presenciando la estamos viendo en estos momentos. A medida que se acelera el progreso tecnológico, aparece una sociedad nueva y se hace más evidente que la educación inicial de una persona no va a servirle para toda su vida”.

Si a Confucio, 500 años atrás, le hubieran hablado de la llegada de Internet, del total desapego hacia los libros, de la abducción por redes sociales, de que los jóvenes prefieren ser influencers, youtubers a ponerse a escribir o pintar… Si hubiera visto cómo en la actualidad la vida de menores y mayores gira en torno a teléfonos móviles con los que hacer de todo, que a diario el wasapear nos ocupa el tiempo, y si fijo mi rechazo en las televisiones su millonaria audiencia son islas de tentaciones o citas a cenar en torno a una mesa para ver si surge un flechazo. La lista se extiende con la afición a intercambiar de lo más diverso por el móvil, incluido un buen montón de noticas falsas conocidas ya como fake news. No debiera de calificarse así, pero esta es mucha de la educación actual, lo que resulta un auténtico disparate. Es un gravísimo problema que no se aborda deliberadamente. Esquivamos profundizar en lo qué están nuestros jóvenes, para no tener que reconocer que semejante escenario lo hemos facilitado los mayores, con nuestras malas decisiones.

Y en esto llegó el Covid-19, declarado pandemia mundial, en el que aún estamos sumergidos y puede que la solución lleve tiempo. Durante los confinamientos y demás prevenciones, nos dio por reflexionar, bien poco, sobre los malos comportamientos, y las raíces tóxicas de las que brotan. La educación, buena, mala o inexistente, que recibimos, repercute directamente en pensamientos, actitudes, declaraciones, barrabasadas, racismo, machismo, desigualdad, acosos, mentiras y demás falacias. No podemos ajustarnos a crear sociedades digitales, del conocimiento vacío, mientras desaparece la auténtica educación en valores, esa que conlleva desenvolverse en el saber y en el estudiar para comprender mejor. No podemos renunciar a la historia, a los clásicos, a las diferentes culturas, a la escritura, las artes, las lenguas, a la ética, a conocer quién era y lo que pensaba Confucio. Es tiempo de reconocer que las tecnologías avanzan descontroladas, y que antes, aunque no fuera del todo verdad, nos complacía pensar que eran buen complemento dentro de un sistema educativo que ahora manda apagar los móviles antes de empezar las clases. ¿Hacia dónde vamos cuando todo son ya herramientas tecnológicas, y lo esencial, como los libros, se va dejando de lado?   

“No podemos crear sociedades digitales, del conocimiento vacío,  mientras desaparece la educación del saber y estudiar para comprender mejor”

Este artículo bien podría tener una segunda parte dedicada a desentrañar los pormenores del informe de la UNESCO denominado Replantear la educación. ¿Hacia un bien común mundial?, pero conforta saber que existe y lo que pretende: Aprender a lo largo de toda la vida, sin perder de vista algo que ahora es el auténtico problema porque están en crisis profunda. Son los cuatro pilares de la educación: aprender a conocer, a hacer, a ser y a vivir juntos. Es muy pertinente revalorizarlos.


 

Comentarios