jueves. 18.04.2024

El clima y otros problemas, pero nada que enseñar en la escuela

Ya que los mayores somos incapaces de ponernos de acuerdo en lo básico, ni reencauzar nada, deberíamos depositar nuestra confianza en que nuestros jóvenes reciban la mejor y más útil educación. Los Gobiernos ponen un interés extremo en intervenir en los planes de estudios, de los que desaparecen libros, lectura, ética, valores, esfuerzo, compromiso e involucración. Así, resulta imposible que desde la misma escuela exista una respuesta crítica hacia los graves problemas que nos acechan, por igual a todos. Desde la crisis climática, a plantarse frente a guerras o decisiones que alteran la convivencia democrática, por resultar injustas.

Pasma la quietud y el inmovilismo con el que los países afrontan hoy sus peores fantasmas, sea el cambio climático, sea la migración o sea mantener sanas sus democracias, sin aprobar leyes que chocan frontalmente con derechos, y que últimamente abundan en exceso. Dentro de poco se aprobará en España una amnistía, totalmente inmerecida, para todos y cada uno de sus beneficiarios. Vivimos como si todo lo que pasa a nuestro alrededor fuera intrascendente, sin movilización alguna, y, por supuesto, añoro mis años de estudiante en la universidad, donde los alumnos siempre teníamos algo que decir y protestar al respecto de esas decisiones estrafalarias que siempre se dicen tomar en nombre de nuestro país y los que lo componemos.

A cuento de lo anterior, leo un artículo sobre la crisis y el coste de la vida, y me topo en su interior con esta conclusión que bien refleja el momento actual: “Todo es terrible, pero yo estoy bien”. Es lo que hay. Una falta de compromiso total, en especial educativo, sin ir más lejos con explicar claramente las consecuencias del cambio climático, y también el negacionismo creciente en torno a este asunto tan esencial para la humanidad.

Como quiera que mi confianza en los mayores está en caída libre, es por lo que pido paso a lo que siempre nos ha resultado mejor para dilucidar tantas cuestiones en el tiempo. Es la educación. Trasladar el conocimiento para potenciar conciencias libres y críticas. La escuela lo debería hacer con el feo panorama medioambiental en que estamos inmersos, lo que la mayoría conocen como cambio climático, del que pasamos, de ahí que el negacionismo de la realidad va ganando enteros y de qué manera. Donald Trump, el mayor y peor negacionista, se debe estar frotando las manos. Aunque a la crisis del clima hay que sumar otros tantos problemas, que igualmente tienen el cartel de trascendentes. Guerras, migración, mantenimiento precisamente del sistema educativo, también el sanitario, y el aumento de la pobreza y la desigualdad, que están creciendo de una manera terrible. Las aulas nunca deben ser ajenas a estas realidades.

Como quiera que mi confianza en los mayores está en caída libre, es por lo que pido paso a lo que siempre nos ha resultado mejor, la educación

La pésima política educativa tiene hoy a la escuela atada de pies y manos. Se educa peor en todo, empezando porque no se le da valor y apoyo a los libros, que son los que contienen el auténtico saber. Cuando mis alumnos de periodismo me preguntaban por la regla para escribir bien, la respuesta no podía ser más escueta: leer. Si a esto le añadimos que hoy debe ser todo políticamente correcto, y que cada vez hay más temerosos de hablar en voz alta y no digamos escribir, pues abundan las cabezas agachadas.

Dudo que nada tenga solución si no abordamos en serio la importancia de mantener la educación al margen de los intereses políticos, y de los Gobiernos que varían los planes de estudios en base a ideologías concretas. Es inaceptable que no exista un consenso sobre enseñar con libros, y señalar con el dedo los valores fundamentales para sobrellevar lo mejor posible nuestra existencia en la Tierra. Empezando por respetarla, y aquí regreso al cambio climático para unos, y el nada le pasa al planeta para otros. Siguiendo por el respeto a nuestros mayores y de igual manera hacia las personas con las que convivimos, porque, además de muy peligroso, es demencial ese nuevo y expandido pensamiento de que todo pinta fatal, pero yo voy bien.

Es mentira. No estamos bien. Nos ha dado por ocultar nuestros auténticos sentimientos, la rabia que llevamos dentro, y no decimos nada al respecto. Hay ocasiones en que leo o escucho rotundidades sobre que nos vamos a extinguir o estamos inmersos en una decadencia que no hace otra cosa que engordar. Solo la educación nos pude hacer regresar a la senda de una mejor convivencia. Y desde ahí abordar nuestros problemas más urgentes, con conciencia, sabiduría y entendimiento general. Si hoy abordo en especial el calentamiento global es porque asistimos impasibles, sin decisiones urgentes, a lo mucho y malo que ha cambiado el clima, y las consecuencias cada vez más visibles en forma de sequías, inundaciones, huracanes y deshielos. Niños y jóvenes no están concienciados al respecto, porque no lo estamos los mayores, que no tomamos parte, y también nos negamos a hablar y abordar esta causa de manera tajante.

Es inaceptable no enseñar con libros, y señalar valores fundamentales para sobrellevar lo mejor posible nuestra existencia en la Tierra

Resulta que el cambio de poder en muchas regiones y ciudades españolas, ha llevado aparejado políticas distintas en cuanto a la sostenibilidad de las ciudades, y lo que han venido siendo cambios en la movilidad, con preferencia a los peatones sobre los coches, y el impulso a los transportes públicos. Si unas corporaciones locales ven y abordan las consecuencias del cambio climático, y otras aplican negacionismo al hecho, el avance es cero. Como quiera que en España ya no hay políticas de Estado, porque cada cual va por un camino diferente, volvemos a tener en la educación ese pilar esencial para no perderse en discusiones que no van a ninguna parte. Hay cuestiones en las que no nos podemos permitir diferencias tan grandes de opinión. Derechas e izquierdas, ¿cómo no van a estar de acuerdo en la necesidad de enseñar ética y valores en la escuela? Pues así es, no están de acuerdo y, además, en nada. Todos los demás, vamos apañados, aunque nadie nos impide reaccionar.

 

El clima y otros problemas, pero nada que enseñar en la escuela
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