jueves. 18.04.2024

Mensaje equivocado del poder sobre ser empresario en España

La seriedad o no de un país se mide en el respeto que tanto su Gobierno como ciudadanía mantienen en todo lo que dicen y hablan sobre él, especialmente de cara al exterior. Esta frase en sí misma explica lo que sucede hoy en España. El hablar mal los unos de los otros forma parte del día a día, y no piensen que ocurre solo en la política. No, no. La falta de rigor y seriedad, lo mismo abarca criticar a nuestras empresas, empresarios, productos y expectativas de crecimiento y desarrollo. Entretanto, países vecinos se frotan las manos ante la posibilidad de ser elegidos para nuevas inversiones extranjeras.  

Si lo dijera yo de entrada, supongo que tendría el valor que dan los hechos y las malas declaraciones, pero leo a una periodista de televisión, ya retirada, especializada en economía, que declara con rotundidad: “Se trata a los empresarios como si fueran maleantes y quienes triunfan y han tenido éxito fueran delincuentes que se están aprovechando del pobre trabajador”. Creo que estas palabras fueron anteriores a otras que se han producido recientemente en boca de una nueva ministra del Gobierno de España, al sentenciar lo siguiente: “El paro lo crean los que despiden. Y los que despiden son los empresarios. Acabando con los empresarios, acabaremos con el desempleo”. Y entonces qué, ¿todos trabajando para el Estado, millones y millones de españoles?

No se sabe muy bien a qué público van dirigidos tan absurdos mensajes. ¿A los jóvenes que no encuentran empleo? Voy a poner un ejemplo ilustrativo de la demagogia imperante. Ahora el Estado entra en el accionariado de Telefónica. 2.000 millones que salen de los impuestos de todos. Se quiere con ello dar una sensación, no verdadera, de parar así los planes de adueñarse de esta gran empresa nacional por parte de Arabía Saudí. Pero voy al meollo. Ya que el Gobierno toma esta decisión, ¿por qué al tiempo no para los despidos previstos de 3.421 empleados de Telefónica? 

Ahora el Estado entra en el accionariado de Telefónica, ¿por qué al tiempo no para los despidos previstos de 3.421 empleados de esta compañía? 

Dentro de Europa, España nunca estará a la cabeza de nada, mientras se sigan dando estos increíbles bandazos, que lo mismo en una época elogian a empresas, empresarios y emprendimiento, que en otra abogan por que no existan ciudadanos que se arriesguen en crear pymes, ser autónomos, y generar al tiempo empleo para muchas familias. ¿A qué viene que el empresario sea ahora el malo de la película? No entiendo nada. O este país se está volviendo loco de remate, está mal dirigido, o los ciudadanos normales nos hemos perdido algo, y estamos completamente descolocados con todo lo que está ocurriendo. Desde luego, ya nadie habla la voz real de la calle. Que quiere que se creen puestos de trabajo. Que anhela prosperidad. Que desea para sus hijos las oportunidades anteriores que otros tuvimos. Ni antes ni ahora todas las culpas son de los empresarios. Como en todo, los habrá buenos y malos. Pero que cada sector, desde la política a los medios de comunicación, pasando por todos y cada una de las ramas profesionales existentes, se miren en el espejo. 

En 2024, y en adelante, no puede haber más casos como Ferrovial. Por supuesto que la labor del Gobierno en este sentido, seguridad jurídica, impuestos justos, mantener dialogo y buenas relaciones, resulta crucial. En su día, con el procés, miles de empresas se fueron de Cataluña. La mayoría no han regresado, aunque algunos se empeñen en vender que forma parte del pacto con Puigdemont. Los empresarios no están a pactos y políticas. Están a producir, vender, exportar, alcanzar rentabilidad, y mantener así los puestos de trabajo en fábricas y empresas en general. Lo que más está asustando al empleo ahora es la inestabilidad, la desconfianza, y que un día sea una cosa y al siguiente otra diferente. Así es muy difícil trabajar y generar confianza en el futuro. 

España tiene serios competidores cercanos, que anhelan tanto nuestras empresas como nuestro turismo. Ahí está Portugal, y también Marruecos. Ponérselo fácil es estúpido e incoherente. La primera misión que tiene todo Gobierno es estar al lado de sus ciudadanos, y de sus intereses. Aquí, lo mismo se habla mal del turismo, producción cárnica, agricultura, y ahora de nuestros empresarios. Que la crítica venga de fuera, sobre todo de otros países competidores en lo que nosotros hacemos realmente bien, puede ser hasta normal. Pero que sea tu propio Gobierno el que atice, no tiene ni pies ni cabeza. No albergo, la verdad, demasiadas esperanzas de que estas actitudes cambien. La ausencia total de unidad, como es el caso, tiene como consecuencia este peligroso individualismo, que termina la mayoría de ocasiones en ataques y declaraciones a diestro y siniestro.  

Ningún sector productivo español, al igual que los principales sindicatos, deben ser ajenos a que la prudencia sea la mejor imagen a dar, tanto a nivel interior, y no digamos a nivel internacional. El dinero, en este caso el capital extranjero, si algo temen es la inestabilidad política y jurídica que pueda ofrecer el país en el que se pretende invertir. España siempre ha sido una nación segura en este sentido, y el trabajo por llevar a cabo es que no deje nunca de ser así. Doy por hecho que el Gobierno lo sabe y lo hará. Pero no es menos cierto que quienes ostentan el poder deben ser muy conscientes de lo que se dice y en el momento en que se dice. Nuestras empresas y los empresarios que las han levantado son la auténtica riqueza del país, se trate del sector productivo que se trate. Siempre he pensado que no hay cosa más tonta que uno, a posta, se dispare a su propio pie. Esto es muy español, y ha tomado más protagonismo en los tiempos actuales que discurren y que no ahuyentan la inquietud en tantos aspectos. 

Llama poderosamente la atención que cuando se produce un dislate, no hay rectificación ni mucho menos disculpa, se está en la confrontación

Otra cosa que llama poderosamente la atención, y que no habla bien de lo que nos espera, es que cuando se produce un dislate, no hay una inmediata rectificación ni mucho menos disculpa. Lo que quiere decir esto es que en lo que se está realmente es en la confrontación. Lo digo una vez más, absolutamente convencido. Se equivocan de plano quienes así piensan y actúan, porque los ciudadanos, ni de lejos, estamos en ningún campo de batalla. 
 

Mensaje equivocado del poder sobre ser empresario en España
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