jueves. 18.04.2024

Sin mejorar conductas en malgastar la comida, la luz y el calor

Existe una frase popular, traducida a todos los idiomas: “El ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra”. Las malas decisiones que se toman a diario lo ponen de manifiesto, aunque no es lo peor. Es que no queremos aprender de los errores y el panorama presente y futuro pronostica escaseces en muchos hogares. Al poco del Covid, la Guerra de Ucrania demostró nuestro poco seso. Suma y sigue. Si la comida escasea, la tiramos más que nunca. Si hay familias que no pueden permitirse calefacción, el despilfarro eléctrico no para. Da igual las piedras que sorteemos, si el tropiezo humano nos viene de serie

No crean que el título de hoy tiene que ver con la cercanía de la Navidad y lo tiernos que nos ponemos con determinados temas de nuestra habitual y deteriorada relación con el prójimo. Hace tiempo que pienso que no hay solución, y que es consustancial a la especie lo de hacer daño, como ocurre de habitual con las guerras (Ucrania y Palestina), el hambre (Cuerno de África), las desigualdades, injusticias, dictaduras, y decisiones de Gobiernos que para nada tienen en cuenta eso tan democrático del bien común.

Susan George, no la actriz sino la filósofa miembro del Movimiento Democracia en Europa 2025 plantea, muy razonablemente, que la democracia no significa mucho si tienes hambre o estás sin hogar, o no puedes cuidar de tu salud, o si tus hijos no pueden ir a la escuela. Aquella Europa que encandilaba (hoy no lo hace) hablaba un lenguaje que sonaba espléndido: “Nos esforzaremos en nuestro objetivo común de promover la democracia y el gobierno de la más alta calidad, a nivel nacional, regional y local, para todos nuestros ciudadanos”. Por qué, de repente, me vendrá a la cabeza el nombre de España.

George es abanderada de la lucha antiglobalización. Uno de esos grandes conceptos que en un momento dado crea alguien que va a salir claramente beneficiado, ya que las economías grandes se zampan a las pequeñas. Llegó luego la Sociedad del Conocimiento. ¿Qué conocimiento, si ya casi nadie lee? Después la Era Digital y ahora están con la Inteligencia Artificial, todos los medios a una, porque los controlan quienes apuestan más por los robots que por las personas.

Y, poco a poco, nos van apeando de lo básico. Del acceso a la comida, de cuidarla y no desperdiciarla para que llegue, justamente, a todas partes. Y obviamos también que la energía y su consumo en luz y calor se han convertido en privilegios porque hay muchos hogares – aquí, en Europa - que ya no se la pueden permitir. ¡Y nos hablan en estos lenguajes globales, digitales e inteligentemente artificiales!

“Nos van apeando de lo básico, comida, energía y su consumo en luz y calor se han convertido en privilegios, aquí, en Europa”

En contraste, hacia los problemas reales, como el gigantesco desperdicio de comida que termina en la basura, no hay cambio, ni tampoco balance objetivo que ofrecer, para sonrojo general de la población culpable. Alguien lo sacará por Navidad; lo que tienen unos y no disfrutan otros. La socorrida e interesada generosidad y sensibilidad, mientras las luces navideñas sigan deslumbrando en ciudades, pueblos y barrios.

La FAO es la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Calcula el desperdicio mundial de alimentos en 1600 millones de toneladas al año. El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente lo concreta más. El desperdicio medio mundial en los hogares es de 74 kg/persona/año. España marca 77 kg, y estamos en el rango elevado de los países europeos. Curiosamente, y debido seguramente a que la necesidad propicia darle a la comida el valor que merece, Iberoamérica arroja los mejores resultados, con 70 kg/persona/año.

Si la comida es importantísima, cuidar la energía es hoy otra de las obligaciones ciudadanas. Me gustaría que, en vez de contarlo todo en España el Gobierno, a través de sus anuncios hechos con los fondos europeos, hubiera anualmente estudios independientes sobre nuestro propio comportamiento respecto a la utilización de recursos, ya que, en general, somos un país demasiado despilfarrador. Tener nuestra propia Alliance to Save Energy, coalición de grupos empresariales, gubernamentales y de consumidores para velar por los cada vez más escasos recursos de luz, calor y refrigeración.

Por estas fechas entramos en la competición de las luces de Navidad. Energía, energía y más energía. Insistir en la necesidad de corregir errores es mentar la bicha, porque nadie, ni organismos ni ciudadanos están dispuestos a cambiar. En mi generación nos enseñaban a apagar la luz cuando no era necesario usarla. Desgraciadamente, no hemos hecho lo mismo de cara a las siguientes generaciones. Empezando porque tienen su cargador del móvil conectado permanentemente a un enchufe. ¿Cuántos españoles saben que los aparatos consumen energía por el simple hecho de estar enchufados?

“Entramos en la competición de luces de Navidad. Insistir en corregir errores es mentar la bicha, ni organismos ni ciudadanos dispuestos a cambiar”

Aquí se olvida todo en tiempo récord. Nadie se pregunta el destino de los desperdicios sanitarios generados durante el Covid. Para vivir bien, es mejor no preocuparse por nada. Ni por el medio amiente, la educación para el cuidado de la comida y la energía, o la flora y la fauna, tema del que siempre se ha hablado, y en cambio el problema del valioso cuerno de rinoceronte para que los chinos fabriquen productos falsamente milagrosos ahí sigue, al igual que la aleta de tiburón. En la calle nunca habrá conciencia de nada que no parta de la educación en el propio hogar. Los precios de los alimentos están disparados y es la tónica futura, aunque nadie lo quiera anunciar. Y lo mismo ocurrirá con las energías, y eso que en ningún momento de este artículo he citado el cambio climático y sus consecuencias

Si no tomamos en serio los cambios en la Tierra, su alteración de calor y frio, altura de las olas, terremotos, huracanes y tsunamis, sé perfectamente que es clamar en el desierto hablar de cuidar todos los alimentos que compramos y desperdiciarlos tirándolos a la basura, por no consumirlos a tiempo. Siempre nos quedará la Navidad para reflexionar un poco, aunque solo hasta después del Día de los Reyes Magos.

Sin mejorar conductas en malgastar la comida, la luz y el calor
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