martes 19/10/21

Malas decisiones que nacen de un deficiente sistema educativo

¿Tiene que ver el sistema educativo que se da un país con su futuro, y las buenas o malas decisiones que tome? Para los que mejor lo saben, que por eso están reconocidos como grandes figuras de la historia, tiene que ver todo. Por eso, mucho de lo que pasa en la actualidad, en España sin ir más lejos, tiene que ver con una deficiente formación personal e intelectual, desde la escuela. Si como ocurre, se abandona el esfuerzo o la lectura, estamos forjando mediocres profesionales, que cuando tengan una gran responsabilidad en sus manos, de calado político, social o económico, ya se verá por las peteneras que nos salen.

Desde que mi cabeza empezó a pensar, fruto de la educación en el colegio, siempre he practicado la conversación, la tertulia de café si prefieren, para intercambiar ideas pero, ante todo, para conocer sobre el terreno lo que opinan los demás de las cuestiones que acontecen de habitual, aquí, en España, y donde se tercie. En concreto: si antes del Covid, el mundo estaba ya raro, ahora la actualidad está ocupada por muchos momentos surrealistas, apreciación a la que llegas por decisiones que se adoptan en muchos y variados terrenos, y que no tienen ni pies ni cabeza. A mitad ya de 2021, se habla también mucho de moral. Y eso es bueno si el concepto conlleva respeto, se cumple, y malo si resulta todo lo contrario.   

Decía Leonardo Da Vinci que el aprendizaje nunca cansa la mente. Ahora bien, es para echarse a temblar si a un joven estudiante, como sucede ahora en demasía, le preguntan en un examen que describa lo que hacía Da Vinci, y como respuesta contesta que escribió El Quijote. Sin buenas políticas educativas, un país no va a ninguna parte, que es lo que le sucede al nuestro. 

“Los alumnos podrán pasar de curso con dos suspensos. ¿Qué pensarán las empresas que luego tienen que dar trabajo a esos malos estudiantes?"

Aprobar cada poco, según el Gobierno que llegue al poder, una nueva Ley de Educación (8 llevamos ya en España desde el año 1980) se termina pagando, y de forma muy contundente. Tras instaurarlas, además sin consenso, te encaminas hacia un túnel cuya salida será otra nueva reforma, dentro de muy pocos años. La última noticia que conozco a través de la Agencia EFE es que “los alumnos de ESO y Bachiller podrán pasar de curso con hasta dos suspensos”. Al hablar de profesores, cada nuevo plan de estudios les tiene menos en cuenta y no les garantiza el debido respeto que han de tener los alumnos hacia su figura y enseñanzas. Además, ¿con suspensos, qué esfuerzo se practica a la hora de conseguir un título?, ¿dónde queda la superación?, ¿qué pensarán profesores, padres y empresas que luego tienen que dar trabajo a esos malos estudiantes?

Y así con el tiempo llegan, entre otras cuestiones, las malas decisiones, que son las que toman las personas. En El Tiempo pasa, canción de Pablo Milanés, hay un instante en que dice que las viejas discusiones se van perdiendo entre las razones, y a todos dices que sí y a nada que no para poder construir. Pues igual. Los intereses se apropian del sistema y también de la calle, que es lo realmente lamentable. Saco a posta la canción de Milanés para rememorar la segunda mitad del siglo XX, como un ejemplo para la humanidad en libertad, movimientos sociales, creación, cultura, tendencias artísticas, cine, televisión, y no se puede dejar de citar la lucha social y laboral. Evidentemente, todo esto se estudiaba después  y algo podías recoger de los mensajes de los Ghandi, Mandela, Madre Teresa de Calcuta, Chaplin o Martin Luther King. 

“Un sistema educativo tan poco exigente es la clave para dar luz a las personas que tienen que afrontar los retos a los que nos enfrentamos”

En el siglo XXI, y mucho tiene que ver la educación, hemos entrado en lo que hay que denominar claramente como mal rollo. En el mundo entero son elegidos unos lideres cuyas acciones nos dejan pasmados, eso si el miedo a lo que puedan llegar a hacer no se convierte en habitual cangele. En todo, la división es patente, impulsada más por unos que por otros, y una vez más tengo que mentar el legado de Donald Trump. En esto llegó el Coronavirus, y todo lo que sigue, poco muy bueno, lo conocen sobradamente. En España ha crecido vertiginosamente la confrontación, y parece que el consenso ya es una acción del pasado. La montaña de problemas llega ya a la altura del Everest. Desacuerdo permanente, el intento de independencia de Cataluña, el destrozado sistema sanitario, la cifra escalofriante de muertos por el Covid, la vacunación, los contagios gratuitos, las dudas que genera una Europa con muchos interrogantes en la palabra que la precede, Unión, el Brexit, las incertidumbres económicas derivadas de una nueva crisis (y ya van), industrias y comercios tocados por la falta de suministros, una reforma laboral que estrangula y explota el acceso de los jóvenes al mercado laboral, el peligro de Marruecos con Ceuta y Melilla, la desaprensiva subida de la luz, los desacuerdos autonómicos en muchas cuestiones esenciales de país, los indultos sin arrepentimiento alguno, la inmigración, la xenofobia, la violencia de género, la vehemencia que aumenta en todos los campos, una cultura en la UVI, y suma y sigue. Dejo para el final, y ya acabar, la educación. Un sistema educativo,  tan deficiente y poco exigente, es la clave para dar luz a las personas que más tienen que afrontar los retos más peliagudos a los que nos enfrentamos, generadores de tantas dudas, miedos, ansiedades, cabreos y tensiones.   

Malas decisiones que nacen de un deficiente sistema educativo
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