domingo. 14.04.2024

La endiablada relación jóvenes y juego al considerarlo su ocio

Hay que tenerle un profundo respeto a la adicción al juego para hablar de ello, de sus consecuencias para quien lo padece y las personas que le rodean. Creo que el problema se relativiza en España. Es evidente que no interesa hablar mucho de ello, porque perjudica al negocio. Sin embargo, coexisten determinadas evidencias, muy desmoralizantes, sobre jóvenes y apuestas. Las consideran parte de su ocio particular, a través del móvil. Y, por otra parte, se hace costumbre lo de asistir o ver por televisión un evento deportivo, lo que conlleva al tiempo jugarse el dinero dentro de un amplio abanico de opciones por las que apostar.

Con el terrible problema de la adicción de jóvenes y mayores al juego hay que estar siempre en modo prevención, es decir, alertas, porque con el tipo de sociedad que vamos forjando, predomina pensar a todas horas en buscar golpes de suerte, de ahí lo de abrazarse más a los juegos de azar, que a lo que tiene la constancia de un trabajo e irse construyendo un futuro.

Los silencios nunca son buenos. Mucho menos callar, cuando se trata de la incorporación cada vez más temprana de los jóvenes al juego, especialmente con Internet como acceso libre y directo. La falta de noticias al respecto puede venir de la circunstancia de que el problema se está conteniendo, pero también del hecho de que las grandes multinacionales que controlan el juego dedican mucha inversión al marketing y la publicidad para extender la idea de su máxima colaboración respecto a que las familias no sufran ni se angustien por contar con algún miembro enganchado a las apuestas.

España es un país donde jugar semanalmente a la lotería, quiniela, bonoloto, primitiva o el cupón va más allá de la tradición para convertirse en devoción. La costumbre se hereda de padres a hijos. Lo hace el 70 % de la población, y aunque el Ministerio de Sanidad maneja sus estudios, es difícil calcular la cantidad de usuarios que se ha sumado a este tipo de apuestas a través del móvil. Por cierto, el citado ministerio incrementa en un 36% la compra de las denominadas loterías instantáneas, más conocidas por el público como rascas. En cambio, ofrece sensibles descensos en lo de utilizar salas de juego, casinos, bingos, máquinas recreativas o apuestas deportivas. Cuesta creerlo, la verdad.

Sanidad maneja estudios, y ofrece descensos en lo de utilizar salas de juego,  máquinas recreativas o apuestas deportivas. Cuesta creerlo

En los últimos años, las salas de juegos han crecido como setas en todas las ciudades. De por sí, esto ya es un mal dato, unido a las reiteradas denuncias de padres por los lugares concretos donde se abrían estos locales, en muchos casos cercanos a colegios e institutos. Es cierto que las administraciones, concretamente los ayuntamientos, se han hecho eco de estas protestas, pero aún hay mucha asignatura pendiente en cuanto al reforzamiento de regulaciones, en especial esta de las zonas de una ciudad donde se deberían instalar este tipo de negocios.

El ruido es perjudicial para el negocio del juego. Al igual que resulta endiablado que una parte importante de la juventud entienda como forma de  ocio el juego online. Cuando llegan los problemas, esencialmente la ruina económica, en muchos casos ya es demasiado tarde para reconducir la situación. En un país con un porcentaje de población tan alto vinculado estrechamente a los juegos de azar tradicionales (la lotería de Navidad se pone a la venta en verano), resulta muy difícil enumerar antídotos naturales, como pueda ser la educación y la propia familia. Desgraciadamente, en esto hay también un alto componente de suerte, en el sentido de que tus hijos sean verdaderamente responsables con lo que juegan, cada cuánto y en qué medida económica.

Los derroteros por los que se encamina la sociedad actual (ley del mínimo esfuerzo para acometer lo que sea) no es tampoco buena señal que digamos para reencauzar tan nocivo asunto. Aunque hay algo mucho más decisivo: si no se reconoce el problema, como parece suceder aquí, aún tendremos que vivir muchos episodios en los que aumentarán los datos sobre vidas de personas y familias enteras destrozadas. Habría que partir de un consenso entre todas las partes, relativo a no poner las cosas fáciles a la infancia y juventud para que puedan llevar a cabo con su móvil cualquier tipo de apuesta. Hablando de esto último, España se ha abonado a una nueva costumbre donde se pude apostar, en lo deportivo, a casi todo. Si tenemos en cuenta la afición y el interés existente en materia deportiva, más si cabe la juventud con sus equipos, ya no solo basta ver en directo o por televisión a equipos y jugadores, ahora también está de por medio la apuesta correspondiente a través del móvil. Estas nuevas costumbres se suman a las ya existentes, como la mencionada del 70% de españoles que juega cada semana a las diferentes loterías.

Ya no solo basta ver a equipos y jugadores, ahora también está de por medio la apuesta correspondiente a través del móvil

Administrar la prudencia en todo lo que acometemos en nuestras vidas no tiene precio. No les quiero contar cuando se trata de juego, jugar, apuestas, ganar, perderlo todo o dar el pelotazo, expresión esta última demasiado extendida dentro de la economía en general.  “Juega, porque si te toca, dejarás de preocuparte por todo”. Es el run run que hemos oído siempre, con el que nos hemos criado unos, y que, por supuesto, se repite entre nuestros jóvenes, portadores de esos móviles tan inteligentes como perniciosos. Entre pasado y presente, he aquí la gran diferencia tecnológica.

 

 

 

La endiablada relación jóvenes y juego al considerarlo su ocio
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