jueves. 18.04.2024

Lecciones climáticas (que no atenderemos) del verano de 2023

Nos quejamos del asfixiante calor nunca antes conocido de manera tan extrema, al tiempo que desconocemos y no queremos saber de las causas que provocan este vertiginoso aumento de las temperaturas en todo el mundo. Cambio climático se llama, pero no todo el mundo lo acepta, ni siquiera los Gobiernos, divididos en valoraciones. Si los que mandan no lo reconocen abiertamente, es lógico que los ciudadanos no tengan conciencia alguna sobre el calentamiento global, aún peor, los niños que no son educados al respecto, algo primordial de cara al caluroso futuro que nos aguarda. 

El arreglo climático no tiene solución. Resulta muy tajante decirlo así, pero tan drástica afirmación tiene sentido. Por tan solo un convencido del problema, que actúa como es debido, hay miles y miles de contaminadores gratuitos que lo hacen sin conciencia alguna, que no tienen ahora, pero que tampoco tendrán el día de mañana. Ante este hecho, los Gobiernos, que debieran ser los auténticos impulsores de esta sensibilización, o bien se ponen de perfil, sin asustar a la población votante, o bien esperan a ver que hacen al respecto las grandes potencias del mundo, como Estados Unidos, China o Rusia, lo que supone perder el tiempo, porque ninguna de ellas contrapone a su potente industria las necesarias cortapisas medioambientales que generen el necesario equilibrio entre consumir y salvaguardar el planeta de tanta contaminación, basuras, plásticos y agresiones directas a un ecosistema que abarca territorios, mares, fauna y flora, que se van perdiendo irremediablemente. 

La crisis del cambio climático recuerda al conocido cuento para niños titulado ¡Que viene el lobo! El pastor bromeó tanto con la llegada del salvaje animal, que cuando de verdad apareció ya nadie le creyó, aunque la tragedia estaba servida. El calentamiento global lleva el mismo camino. La prueba la tenemos en este verano de 2023, y España es uno de los países peor parados en cuanto a las altísimas temperaturas, a las que nunca antes habíamos llegado, junto a una sequía que cada vez amenaza más con ser un hecho permanente dentro de nuestras vidas. La reacción de la población ante estos acontecimientos es nula. Nada preocupa a nadie, salvo las vacaciones, los desplazamientos, abarrotar las playas, y llenar las carreteras con miles de coches que van de acá para allá. Al final del verano, nos limitaremos a contar dónde lo hemos pasado, y lo extremadamente caluroso, con demasiadas ocasiones repetidas de no poder andar por la calle para quedarse a mejor resguardo del destellante sol.

“Nada preocupa, salvo las vacaciones, al final del verano nos limitaremos a contar lo extremadamente caluroso, de no poder andar por la calle”

La Rambla, en Córdoba, ostenta el máximo histórico nacional de calor, con una temperatura de 47,6º. Pero cuando se haga balance de las temperaturas de este 2023, nos encontraremos con que superar los cuarenta grados ha sido tónica normal en demasiados puntos de la península. No sé hasta qué punto consuela saber que aún no rozamos casos como los del Valle de la Muerte de California, en donde en 2020 se registraron 54,4º, o los calores en Pakistán (53,7º), Arabia Saudí (52) o Catar (50,4). 

Sin necesidad de comparar datos de lo que ocurre en diferentes puntos de la tierra, por lo pronto, el mes de julio de 2023 ha sido ya bautizado como el más caluroso a nivel global desde que se tienen registros meteorológicos. El hecho es en sí muy preocupante, al menos para el trabajo conjunto que llevan a cabo el Servicio de Cambio Climático de Copernicus (Comisión Europea-Agencia Espacial Europea) y la Organización Meteorológica Mundial.

El gran fracaso de las cumbres mundiales sobre el clima ha sido no saber o no querer transmitir al mundo entero todo lo que está en juego, empezando por nuestra propia subsistencia. Van sucediendo las cosas, los malos augurios, pero sigue sin haber compromisos verdaderos para invertir la contaminación que daña al planeta, en especial atmósfera y mares. Por si fuera poco, la división es casi total entre países y dirigentes acerca del calentamiento global. Hay momentos en que se hace fuerte la teoría de que todos los acontecimientos climáticos que se dan forman parte de la misma historia y comportamiento cíclico del planeta. En la medida de que Estados Unidos, China y Rusia no ayudan, el inmovilismo, la pérdida de tiempo y seguir como siempre es lo que hay. 

Si se ha dado este reconocimiento de un julio de 2023 igual de malo y caluroso en todo el mundo, ¿por qué no se aprovecha el hecho para dictar medidas internacionales de calado?. Habría que empezar por impartir en cada rincón geográfico una misma educación sobre la protección del planeta y la explotación de sus recursos. Solo así, no de la noche a la mañana precisamente, se ira logrando una mentalización que ahora no existe sobre el cambio climático. Educándonos sobre el problema tendremos posibilidades de afrontarlo con ciertas posibilidades de éxito. Lo peor es el ahora. No pensar en ello. No hablar de ello. No valorar en absoluto la posibilidad de la llegada de desastres naturales de una increíble magnitud. Suma y sigue. 

“Deberíamos empezar por los deberes individuales de no contaminar, desperdicios justos, reciclar, reutilizar y no tolerar los excesos de nadie”

Los ciudadanos debemos conocer, y los Gobiernos, empezando por el de España, transmitir que en los últimos años no paran de subir las temperaturas tanto en la tierra como en los mares. Ósea, que el calentamiento es ya contante, debido a que no cejan las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera. De todo ello, hay una clara conclusión: “Este calentamiento a largo plazo continuará y se seguirán batiendo récords de temperatura” (Organización Meteorológica Mundial). El secretario general de este organismo no puede ser más rotundo a la hora de manifestar que “el tiempo extremo que ha afectado a muchos millones de personas en julio es, por desgracia, la cruda realidad del cambio climático y un anticipo del futuro”. Aunque queramos vivir al margen de lo que ya ha llegado, que es lo que hacemos la mayoría, está claro que en adelante no va a ser posible. Todos deberíamos empezar por hacer los deberes individuales que nos corresponden: No contaminar, producir los desperdicios justos, reciclar siempre, reutilizar cuanto más mejor, consumir agua y energías con cabeza. Y, por último, no tolerar los excesos en el maltrato al planeta, de nadie, se trate de Gobiernos, Administraciones, empresas o particulares. 

 

Lecciones climáticas (que no atenderemos) del verano de 2023
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