martes 15/6/21

Legado Robinson: ser buenas personas

Reflexiones desde casa. Día 45.

Le hubieras visto o no de cerca, no digamos hablar con él, como a tantísimas otras personas, el día en que conozco de la muerte de Michael Robinson, se me convierte es una jornada tristísima, que añade dolor al dolor por la pandemia. El comunicador era para mí un ser humano en toda la amplitud del término. Buena gente, sencillo, absolutamente accesible, alegre y transmitiendo constantemente un buen rollo, expresión que pronunciada por él, con ese castellano tan peculiar que hablaba, cobraba aún más valor. Murió como vivió, intentando siempre ser la misma persona, fiel en dar a conocer lo que sienten los demás, tanto en el triunfo, la derrota o la desgracia. En la radio, cada domingo, le escuchaba en la SER, con su original programa Acento Robinson. Las historias que relataba y los personajes a los que daba voz eran absolutamente alucinantes. Al acabar el espacio radiofónico, te hacía pensar: ¿pero qué estoy haciendo yo, qué vida llevo? Al día siguiente, lunes, volvías a la rutina habitual, olvidado ya todo lo que habías oído a Robinson e invitados. Si querías tener en cuenta su fórmula de vivir, Michael era toda una bocanada de hacerlo con el comportamiento adecuado, sin pisar ni, mucho menos, aplastar a nadie. Ser una estrella dentro del periodismo es una jungla en la que muchos de los que te adulan anhelan al tiempo tu silla de presentador. Para cualquier estudiante de periodismo, máxime si la especialidad preferida a la que quieres dedicarte es el deporte, situarte ante el espejo en que mirarte que era Michael Robinson, suponía no tener que hablar necesariamente de ética, pero nunca dejarla de lado en cada paso profesional por dar. Eso, y el compañerismo. Mucho ha cambiado la información y la manera de comunicar también en este maldito nuevo siglo. Vale que estén las fake y los bulos, pero los periodistas debemos reflexionar, y mucho, sobre informar y contar las cosas con la verdad por delante y por detrás. El ex jugador del Liverpool y Osasuna, luego tan televisivo y radiofónico, trabajó y murió encandilando a los mismos millones de seguidores que le tenían como auténtico ejemplo. No intentemos decir algo mejor, porque no lo hay. Pertenezco a una generación en la que se nos insistía en los referentes humanos. Nunca debíamos perder de vista a aquellas personas que simplemente hacían lo correcto, sin buscar mayor recompensa que lograr, mediante su labor o trabajo, un beneficio general que pudiera ser útil a los demás. Robinson, que hubiera sido un buen filósofo si no lo era ya, se mojó en todo aquello que la humanidad hacemos rematadamente mal. Hacia la naturaleza, entre nosotros con las guerras, el hambre, sus causas y los causantes. Allá donde había una historia de humanidad que contar, estaba él para darla a conocer. Será siempre un referente de este mundo que necesita tantos Robinsons, porque mi temor y el de muchos es que no se ven, tan sepultados como estamos por el egoísmo imperante, que no hace distingos entre ejercerlo Gobiernos, sociedades o particulares. Por eso su legado, el de Michael Robinson, es él en sí mismo por la magnífica persona que siempre fue. Solo por ello, me muestro seguro de que nunca dejará de ser citado.

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