miércoles 23/6/21

Si los centros de salud piden hacer test preventivos, por algo será

Reflexiones desde casa. Día 28.

Lo primero que hago cada día es mirar la cifra de muertos, contagiados y recuperados. Me interesa evidentemente lo que sucede en cualquier punto de España, no solo en Cantabria. Tras ver tan altos números, pienso al instante en nuestros sanitarios, en cómo estarán. También tengo la imagen fijada en los mayores, por lo inmerecido de cómo se van de este mundo. Pido por ellos. Doy gracias por lo que están haciendo los sanitarios en general. No obstante, me oriento porque nos involucremos más allá de los aplausos, y exijamos a gobiernos, ministerios y consejerías sanitarias que extremen los cuidados con ellos y ellas, empezando por hacerles los test preventivos del coronavirus que solicitan en los centros de salud. Al tiempo que apoyo esta justísima petición, debiera ser considerada como la más social y solidaria entre las que conocemos en estos tristes días. Refuerza mi propuesta el dato de que ya hay más de 24.000 profesionales de la sanidad contagiados por el maldito Covid. Es una cifra muy elevada. En todo caso, que el motivo no sea obviar la propia recomendación de los colegios profesionales, de hacer test masivos a la primera línea de contención de la pandemia, en la que van de la mano médicos, enfermería, personal sanitario, farmacéuticos, policías y Ejército, transportistas o trabajadores de supermercados y limpieza, entre otros (perdón si me olvido de alguien). Tras un mes de confinamiento obligado, en espera del famoso pico o curva del coronavirus, nuestros sanitarios están reventados, pero ahí siguen, sabiendo que se juegan literalmente la vida para que los demás la mantengamos. En este dramático contexto, qué hacemos nosotros por ellos, y no me venga nadie con que eso es cosa del Gobierno. A fin de cuentas, todos somos ciudadanos y debemos exigir los medios que necesiten, lo que pidan, lo que sugieran, que se les dejen descansar en condiciones, que se les supla organizadamente y - su mayor preocupación ahora - que pasen por el test ellos, sus familias, y aquella población que consideren en los centros de salud como posible cadena de transmisión del virus. Déjenme que les añada, por si aún no son conocedores, que ya han muerto en España once médicos, una enfermera y una auxiliar. Miraron de frente a la pandemia, en su puestos. Eran muy conscientes de lo que hacían, de lo que se jugaban. Aún así, no lo pensaron dos veces. Es su profesión, su vida, su compromiso profesional y ético, aunque se me caen las lágrimas cuando leo las historias personales de cada uno y de cada una. El nudo en la garganta impide palabras y pensamientos claros, salvo recordarles siempre como se merecen. Se han ido en todas las edades. Les quedaba mucha vida por delante. Como a la doctora Sara Bravo, con 28 años, solo 28 años. Tuvo tiempo de escribir: “Mamá, tengo miedo de morirme”. No. No quiero volver a tener que repetir algo así, jamás. Si quiero ser informado a través de los medios, por el propio colectivo sanitario, de que se hace todo lo debido, disponen de lo preciso, se hacen test a trisca y cuentan con las mayores garantías para su propia integridad física. Entonces y solo entonces, nos percataremos de que uno de los cambios futuros que se avecinan es olvidar esa frase hecha de no hacer caso ni al médico.
 

Si los centros de salud piden hacer test preventivos, por algo será
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